Huele a silenciosa rebelión en el PP

Silencio pavoroso en el Comité Ejecutivo Nacional del PP. Silencio en la noche, todo está en calma, el musculo duerme, la ambición descansa. Ni un gato se mueve o se oye en el Comité mientras Rajoy pide ‘serenidad’ porque los ve a todos muy inquietos. Y eso le inquieta a él porque ya se acercan los ‘idus de marzo’ de la investidura de Pedro Sánchez y, pase lo que pase en esa cita donde al día de hoy Sánchez tiene las de perder, Mariano sabe o teme que pronto le llegará a él la hora de la verdad.

Rajoy no consigue que nadie se atreva a negociar con él un pacto para la investidura y teme que Sánchez logre 137 votos a favor si le apoyan Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria. Y en ese caso y, en contra de lo que pregona, no se podrá presentar a la investidura para quedarse en los 123 escaños de su propio partido.

Rajoy está solo y teme que alguno de los suyos se le acerque y le clave, como Bruto a Cesar, un puñal y que otros barones del PP le sigan hasta que caiga desplomado. Ya le dijo una vez Juan Vicente Herrera aquello de ‘mírate al espejo’, tras la derrota electoral regional y municipal de finales de mayo de 2015, y Aznar añadió: ‘debe reflexionar’. Eran dos mensajes taimados y cifrados para que Rajoy iniciase su retirada de la presidencia del PP y del cartel electoral. Pero él como quien oye llover.

Rajoy quiere ver pasar el cadáver de Pedro Sánchez, con 90 o 137 de los escaños en su investidura por delante de la puerta de la Moncloa, y digan lo que digan Ciudadanos y el PSOE porque les faltan mas de 40 escaños y no los encontrarán porque en contra de ese pacto votarán Podemos y el PP.

El escenario, en el mejor de los casos de los 137 escaños, sería en todo caso malo para el PP porque Rajoy de presentarse a la investidura solo tiene 123 y se llevaría una bronca monumental en el Congreso. De ahí que, a partir del 5 de marzo día de la segunda votación, empiezen los ‘idus’ de Rajoy porque no puede mejorar la marca de Sánchez, ni tiene con quien pactar.

Y lo que es peor en su partido huele a conspiración generalizada y a que un día de estos los presidentes regionales de Madrid, Galicia, Castilla León, Andalucía, Extremadura y algunas otras Comunidades, le digan de una vez por todas: ‘Mariano déjalo y márchate a descansar’.

De hecho eso es lo que pensaban muchos de los presentes en el Comité Ejecutivo Nacional del PP en medio del silencio pavoroso bajo el que se esconde una rebelión en ciernes que ha de llegar en marzo. Porque si Sánchez se estrella en la investidura será necesario que Rajoy se vaya para ver si, en ausencia de Pedro y Mariano, se puede configurar cierto pacto de gobierno a tres entre PP, PSOE y C’s, con un independiente o con otros dirigentes.

Pero para que eso ocurra tiene que llegar el día ‘D’ de la investidura de Sánchez y la segunda votación por mayoría simple. Y a partir de ahí y en contra de lo que piensa empezarán los problemas para Rajoy. Pero Mariano todavía ha tenido el valor o el descaro de decir a los suyos en el Comité que no deben abordar con histerismo las denuncias de casos de corrupción del PP. Les pide serenidad, pero sus dirigentes no están histéricos por la corrupción del PP sino por el inmovilismo y el amparo que Rajoy ofrece como respuesta a la corrupción.

Pero ¿porqué se ha blindado a Rita Barbera en el Senado? O ¿porqué se ocultó y no se explicó la dimisión de Ignacio González de la secretaría general del PP de Madrid? ¿Porqué el PP no abre sus investigaciones y no se persona en los tribunales contra ‘sus’ corruptos de los que dicen que se sienten abochornados y a los que acusan de hacer daño al PP?

Rajoy sigue dándole vueltas de campana a su reloj de arena para que no se le acabe el tiempo y continua huyendo de la realidad y también de la verdad. Ha roto el espejo para no verse reflejado en él y vive con la ansiedad de ver el día 5 el fracaso de Sánchez, porque si el jefe del PSOE supera la pruebas es porque habrá pactado con Podemos y esa, en su opinión, sería otra buena noticia para él.

Pero ni lo uno ni lo otro van a salvar a Rajoy, porque su final ya estaba escrito en la silenciosas miradas del Comité Ejecutivo Nacional.