No llueve, no hay agua

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La Cumbre del Clima da pequeños pasos mientras la temperatura sube, crece el mar, avanza el desierto y escasea el agua. Los desheredados de la Tierra son los que más sufren el desastre que provocan los países más ricos e industrializados del Planeta y la sequía se convierte en la compañía de las guerras que promueven los cazadores de petróleo en un arma más letal que las propias bombas y en palanca que empuja los movimientos migratorios de las naciones desesperadas hacia los países esperanzados.

En España la sequía empieza a enseñar los secretos y las basuras del fondo de los pantanos, vacía las cuencas de los ríos -el Guadalquivir ha dejado al descubierto en Córdoba los pilares de su puente romano- y no deja crecer las siembras, ni los pastos, ni los frutales. Y el campo de invierno se pinta de frío amarillo porque este año, de momento, no ha llovido -se dice que algo de agua caerá en el Este del país este fin de la semana- y si todo esto sigue así el invierno pasará de largo y los Reyes Magos llegarán a España ligeros de ropa y cargados de carbón para los mayores de la política que no se ocupan de esta cuestión.

En esta cansina y falta de épica y coraje campaña electoral no hemos oído hablar mucho ni poco sobre el clima y la escasez del agua, porque siempre habrá algún listo que dirá que esto de la sequía es cíclico o en el peor de los casos algo pasajero y temporal. Pero se equivocan, esto de la sequía va a peor y desde España se atisban las dunas del desierto del Sáhara que ya están cruzando el Estrecho por el mar y el aire hasta casi construir un puente natural.

¿Qué hacer? El próximo gobierno que nazca de la panza del 20-D ha de poner el agua como objetivo primordial del país. Debe facilitar sin más demora los trasvases, cuidar los acuíferos, hacer pantanos -sí, muchos pantanos- y miles de aljibes para que no se pierdan las tormentas que inundan con fuerza los pueblos y las ciudades en furiosos arrebatos, y que luego se filtran, se pierden o se van inútilmente hacia el mar.

Hay que prevenir ahora el tiempo de sequía que nos invade y empezar a tomar medidas desde el primer día de la formación del gobierno que nazca el 20-D. Y hay que tener listas las infraestructuras necesarias en pos de guardar el agua que caiga del cielo, ese lugar donde la ciencia ha sido incapaz de inventar la lluvia. Y hay que plantar millones árboles por doquier.

El año 2016 debe ser para España el año del agua. Pero si todavía hay ciegos que no lo ven se van a equivocar y nos van a llevar a un mar de arena y desolación que poco a poco crecerá y entonces ya será tarde para actuar. Lo hemos dicho en estas páginas más de una vez pero no hay manera, los políticos a su aire y como si oyeran llover a pesar que no llueve nada. Ni nieva, ni corre aire limpio y frio por las ciudades en las que la polución aparece y desaparece como un malvado fantasma que trae enfermedades e impide el respirar. Señores candidatos, y del agua, ¿qué?

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