Pablo Iglesias, el estadista

Vamos a ver si se empiezan a enfriar los resultados generales del 20-D porque hay algunos actores de este drama nacional que se creen reyes del mambo español y dueños absolutos de la situación. Y entre ellos el mismísimo Pablo Iglesias, gran dominador del escenario y de los platós de televisión, que ayer se nos presentó como el estadista -con el tópico manido de ‘la altura de miras’- y el amo de la izquierda.

Y todo ello a pesar que su partido Podemos es el tercero en la lista de los resultados y además tiene dentro a un complicado batiburrillo de coaliciones varias, catalana, valenciana, gallega y navarra, que veremos como se articulan y si logran grupos parlamentarios por separado en el Congreso lo que no está claro porque esos partidos no han competido entre sí como lo reclama el reglamento de la Cámara.

Pero Iglesias va a lo suyo y tiene clara su estrategia que no es otra que impedir que Pedro Sánchez sea presidente del Gobierno. Y por eso le pone líneas rojas a un pacto con el PSOE como el aceptar el derecho de autodeterminación, para evitar que el PSOE lidere la izquierda con la esperanza puesta en unas elecciones anticipadas antes de que concluya la legislatura.

A ver si con ello Iglesias convierte al PSOE en el PASOK español y él, como si fuera la Cenicienta, se convierte en Tsipras y él presidente del Gobierno de España cuando calce, cual zapato de cristal, el millón de votos de IU, la que está a punto de ser engullida por Podemos.

Hay que reconocerle a Iglesias su habilidad pero resulta llamativo oírle proponer el regreso de España a ‘los Taifas’ con referéndum, variados y por regiones, de autodeterminación con el argumento asombroso de que sólo Podemos garantiza la unidad de España, como el puntal del Estado.

Y todo ello, naturalmente, renunciando a la Historia de España, a la nación española y la soberanía nacional. Pero, sobre todo, sabedor Iglesias que sus Taifas no llegarán porque necesitan de la reforma de la Constitución Española que él sabe muy bien que es imposible -el PP tiene mayoría de bloqueo-, con lo que está claro que solo habla para la galería de compañeros nacionalistas-independentistas en su viaje de ilusiones hacia nadie sabe dónde.

Luego en sus líneas rojas, como la espada laser de Darth Vader, Iglesias mete ‘las puertas giratorias’ sin explicar en qué consisten, o la reforma de la ley electoral y la independencia de la Justicia para incluir todo en una pretendida reforma constitucional donde también quiere colocar el Estado del Bienestar, a sabiendas que la reforma de la Constitución es imposible sin el apoyo del PP.

Algo muy parecido a lo que Tsipras, por boca de Varufakis, le dijo a la troika de la UE para luego hacer exactamente lo contrario y ponerse a las órdenes de Bruselas y de Berlín. En realidad, y ajeno a cualquier responsabilidad de Gobierno, Iglesias sigue tocando la melodía del flautista de Hamelin para atraer a niños y a ratones mientras baila alegremente sobre el escenario donde PSOE y PP lloran amargamente el fracaso del bipartidismo nacional. Y donde Rivera -victima de su inocencia- sigue desempeñando el papel inocente de un Peter Pan.

Y aunque dice que hará lo imposible para que Rajoy no sea investido presidente del Gobierno eso no es verdad, porque si fuera cierto lo que Podemos debería de hacer es aparcar sus falsas líneas rojas y facilitar un gobierno de izquierda ya. Pero no quiere a Sánchez de presidente porque ese puesto lo quiere para él y está empeñado -y coincide en ello con Rajoy- en que el PSOE apoye al PP, mientras él se disfraza de estadista y habla de ‘la altura de miras’ en su ‘Juego de Tronos’ donde ya se ve con el manto de armiño del Rey Sol, en torno al que giran los planetas como las moscas sobre la miel.