‘Los invasores’ ahogan, humillan y desprecian a Cataluña

‘Los invasores’ -así había llamado el nuevo President de la Generalitat Carles Puigdemont a los españoles en general y a los catalanes que no son independentistas en particular-. ‘Los invasores’ eran también unos extraterrestres de rostro humano que tenían el dedo meñique tieso y una piel de lagarto bajo su aspecto normal, que hicieron las delicias de los telespectadores en una serie emitida por TVE a finales de los años sesenta del pasado siglo XX.

‘Los invasores’ eran malos a rabiar porque querían invadir y colonizar la Tierra, como al parecer lo hicieron los españoles en Cataluña desde los tiempos del Cid cuando el ilustre Campeador derrotó al Conde Berenguer y se hizo con la Colada, la segunda espada -tras la Tizona- que el Cid blandió en sus hazañas de la ‘Reconquista’ de España, o la Conquista, según se mire hacia atrás en lugar de hacia delante que es donde está el futuro de Cataluña, España y Europa.

Puigdemont afirma que hará la tortilla de la independencia sin romper los huevos de la legalidad lo que anuncia que tiene extraños poderes. Y en su toma de posesión ya ha acusado al Estado español de ‘despreciar, ahogar y humillar’ a los catalanes, que es precisamente lo que acaba de hacer la CUP con Artur Mas y Convergencia, el partido de Puigdemont.

Pues empezamos bien el diálogo, insultando a la parte contratante de la otra parte contratante y precisamente para espetarle esos insultos al Jefe del Estado español, que es para lo que pretendía ir Carme Forcadell al palacio de la Zarzuela y lo que con buen criterio no consintió el Rey Felipe VI. A quien Carles se ha cuidado y mucho de no mencionar en su toma de posesión, ni siquiera ‘por imperativo legal’ porque ellos eso de la legalidad lo dejan para una mejor ocasión.

Mire usted por dónde, Honorable Puigdemont, al final será cierto eso que se dice por Madrid de ‘uno no sabe siempre para quién trabaja en la realidad’. De momento el pacto de gobierno catalán ya ha facilitado un pacto ‘constitucional’ PP-PSOE-C´S en el Congreso de los Diputados, y a nada que Carles roce con el pie la línea roja que el TC dibujó sobre la resolución 9N del Parlamento catalán tendremos en España nuevo gobierno tripartito de amplia mayoría.

Pero regresemos al caso de los poderes extraordinarios con los que el President pretende alcanzar la independencia de Cataluña sin romper con la legalidad vigente, como al parecer insinúa. Y como también lo aseguró unas horas antes su vicepresidente Junqueras, quien insistió en que se podrá pasar de una legalidad a otra sin romper el cristal. ¿A qué viene ahora tanto miramiento por la legalidad, acaso temen la ira del TC?

No, a quien temen es al dinero que es lo único que los nacionalistas suelen poner por delante de la Patria -ni siquiera la vida, la libertad, los derechos humanos o la democracia- y en este caso el dinero en su versión más literaria y relativa al poder empresarial y financiero de Cataluña que no solo están alarmados con el proceso secesionista sino también con el pacto de gobierno con la CUP, que es la que tiene la sartén por el mango y el mango también del gobierno de Puigdemont.

Vamos a ver qué hace el poder económico catalán (y español) con esto del gobierno tripartito de CDC, ERC, CUP porque el dinero no está para bromas ni para riesgos y suele ser el primero que huye cuando huele a quemado y antes que aparezca la primera llamarada.

Y al dinero -y que se aplique el cuento al dialogante Sánchez- no le gusta nada la independencia ni ver a la CUP entrando y saliendo de la Generalitat como si fuera su primera residencia. Como tampoco le gustaría tener a los de Podemos en el Gobierno español, con Monedero -¡Montoro, Montoro, que no te tengo miedo!- de ministro de Hacienda, al JEMAD Rodríguez en Defensa y al Kichi de Cádiz en Interior.

Puigdemont sabe que en Cataluña y en Convergencia –a buenas horas disfrazada de Democracia y Libertad- el poder económico tiene algo más que un simple ‘droit de regard’. En realidad son los auténticos ‘invasores’ poéticamente hablando y los que suelen tomar el té con el meñique extendido y sin pestañear. Y esos, cuando se ponen, sí que son capaces de humillar, ahogar y despreciar sin piedad. Pero, ¡ay amigo! dineros son calidad.