De la Sirenita a Granizados

He tenido un sueño. En alta mar y al anochecer se perfilaban en el horizonte como ‘gigantones y malandrines’ unos estilizados y cortantes molinos de viento salidos de las profundidades del agua como augurios de los tiempos revueltos que nos ha tocado vivir y que el Dios Neptuno no consigue controlar. Es tal la incertidumbre que las sirenas, como en Copenhague, se han salido del agua a pesar que en tierra firme nadie se puede considerar a salvo. Ni siquiera Cecille, el impresionante Rey de la Selva de Zimbawe, el verdadero ‘rey león’, abatido de infame manera por un furtivo cazador, ¡cómo no!, español.

El mundo que nos ha tocado vivir gira enloquecido del derecho y del revés. Y no vemos por ninguna parte, por tierra, mar o aire, a un líder, un poeta, un hada madrina como la pequeña Map del Romeo y Julieta de Shakespeare. O un caballero andante salido de la pluma de Miguel de Cervantes, que bien podría ser nuestro señor Don Quijote de la Mancha, obligado a reemprender sus aventuras en pos una nueva y muy gloriosa hazaña.

Esta vez cabalgando a lomos de elefantes ‘dalinianos’ sobre las aguas frías aguas del Báltico plomizo, para embestir lanza en ristre al ejército de espantosos molinos de viento y acero, al grito de ¡por mi Dulcinea! mientras su fiel escudero Sancho, subido en un borriquillo con alas, advierte a su Señor de los peligros que le esperan si no frena la carga contra el enemigo en la que se acaba de embarcar.

Las guerras crecen como la espuma en un mar saturado de jabón. El turco, como en los tiempos otomanos, ha comenzado a bombardear la guerra de Irak, pero para liquidar a los kurdos, su eterna obsesión. En EE.UU, el nuevo imperio ha regresado King Kong, disfrazado de Donald Trump un loco millonarios que está liquidando el Partido Republicano sobre el caldo de cultivo que sembró el Tea Party y que, sobre la base de millones de dólares y provocaciones, está haciendo las delicias de las grandes cadenas de la televisión ante el asombro de todos, incluso de los que ya le conocen como la nueva versión de Donald Duck.

De la Grecia heroica que nos relataba el primer novelista de éxito de la Historia, Homero, ¡qué le vamos a contar! Las ruinas iluminadas del Partenón son la propia alegoría del destruido país que quiso regresar a las Termópilas, como en un sueño temerario y audaz, para finalmente rendirse a los pies de la canciller Angela Merkel, a la que le acaba de darle un soponcio misterioso que hizo temblar al IV Reich alemán de las finanzas, las que son sus nuevos ejércitos implacables para dominar Europa en esta incipiente aunque por ahora, y gracias a Dios, incruenta ‘tercera guerra mundial’.

En España, lamentablemente, no hay sitio para la épica ni la novedad. A la mediocridad de la clase política tradicional de los PP y PSOE se le acaban de sumar una pandilla de pillos, que parecían tocados con la varita mágica de MAP, y que han resultado ser la nueva troupe de ‘El bombero torero’, visto lo que acontece con las alcaldías de Podemos en las primeras capitales de España. Iglesias, Monedero, Colau, Carmena, ¡vaya decepción! Ya no sabemos si: están con Varoufakis o con Tsipras; contra la independencia de Cataluña o a favor; si vienen o si se van; si son de izquierdas o transversales. Ellos tampoco lo saben y disimulan para que no se le vea la peana de madera al santo de cartón.

Naturalmente, en la vieja política no falta de nada en este glorioso país. Lo de la corrupción del PP es un inagotable manantial de sorpresas y misterios como los que crecen en torno a ese ‘golfo.com’ que es el tal Francisco Granados, al que cariñosamente llamaban ‘Granizados’. El que fuera íntimo colaborador de Esperanza Aguirre es una inagotable caja de sorpresas que a buen seguro tiene de los nervios a la propia Condesa de Bombay y a Ignacio González, el chino de la coleta blanca, quien no tardará en salir a la pista central del circo Price español con el número de los platos que bailan sobre varillas de bambú, y cuya vajilla destrozará a nada que empiece a cantar el pájaro loco que en la cárcel está.

O sea, que no hay hacia dónde mirar, por lo que no sería de extrañar que la Sirenita de Copenhague huida de las aguas del Báltico regrese a las profundidades del mar en donde a buen seguro estará más a salvo que en tierra firme. Porque ni siquiera la proximidad del descanso del verano ofrece un respiro ni permite imaginar que nuestro señor y muy bravo don Quijote de la Mancha esta vez vaya a triunfar.