Las campanadas

Por fin se acaba este fatídico año de 2015 marcado por los muchos desencuentros entre los españoles a los que el Rey Felipe VI animó a darse la mano y no la espalda desde el salón del trono del Palacio Real desde donde animó al diálogo y el entendimiento subrayando, desde ese emblemático lugar -de las ‘camarillas’ de la Historia- la grandeza de España y el orgullo de ser español.

Ha sido un año duro en el que la salida de la crisis enseñó un ápice de optimismo, tras los duros ajustes de la legislatura monocolor azul PP, pero donde la interinidad en el empleo, el ascenso de la deuda y el alto desnivel de la desigualdad completaron un panorama económico que se anuncia incierto para 2016.

Máxime si se complica como parece la formación del nuevo gobierno y nos embarcamos en unas nuevas elecciones generales que se sumarían a gallegas y del País Vasco en el año 2016. Y puede que también a una repetición de las catalanas, y a no descartar también otras andaluzas si Susana Díaz se empeña en venir a Madrid a liderar el PSOE y en Sevilla se abre otra investidura para lograr un nuevo presidente de la Junta.

O sea, cinco elecciones en 2015 -andaluzas, municipales, autonómicas, catalanas y generales- y ya veremos cuántas nos esperan en 2016. Y la casa de la economía y del empleo sin barrer, el desafío catalán a su aire pero bastante mas desinflado y el Gobierno de España por decidir. Esa es la situación que enmarca el amanecer del nuevo año donde a buen seguro se van a producir cambios importantes en la vida pública, pero también en el sector empresarial y en los medios de comunicación que en 2015 han sido determinantes en la batalla política y electoral.

Lamentablemente la palabra de moda es ‘incertidumbre’, pero eso no implica el caos o una revuelta política y social porque afortunadamente el país sigue funcionando al margen de la frustración política, y puede que el nuevo ciclo de recuperación económica esté en marcha a pesar del desconcierto imperante en la vida política nacional.

De momento han caído unas gotas de lluvia sobre una buena parte de España, lo que ayudó a extinguir los incendios de Cantabria y lo que por otra parte anuncia que a primeros de año puede llover lo que sería una excelente noticia porque el problema del agua, del que no hablan nuestros políticos a pesar del imparable cambio climático, se va a convertir en España en una alarmante prioridad si la escasez de nieve y lluvias se mantiene como hasta ahora en este invierno primaveral.

Sequía de liderazgo político, de ideas, de diálogo y de creatividad y a la vez sequía en el campo y polución en la ciudad, sería una mala suma en el año 2016 en el que sin duda hará falta un plan hidrológico nacional y un plan renovador de la política y del liderazgo, porque está claro que con el fin del bipartidismo se acaba el largo periodo de la Transición.

Algo de lo que parecen ser conscientes algunos dirigentes políticos que sin embargo no tienen nada claro que hacer ni hacia donde ir. Lo que no deja de ser bastante llamativo. Unos porque desconocen la verdad de la vida democrática, tal y como se entiende en las grandes naciones de Occidente, y otros porque consideran que lo que tenemos está bien y no se debe cambiar ni mejorar a pesar de la evidencia que anuncia el fin de una etapa y la imperiosa necesidad de avanzar hacia un modelo democrático pleno, representativo y con separación de los poderes del Estado que es la pieza maestra que falta en el ordenamiento jurídico y político español.

Tan necesaria como el agua o el aire para vivir y respirar, por mas que muchos protagonistas del juego del poder eso no lo entienden, o no les interesa porque ello supone contrapoder y control. Y esos cambios tan necesarios y esperados si que darían la campanada definitiva en 2016 donde nada está perdido pero mucho por construir.