Rajoy está sonado, muy tocado

Hay gran preocupación en la cúpula del Partido Popular por lo que consideran el desgaste político y psicológico y alto nivel de rechazo que entre los españoles genera la figura del presidente del Gobierno y del PP Mariano Rajoy. Hasta el punto que, a pesar de la proximidad de las elecciones generales del 20 de diciembre, son varios los dirigentes del PP que hablan sobre la posibilidad de que el aspirante del PP al palacio de la Moncloa sea otro en el lugar de Rajoy.

Suenan los nombres del gallego Alberto Núñez Feijóo o de la madrileña Cristina Cifuentes en favor de la recuperación del centro político, donde está creciendo de manera imparable Ciudadanos, tal y como se verá en los comicios catalanes del 27-S. Pero incluso a última hora ha surgido el nombre de José Manuel García Margallo tras su discutido -dentro del PP- debate con Oriol Junqueras durante la campaña electoral.

Cualquiera obtendría mejor resultado que Rajoy, se dice en los cenáculos de la capital madrileña, donde son muchos los que opinan que el presidente está muy tocado. Sonado como un boxeador acosado por su adversario al que le han hecho daño los golpes y ha perdido contacto con la realidad. ‘Está grogui’, dicen cuando recuerdan el incidente de Rajoy con el periodista Alsina en Onda Cero, una vez que fue incapaz de explicar en qué consiste la nacionalidad española, al tiempo que con cara de desconcierto y la mirada perdida -como si no supiera donde estaba- le preguntaba al periodista qué pasaría con la nacionalidad europea de los catalanes si abandonan España.

Puede incluso que el presidente Rajoy sea, en este momento, víctima de un proceso depresivo al no entender como le ha estallado en las manos a él el desafío catalán al que nunca se ha querido enfrentar -por eso su amigo Margallo acudió al debate-, y del que teme las peores consecuencias como la declaración de la independencia de Cataluña que, de una vez por todas, le obligarían a tomar drásticas decisiones.

Precisamente esa eventualidad es la que algunos estrategas de la Moncloa creen que le dará al PP un nuevo impulso en las elecciones generales con el siguiente argumento: si Mas declara la independencia la respuesta de Rajoy será rápida y contundente y eso les dará muchos votos al PP en las elecciones de diciembre. Es decir que contra peor le vaya a España en Cataluña mejor le irá al PP y a Rajoy.

Pero, incluso ante ese posible desafío de obligada respuesta, en altos círculos del PP se teme que Rajoy no esté en condiciones anímicas ni psicológicas de hacer frente a Mas, máxime si como anuncian los últimos sondeos catalanes el batacazo del PP en Cataluña será monumental.

Entonces ¿qué hacer con Rajoy? O ¿está a tiempo el PP de cambiar de candidato a la Moncloa a solo tres meses de las elecciones generales? En política todo cabe y es posible, pero la situación española que vivimos es muy especial y el PP se juega de aquí a diciembre no solo el perder las elecciones generales frente al PSOE sino que incluso -si Rajoy sigue al frente- el PP podría quedar en tercer lugar y detrás de la candidatura de Albert Rivera al frente de Ciudadanos, que saldría muy reforzada de los comicios catalanes como este domingo se verá.

El jueves a Rajoy le volvieron a preguntar por la cuestión de la nacionalidad de los catalanes en caso de independencia de Cataluña y volvió a la confusión para decir finalmente, como quien hace una gracia: ‘los platos son los platos y los vasos son los vasos’. Y otra vez reapareció su mirada perdida y confundida, como aquella que, en los atentados del 11-S en Estados Unidos, mostró el ex presidente George W. Bush mientras leía, del revés, un libro infantil en una escuela y una vez que ya le habían comunicado que habían sido atacadas las Torres Gemelas de Nueva York.

‘Las rosas son rojas’ decía Bush, y ‘los vasos son los vasos’ dice Mariano Rajoy como si acabara de recibir una soberana paliza y de perder un combate de boxeo con Floyd Mayweather en el Madison Square Garden de Nueva York. Porque todo apunta que su rostro impasible se empieza a resquebrajar con la misma facilidad que se resquebraja España en Cataluña o que se desmorona el PP.

Y todo eso le produce a Rajoy un enorme desconcierto y una profunda desazón. ‘¿Cómo me ha podido ocurrir a mí algo así?’ se preguntará compungido el autócrata impávido de la Moncloa a la vista de los acontecimientos. Ni siquiera su pretendida obra maestra sobre la presunta salida de España de la crisis económica le consuela, y dirá o pensará que los españoles son injustos y desagradecidos con él. Y tampoco entenderá que ningún otro partido -a los que él ha trató patadas en la legislatura- quiera pactar con el.

¿Y si el candidato a la Moncloa del PP fuera otro en el lugar de Mariano Rajoy, en ese caso habría entonces alguna posibilidad de pacto? Puede que sí, y en todo caso la situación sería más positiva que con Rajoy. Y ¿qué pasará con el caso Bárcenas? ¡Ay amigo! Ahí está el fondo de la cuestión, porque Bárcenas es el fantasma que no cesa en los sueños y los pensamientos de Rajoy. El presidente que está tocado, o sonado, o grogui, y ya veremos si incluso acabado.