El Pelícano

Desde que Marcello aludió a ‘El informe Pelícano’ en febrero de este año el pájaro, calificado como de mal agüero en la mitología griega, no ha cesado de planear sobre los cenáculos y centros de poder de la capital del Reino de España. Allí donde las miradas más miopes de las de la política y la economía no han adivinado que el temido Artur Mas, a su pesar, se ha convertido en el aliado de España por su capacidad destructiva del nacionalismo catalán.

Pero mientras tanto vamos a comentar ‘El Informe Pelícano’ que el maestro Raúl del Pozo ha puesto en valor el pasado viernes en su columna de El Mundo -¡256 páginas en su última edición dominical!- provocando todo un revuelo de intrigas, de miedos y diretes sobre el contenido y alcance del documento. Digamos que Raúl, avisando que Pedro J. puede tener el informe escondido en la nevera de El Español, puso el dedo en la llaga y los pelos de punta a más de un gigantón.

Parece que Del Pozo escuchó las campanadas de la pequeña iglesia de Mariana, un pueblecito de Cuenca sito en la vega del Júcar, ahora que son las fiestas de San Mateo y que en la provincia y en su capital hay comilonas de zancarrones y ferias donde algunos listos venden burros que vuelan al más pintado. Rucios como los que Raúl bautizaba en Rute con Camilo José Cela (‘este pequeñajo se va a llamar Puyol’ decía el Nobel,) y que el periodista convierte en briosos Pegasos que galopan en el cielo de Madrid.

Vayamos al grano ¿existe El Informe Pelícano español? Y si existe ¿por qué se llama así? Marcello, que fue cocinero antes que fraile, sabe algo del asunto y podría decir eso de ‘si non e vero e ben trovato’. Porque materia hay para escribir un informe que constituye una enmienda al Régimen oligárquico y partitocrático de la Transición, y no solo una sola amenaza contra Rajoy. En el documento podría haber capítulos relativos a la Monarquía (del tiempo del rey Juan Carlos I); la cúpula del poder económico; partidos políticos; grupos de comunicación; la corrupción; los nacionalismos; y la influencia en España de EE.UU. y El Vaticano.

Y vista la última sábana dominical de Juan Luis Cebrián en el diario El País, bajo el título de ‘Reconstruir el Estado’, diríase que ‘Janli’ se ha inspirado en El Pelícano, o que también ha oído campanas como las de Mariana, porque en su relato se apuntan cuestiones que figuran en el misterioso documento del que tanto se habla y muy pocos conocen de verdad.

Sin embargo, el pequeño círculo redactor del Informe, que alguna vez se ha reunido en secreto en La Posada de Marvao -un pequeño pueblo de Portugal en la frontera cacereña-, se cuida mucho de no difundir la carpeta entera y anillada de cuero negro que lleva dibujada la imagen de un pelícano.

El documento es anillado porque el informe es de ‘geometría variable’. Dicho de otra manera, se va actualizando cada cierto tiempo con datos nuevos. Y creo recordar que está impreso en un papel en tonos pastel, cuyo color no revelaré. Y diremos que el aria de una conocida ópera se escucha cuando en el ordenador se abre alguno de los archivos que se intercambian los autores para trabajar en el desarrollo del documento.

Y ¿de dónde viene el nombre de ‘El Informe Pelícano’? Naturalmente de la película que con el mismo título dirigió Alan J. Pakula al mando de Julia Roberts y Denzel Washington. Un film que relata el asesinato de dos jueces del Tribunal Supremo de EE.UU. para impedir que la Corte declare zona ecológica unos humedales en los que anida el pelícano, y donde un empresario amigo del presidente de Estados Unidos espera hacer una gran negocio porque sabe que bajo esas tierras hay petróleo.

Pues bien, en uno de los capítulos del Pelícano español se da cuenta de una tremenda operación de presión, amenazas y chantaje contra el que fue presidente del Tribunal Supremo español Francisco Hernando (hoy fallecido), durante el juicio del caso de las Torres KIO y de los Albertos (Cortina y Alcocer) en el Supremo, con mucho dinero y comisiones de por medio. Y de ahí la decisión de nombrar ‘El Informe Pelícano’ a este documento en cuestión.

Los atardeceres otoñales de Mariana son dorados, y las campanas ya no repican porque la fiesta acabó. En Madrid las miradas están puestas en Barcelona porque algunos se temen lo peor, aunque no saben que Mas trabaja, sin él saberlo, para el Estado español. Mientras, el pelícano sobrevuela el cielo de Madrid y va y viene de los jardines de Moncloa a los del Palacio de Oriente llevando en el pico los secretos y claves de un final de Régimen que, como la dulce protagonista de Madame Butterfly, se resiste a morir.