Soraya no encandiló

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Cuando la vicepresidenta Soraya llegó a su mansión, tras el debate entre cuatro de Antena 3 TV, tenía lleno el buzón de su teléfono -con muchas felicitaciones por su actuación en el debate-, porque se olvidó el móvil en su casa con las prisas y los nervios, la maquilladora -que le puso rímel verde- y la peinadora, y la modista que la atavió con aires de señorita del PP. Una ‘frazadita’ de las que gustaba llevar a Carlitos para jugar con Snoopy, y un enorme anillo que parecía el sello de un romano emperador.

Soraya se enfrentaba a una difícil misión en la que, en primer lugar, debía justificar ‘la espantada’ de Rajoy -en el PP ‘somos muchos’ dijo balbuceante-, huido a Doñana para no verse las caras con Rivera y con Iglesias, los dos políticos emergentes con los que no quiere competir porque, entre otras cosas, tienen las manos limpias y poco o nada que perder. Mariano espera a Sánchez el día 14 en el cara a cara y cree que le va a vencer.

Pero Soraya, además de cubrirle la espalda a Mariano y de defender al gobierno saliente del PP con su pretendida mejora de la economía, iba a lo suyo. A jugar como posible presidenta del Gobierno si Rivera pone un veto a Rajoy, y a lucirse dentro del PP donde tiene varios enemigos, empezando por Aguirre y Cospedal, por si las cosas se ponen mal en el día después de las elecciones del 20-D y se abre la sucesión de Rajoy.

En realidad, Soraya y Susana (Díaz) son las niñas de los ojos del Ibex o del poder financiero y empresarial español. Las damas de la soñada, por ellos, ‘gran coalición’ PP-PSOE, mientras que a Rivera lo ven como un apuesto sir Lancelot que aspira a la mano de una de las dos.

Ahora bien y dicho todo esto Soraya no encandiló en el debate porque no dijo nada de especial interés. La doña no tiene discurso político -como sí lo tiene Margallo- sino un discurso tecnocrático y funcionarial donde repite como un lorito lo mismo que va diciendo Mariano por ahí: que España se libró del rescate de la UE -lo que no es verdad-; que ya estamos saliendo de la crisis -lo que está por ver-; que el PP asumió las responsabilidades de sus casos de corrupción -lo que también es falso, porque ahí sigue Mariano-; y que el PP es el gran defensor de la unidad de España, lo que tampoco es cierto porque se tragó la consulta del 9N catalán sin rechistar.

Que Soraya resistió el embate de los otros tres adversarios, pues eso sí fue más o menos así. Pero la doña no deslumbró con un buen discurso de altura, culto e innovador. Entre otras cosas porque no sabe y entre sus ‘sorayos’ o asesores de la Moncloa no parece haber nadie que sepa escribir y unir ideas para elevar en un debate el tono de la discusión.

Las acusaciones mutuas y réplicas al respecto eran sabidas y esperadas antes de que comenzase la disertación de unos y otros. Por ello no pasó nada, ni hubo un claro vencedor y nadie pudo decir que ganó. A lo más Iglesias sí puede presumir que se divirtió. En cuanto a la vice Soraya ella puede presumir que salvó los muebles de un anunciado incendio que en realidad nunca se llego a producir.

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