No se puede dialogar con el demonio

Lo ha dicho el Papa Francisco en México: ‘no se puede dialogar con el demonio porque siempre te gana’. Es decir, que Pedro Sánchez no debe caer en la tentación de sentarse a negociar con Iglesias un Gobierno de coalición que, a la vista de lo expuesto por el líder de Podemos, está lejos de ser algo serio sino solamente un provocación para culpar al PSOE de la ruptura.

Iglesias, como en la canción de Sabina y Serrat, lleva el compás con el rabo endiablado mientras se baila un rap en el que canta: ‘quiero todo para mí/ la vicepresidencia con presencia/ el BOE, el CIS y el CNI’. Y la luna y un ministerio plurinacional con 17 referéndum para cada una de ellas porque ‘coleta morada’ no cree en la soberanía nacional, sino en los taifas que sucedieron al califato de Abdelramán.

Iglesias en un tipo listo, simpático, con carisma y una armadura virtual que le hace inmune a cualquier disparate que proponga o que diga. Da igual porque los suyos se lo perdonan todo y porque al otro lado de la cancha se vislumbra un enorme basurero de corrupción e intrigas de poder.

En realidad Iglesias es nuevo en esta plaza de la política nacional, está algo verde y debe entender que hay cosas por las que los españoles no están dispuestos a pasar ni siquiera como broma, y la unidad nacional es una de ellas. Y puede que incluso Iglesias así lo piense pero él está a su vez pillado por los nacionalistas de En Comú, que en Cataluña juegan con facilidad y temeridad con la independencia sobre la que Ada Colau tampoco se atreve a decir sí o no para no perder votos. Se limita a decir ‘depende’.

Naturalmente Iglesias está en su derecho de poner sus condiciones para pactar con el PSOE y para decir y proponer lo que quiera pero visto lo de ayer todo apunta a que no entiende la realidad española. O solo busca el poder acusar a Sánchez de no querer un gobierno de la izquierda y nada más.

Ahora bien, mientras tanto, Iglesias juega con Sánchez como el gato con un ratón al que se quiere merendar. Pero su opción está muy verde y no es de gobierno ni tiene un proyecto nacional. Proponer la subida general de todos los impuestos es algo que a muy pocos le va a gustar, salvo o a los que no pagan impuestos. Y lo de repartir los ministerios de una manera proporcional a los votos de cada uno dejaría a Pedro Sánchez en minoría, otro disparate más. El gobierno en democracia lo ha hecho siempre el presidente y no se lo hacen o se reparte desde la vicepresidencia como si de un Ejecutivo asambleario se tratara.

Pero las cosas no son como cree Iglesias, no suelen ser así ni en España ni en ninguna democracia del mundo. Y mucho menos aún en países con regímenes como China, Rusa, Cuba o Venezuela donde solo manda uno y sobran todos los demás.

Ahora, hay que reconocer que este demonio cojuelo que es Iglesias tiene gracia y se maneja muy bien ante los medios de comunicación. ‘Muchas gracias por su pregunta precisa y detallada’, le dice como muy en serio a un informador. Y de pronto se pone una corbata y toma aires de estadista, pero no va en serio porque las cosas no se hacen así sobre todo si se quiere pactar de verdad. En realidad Iglesias solo va a por el espectáculo y sabe que llegar a la vicepresidencia es imposible.

Además, ¿qué piensan hacer con la bandera de España y con el himno nacional? O ¿cómo jurarían o prometerían sus ministros sus cargos ante el Rey? Imaginamos que algo así: ‘por imperativo legal, prometo lealtad al Rey y a la Constitución que queremos cambiar para luego mandar los borbones a los tiburones’.

No puede ser, tienen mucho mérito por llegar a donde han llegado pero no están listos para gobernar, y Pablo lo sabe y juega con Pedro y se divierte y va aprendiendo mucho. Y en el Congreso de los Diputados será un buen orador, pero no desde el banco azul. Puede que algún día pero ahora no. Ni está listo, ni lo quiere, ni le van a dejar. Y conste que no es cuestión de miedo porque miedo no da. Es cuestión sobre todo de responsabilidad.