Pobre Mariano

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Sí ¡pobre Mariano! Ya sabemos lo autoritario que es y ha sido desde el inmenso poder que administró en su mandato (Gobierno, Autonomías, Alcaldías, medios), y como trató de mal a los suyos del PP, la oposición y los periodistas. O cómo se olvidó de los sectores más desfavorecidos de este país. Pero aún así y a pesar de los pesares Mariano Rajoy no se merece este amargo final de su paso por el poder, salvo que una hada madrina le regale en la noche electoral un sorprendente resultado -en parte por causa del voto de la misericordia-, aunque tampoco parece que ese milagro vaya a ocurrir.

A los políticos españoles cuando llegan al poder les debían colocar en la puerta de la Moncloa un cartel que diga: ‘las mayorías absolutas no son eternas’. Pero aunque se lo pusieran no lo verían, o se reirían al pasar como le ha ocurrido a todos los habitantes del siniestro palacete. Pero está claro que el poder produce ceguera y cuanto más grande es pues peor.

Y los triunfadores de turno en vez de ser generosos, ayudar y hacerse amigos se ponen en plan soberbio y autoritario, o de perfil o se suben al pedestal blanco de Don Tancredo -¡’El Rey del valor!- a ver los barcos venir o partir, como se ven desde el porche del cortijo presidencial de Doñana. Y a veces se dedican a dar collejas a todo quisque.

¡Cuidado! No estamos diciendo que Rajoy lo haya hecho todo mal. Ni mucho menos, porque ha colocado a España en la pista de despegue y salida de la crisis y eso es importante. Ahora bien, eso mismo lo pudo haber hecho de otra manera y con otros modales, y las formas, ya se sabe, a veces son más importantes que las propias decisiones.

¡Pobre Mariano! lamentamos las agresiones que ha sufrido, la verbal y la física, ante los ojos atónitos de toda España y parte de Europa, donde Rajoy fue cariñosamente acogido por los líderes de la UE. Lo sentimos por muchas razones y también porque ha sido agredido el presidente del Gobierno de España y eso afecta a todos los españoles de bien que son muchísimos más que los de mal pensar.

Además hay que reconocerle a Mariano la serenidad con la que encajó estos embates al alma y al cuerpo, aunque mejor hubiera estado si en el tenso debate con Sánchez se hubiera quedado en lo de ‘es usted Ruiz’ y ahorrado lo de ‘ruin, miserable y mezquino’, pero se descontroló. No quiero imaginar si algo así -un tirón de pelos, por ejemplo- le pasa a doña Rita Barbera que por perder las elecciones en Valencia y mirando al cielo gritó: ‘¡qué hostia, qué hostia me he dado!’ Pues a Mariano le han dado dos. Y ¿quién tiene algo de culpa en el PP de todo esto? Pues Arriola y Moragas por el desastre del debate y el servicio de seguridad presidencial en Pontevedra que falló de estrepitosa manera. Aunque la culpa, culpa, solo la tienen los autores de la agresión.

Sin embargo hay algo que ha llamado poderosamente la atención. El silencio generalizado de los primeros dirigentes de su partido que no han corrido junto a Rajoy, ni tampoco hicieron un llamamiento general al electorado del PP. ‘Adiós Mariano’, parece que alguno dijo para sus adentros, en venganza poética por los ‘crímenes políticos’ en serie que Rajoy perpetró en la cúpula histórica del PP. Pregunto con sigilo: ¿qué pensarán de todo esto Aznar, Aguirre y Gallardón?

Soraya se limitó a llamar ‘macarra’ a Sánchez y Cospedal lo calificó de ‘chulo’, pero eso no es suficiente por parte de la vicepresidenta y de la secretaria general que están a la greña desde el inicio de la legislatura cuando ambas dos se tiraban sus respectivos maridos a la cabeza.

La escasa respuesta y apoyo de la cúpula del PP a Mariano ha sido tan llamativa como todo lo demás, aunque primen los videos de la agresión de Pontevedra con el presidente sin gafas con la mejilla enrojecida y el alma hecha polvo por tan fascista agresión y pública humillación.

Y como dice la canción, ‘si así está el caminito, cómo estará el pueblito’. O dicho de otra manera: ¿qué nos espera en esta legislatura precedida de esta campaña tensa y de esta España dividida y desmoralizada por la crisis, el paro y la corrupción?

Cuando terminó el debate ‘a cara de perro’ entre Sánchez y Rajoy en que el se dijeron de todo menos bonitos, y donde no se habló de nada de interés, recordé el ejemplar debate que celebraron Valery Giscard d´Estaing y François Miterrand en unas elecciones presidenciales. Un espectáculo del máximo nivel en el que, entre otras muchas cosas, se habló de ¡Cultura y Pensamiento! (sic). Además en ese gran y vecino país tienen un himno y una bandera, y aquí, en el Ruedo Ibérico, solo nos queda Paquito el Chocolatero. Estamos en otra cosa, mariposa, y así nos va. Y decía Samaniego: ‘Subió una mona a un nogal…’

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