Pablo Iglesias, aprendiz de Maquiavelo

Cualquiera diría que el primer objetivo político de Pablo Iglesias es alcanzar una vicepresidencia repleta de poderes políticos y policiales para convertir a Pedro Sánchez, su pretendido presidente, en su rehén y juguete favorito a lo largo de la legislatura para luego derribarlo en el momento que lo convenga y así acceder al ‘Principado’, siguiendo las enseñanzas de Maquiavelo. Pero ahí cabe el riesgo de que Sánchez se consolide en el poder y que desde esa posición elimine a su adversario interior. De ahí que existan otras maneras más seguras para llegar al ‘Principado’. ¿Cómo? Ya lo verán.

Si lo que Pablo Iglesias pretende es liquidar a Sánchez lo hará con una oferta negociadora imposible de aceptar por el PSOE para que Pedro se estrelle en la investidura. Mientras Iglesias se dedica al que puede ser su principal y prioritario objetivo: la caza de Izquierda Unida con sus 920.000 votantes que le pueden garantizar a Podemos el liderazgo de la izquierda e incluso la posibilidad de ser la verdadera alternativa al Partido Popular.

Y si Rajoy permanece al frente del PP pues mejor para Iglesias porque ambos dos se retroalimentan con sus discursos respectivos del miedo al lobo negro de Podemos y de la denuncia de la derechona corrupta y antisocial. Rajoy en un regalo para Podemos e Iglesias lo es para el PP.

De ahí la furia que Podemos desata contra Albert Rivera al que tildan de ser un agente de FAES, la máscara amable y juvenil de la derecha.

Mientras que a Sánchez en Podemos lo considera un pardillo que está a punto de naufragar arrastrando en su caída, al estilo del PASOK, lo que queda del PSOE. Y a ser posible, con la ‘vieja guardia’ del felipismo a bordo del viejo galeón que fundó otro Pablo Iglesias.

Y si en el desastre del PSOE se llevan de por delante a Javier Solana, el ex secretario general de la OTAN que lanzó la guerra de los Balcanes con sus ‘daños colaterales’ incluidos y que recibió el Toisón de Oro del Rey Juan Carlos I, pues mejor que mejor. Porque este personaje al que el sabio desaparecido Julio Cerón bautizó como ‘Fabiolillo de Bruselas’ puede que se merezca un final adecuado para su alta dosis de soberbia.

O sea, estamos en tiempo de cábalas y apuestas variadas relativas a los pactos en la recta final de esta alborotada carrera en la que el favorito ‘oficial y caballero’ del rey Felipe VI es Pedro Sánchez. Al que algunos dan como caballo ganador y otros como el gran perdedor de la porfía si se hunde en los últimos metros y segunda votación del día 5 de marzo, ante la Tribuna Preferente del Hipódromo de la Zarzuela.

Pero si se lo acaba de decir Anguita a Iglesias y a Garzón, después de llamar imbéciles o gilipollas a casi todos los demás: que su sueño era hacer lo que ha hecho Podemos, comenzar el acoso y derribo del PSOE. Entonces ¿para qué va a entronizar o permitir Pablo Iglesias que Pedro Sánchez llegue a la Moncloa y saque de la pista a Mariano Rajoy, que es una bendición que sirve con sus malos olores para tapar los errores primerizos de Podemos y para catapultarlos hacia la primera línea de la izquierda, incluso al primer puesto del ranking nacional de partidos?

Juguemos con los números. Si Sánchez se estrella en la investidura y se queda con solo 90 escaños, el PSOE puede perder 600.000 votos que se repartirían entre Ciudadanos (200.000) y Podemos (400.000). Si Rajoy sigue subido al burro del PP mientras le estalla por doquier y en los juzgados su bonita colección de casos de corrupción, el PP también va a sufrir una pérdida de votos, pongamos que 700.000, de los cuales unos 100.000 se irán aburridos a la abstención y 600.000 a Ciudadanos.

Así las cosas si el PP pierde 700.000 votos de los 7.200.000 que obtuvo el 20-D se quedará en 6.500.000 votos. Mientras Podemos que tenía en el 20-D 5.190.000 votos, sumaría 400.000 del PSOE y 920.000 de IU y al final Podemos llegaría a los 6.510.000 votos, frente al PP de Rajoy con 6.500.000. Y el PSOE de Sánchez PSOE con 4.800.000 y Ciudadanos de Rivera con otros 4.800.000. O sea empate en el primer puesto entre PP y Podemos y en el tercero entre PSOE y Ciudadanos. Maquiavelo no habría encontrado una maquinación más segura y mejor.

Y ¿no les parece semejante simulación del resultado electoral en el supuesto de nuevas elecciones, lo suficientemente atractiva para que Iglesias y Rivera quieran romper la baraja de la investidura de Pedro Sánchez? ¡Claro que hay otras alternativas!, y puede que incluso más lógicas que la presente. Pero está incluye una lógica infernal en línea con el deterioro creciente del bipartidismo de la transición. Esa es la tendencia y el tiempo lo dirá. Mientras tanto paciencia y barajar.