La teta y la Luna

¡Ay, Carlos Herrera!, pecho lobo, hermano lobo, qué bien te lo montas en el Bar Manolo poniendo a los emergentes Rivera e Iglesias a cara de perro y contra la pared. Porque en ese duelo a primera sangre está la clave de bóveda del momento político español, por más que Iglesias le enseñara los dientes al Peter Pan del Congreso tildando a Ciudadanos, PSOE y PP de ser ¡el búnker! por pactar la Presidencia y la Mesa del Congreso de los Diputados.

Y por no darle a Podemos cuatro Grupos para sus mareas nacionalistas a las que ‘el coleta’ les ha tomado el pelo. Porque prometió lo que sabía que no iba a cumplir, como prometieron los suyos la Constitución para cambiarla a sabiendas que no lo pueden hacer, y como han prometido un referéndum catalán que saben que nunca se va a celebrar.

El Congreso de los Diputados se convirtió ayer en la Posada del Peine o en salón de lactancia de mamá Bescansa, que primero le dio a su bebé -en el escaño- la teta derecha, luego la izquierda, y más tarde y otra vez las dos, usando al angelito –que finalmente se cagó y hubo que cambiar los pañales- para atraer a los fotógrafos y las cámaras de la televisión. Y una vez acabado el numerito el niño, como por arte de magia, el bebé desapareció. E incluso se especuló que se lo había llevado Montoro que es el coco el PP que se come a los niños y defraudadores que duermen poco, salvo que sean hermana o hija de Rey.

¡Qué bonito! Pero vayamos al fondo de la cuestión: porque tenemos la sospecha de que la bronca que Rivera e Iglesias protagonizaron en la guarida de la COPE era una impostada escenificación. Porque Iglesias necesitaba trasmitir a sus colegas catalanes, valencianos y gallegos su aparente indignación porque no le han concedido cuatro Grupos del Congreso, lo que les habría permitido llevar cuatro bebés para darles de mamar en la sede suprema de la soberanía nacional.

Querían la Luna y se quedaron con la teta, parodiando el delicioso film de Bigas Luna. Pero todo era un disimulo porque Iglesias prefiere, en ausencia de su fallido JEMAD, tener el mando del Grupo Podemos al completo, porque su propuesta electoral era tan solo para disimular. Es como lo del derecho de autodeterminación y el referéndum catalán o su promesa de reforma de la Constitución, Pablo Iglesias solo promete lo que no puede cumplir y sabe que es imposible y además quiere que semejante subterfugio le salga gratis y le echa la culpa a los demás.

Por eso se enfada con Rivera, que es un santo, y amenaza a Sánchez con no apoyar su investidura. Y a ambos dos les echa en cara connivencias con Rajoy, el que según el podemita es el gran jefe de la corrupción del PP. El mismo Rajoy al que Iglesias no para de llamar por teléfono o de visitar en Moncloa, donde se pasa las horas con Mariano conversando sobre la inmensidad del Océano y la angostura del Estrecho de Ormuz.

Y ahora, después del jolgorio del Congreso –que por la vestimenta de algunos parecía una verbena de la facultad o un concierto-botellón- le queda a Pablo Iglesias el gran espectáculo con el que siempre soñó: ser recibido en el Palacio de la Zarzuela por el Rey Felipe VI, sabiendo que si le acompaña Bescansa con el niño la Reina Letizia podría quedarse con el bebé. Aunque lo normal es que a esa cita ‘a ciegas’ vaya solo y le lleve otro regalo al monarca, como los CD de ‘Juego de Tronos’ que le entregó en Estrasburgo al Rey tras hacer ‘el salto de la rana’ para así llamar su atención.

Hay, admirado pecho lobo, hermano lobo, mucho disimulo en esto de la pública agresividad entre los candidatos al reparto del poder. Y la clave de bóveda de la que hablamos es muy sencilla y es a la que todos ellos deberían responder: ¿quiere usted elecciones anticipadas? Los unos y los otros se lo están pensando, están echando las cuentas a ver cómo le salen a cada cual. Y el que no quiera elecciones pues ya sabe lo que ha de hacer: pactar. Y mucho nos tememos que casi todos ellos, Mariano, Pedro, Pablo y Albert están a gusto como están y rezan a la Esperanza de Triana implorando su favor: ‘virgencita que me quede como estoy’.

Y venga teta de Bescansa, y lágrimas de cocodrilo ante la puerta de los leones donde les esperaban sus familiares para tocarles las palmas, y ¡sí se puede, sí se puede! Pero no tienen votos suficientes para ello. Lo que no se puede es ridiculizar a la izquierda de este país con semejante espectáculo de furia, risas y lágrimas para llenar todos los espacios de la tv que es lo que van buscando. Y, aunque están al otro lado, en eso son como Donald Trump.