El Chino González en el Año del Mono

El pasado 8 de febrero se inicio el Año del Mono en China, y en Madrid se hicieron cabalgatas con dragones de papel, fuegos de artificio y otras fiestas y comilonas propias de esa efeméride entre la comunidad china que habita la capital de España, que ya son legión e inundan las calles y plazas de muchos barrios madrileños con sus populares bazares, bares y restaurantes.

Y como en botica con mafias y clanes, como las del inefable Gao Ping, en cuya red de tiendas dice Pepe Oneto que se viste la jefa de prensa de Rajoy, Carmen Martínez Castro, convertida ahora, al igual que Viri, la esposa de don Mariano, en la única confidente del aún presidente en funciones del Gobierno porque Rajoy no se fía de nadie. Y menos aún de Cospedal o Soraya, porque una lo quiere matar y la otra lo quiere sustituir.

A Gao Ping lo trincó la policía y lo mismo acaba de ocurrir con los jefes del primer banco chino mundial con sede en Madrid, el ICBC, que al parecer más que un taller de ropa clandestino, al estilo de Gomorra, era una máquina de lavar billetes en grandes cantidades. Los chinos están de moda porque amenazan al mundo con otra recesión y están desplegando misiles en islas del Pacífico aún no sabemos contra quién.

Pero mire usted por dónde en España tenemos a un chino famoso que es el expresidente de la Comunidad de Madrid y hasta hace muy poco secretario general del PP madrileño, Ignacio González, conocido como el chino de la coleta blanca y al que el sumario de la trama Púnica de la corrupción apunta como beneficiario de operaciones ilícitas por parte del Canal de Isabel II para mejorar su imagen, una tarea imposible de lograr.

El Canal, una empresa pública madrileña que el chino Glez. presidió y donde tenía colocada a su banda particular de amigotes de cualquier pelaje, incluido el tal Alfonso de Miguel, que huyó del Canal cuando se detectó la operación ‘tren de Navalcarnero’, que por ahí sigue bloqueado y se suma a otros asuntos paralelos como el pretendido aeropuerto privado del Álamo, operación Chamartín (ojo al ratoncito Pedro Pérez y constructora San José), los contratos públicos de la CAM de los años de las presidencias de Aguirre y González entre otras cosas más.

Pero ahora estamos en el año del mono chino, del Chino González, o Chino Glez. que diría Paco Umbral. El que hace pocas semanas hizo mutis por el foro dimitiendo en secreto -lo ocultó Esperanza Aguirre- de la secretaría general del PP de Madrid. Dimisión a la que un poco más tarde se sumó la de Aguirre, nuestra Condesa de Bombay, con el argumento de que ella asumía, cual británica que es, la responsabilidad de que su exvicepresidente Granados esté en la cárcel. Pero desde el mes de octubre de 2014, fecha en la que debió dimitir Aguirre si fuera tan británica como presume.

Pero no ¡oh casualidad! Dimitió Aguirre solo hace unos pocos días y en coincidencia con la sigilosa dimisión del Chino Glez. porque los dos sabían, alertados por policías y fiscales amigos, que en el sumario de la trama Púnica estaba a punto de saltar la trama del Canal de Isabel II -que tiene terminales en Colombia ¿se acuerdan del viaje a Bogotá del Chino Glez. con las misteriosas bolsas blancas?-, y donde hay mucha tela que cortar y bastantes pozos negros por destapar y limpiar.

La Condesa y el Chino sabían lo que se les venía encima y se dieron el piro. Pero la reala de la prensa, la UCO y los fiscales están en marcha y pronto volveremos a ver a estos dos artistas en la Asamblea de Madrid o ante un juez. Porque desde que la UCO le pilló a Granados su bonita agenda Moleskine, el Chino y la Condesa no pueden dormir.

Y no digamos si a ese pájaro pinto (de Pinto a Valdemoro) de Javier López Madrid la pasma le ha cazado llenos los ordenadores, porque el tal López Madrid, era otro amigo íntimo del Chino Glez. Incluso más amigo que Paco Granados. Hasta el punto que el Chino Glez. colocó a López Madrid de Consejero de Bankia donde preso de patas está en el pastel de los presuntos delitos del Consejo de Administración y de las tarjetas black, con 58.000 € del ala en gastos propios, imaginamos que para visitar en París a la médico de los niños y del pretendido acoso sexual del que tanto sabe el comisario Villarejo, por cierto muy amigo del Chino Glez. al que grabó conversaciones solo por amistad.

Y a ver si va enterándose de todo esto el cantamañanas de Josep Piqué en OHL. Y de lo de Bárcenas y Lapuerta (gran amigo del ‘patrón’), las Púnicas, lo del hospital de Palma, las escuchas en México lindo, el tren de Navalcarnero, la Corinna, la Zaganev, el porqué del marquesado, los acosos de López Madrid, lo de Bankia, la torre por construir y la torre por vender, lo del hotel parado en la calle de Alcalá, el AVE de la ceca a la Meca, lo del Real Madrid, etc. Eso sí, menudas tragaderas y sueldazo tiene este empresario catalán de Josep Piqué, que aguanta carros y carretas para ver si algún día se sienta en el sillón de su ‘patrón’ el señor marqués.

El Chino Glez. está asustado porque van a por él, y la condesa también porque en su particular charca de ranas no solo había dos sino cerca de cien, vista la lista e imputados en Madrid, y en ella croaba al atardecer el sapo cancionero de la charca que no era un príncipe encantado sino y como pronto se verá: el Chino Glez.