Iglesias, Colau y la falsa izquierda

No sabemos si son como niños con zapatos nuevos que nunca se han visto en semejante situación de éxito inesperado, o simplemente una colección de tontos circunspectos, o de esos ‘imbéciles’ que llenan las Redes Sociales de Internet, como lo denunciaba el escritor Umberto Eco hace algunas semanas.

Pero cierto es que algunos dirigentes de Podemos y de sus compañeros de viaje que ocupan puestos de relevancia en las ayuntamientos y autonomías están ofreciendo un espectáculo lamentable en gestos, decisiones y declaraciones. El que no solo ha provocado escarnio y preocupación en los ciudadanos sino que está provocando una gran decepción entre quienes los han votado en los pasados comicios del 24-M, lo que desde luego no lo volverán a hacer.

No extraña, por lo tanto, que la marca Podemos baje en las encuestas electorales, o que solo el 16 % de los inscritos en Podemos para votar sus candidatos hayan participado en sus primeras ‘primarias’, donde Pablo Iglesias ha ganado con solo 48.000 votos, lo que revela que empieza a notarse un cierto desistimiento o fuga de apoyos en esa organización a la vista de los disparates acumulados en últimos días.

Dirán que llevan poco más de dos meses en los cargos pero eso es lo peor. En tan solo dos meses no han parado de disparatar en lugar de dedicarse a conocer las instituciones que ahora controlan, y ver como planifican y preparan su gestión. Pero no, algunos ya se han tirado alegremente al pilón de los disparates, como se ha visto en Madrid bajo la presidencia de Manuela Carmena y ante los ojos atónitos de su fiel escudero, Antonio Miguel Carmona.

Y otros han echado las patas por todo lo alto, como ha ocurrido con Ada Colau en Barcelona. Ahora con motivo de la retirada del busto del Rey Juan Carlos I, o poniendo en la fachada del consistorio barcelonés una pancarta para agraviar a la bandera española que han tenido que colocar ‘por imperativo legal’, que es otra frase habitual de los tontos circunspectos de Podemos, ‘comunes’, mareas y otras hierbas. Aunque justo es decir que todos no son así pero los que desbarran contagian y contaminan a todos los demás.

Y así hemos visto a Colau quitar el busto del Rey Juan Carlos I de la sala de plenos del ayuntamiento barcelonés con el argumento de que ella es ‘republicana’. Pues si Colau es tan republicana ¿por qué ha dejado a sus espaldas el impresionante retrato de la Reina María Cristina y su hijo el Rey Alfonso XIII? Un cuatro espectacular de Francesc Masriera pintado en 1888 que le ha dado al salón de los plenos el nombre de ‘Salón de la Reina Regente’.

Si a todo esto añadimos los cambios, a estas alturas de la transición, de los nombres de las calles, plazas y edificios, o la retirada de bustos y de retratos del Rey padre o del Rey Felipe, veremos que estamos ante una alegre pandilla de personajes de escaso nivel político y democrático. Los que buscan con la confrontación social una cuenta de resultados de corte ideológico con los que pretenden suplir su incompetencia.

Ahora se entiende muy bien porque Pablo Iglesias no quiere unirse con Izquierda Unida en una candidatura electoral de ‘Unidad Popular’, tal y como lo reclama Alberto Garzón. Iglesias no tiene discurso político, su programa se ha agotado en un sin fin de rectificaciones. Por ejemplo se muestra incapaz de desvelar que hará Podemos si Artur Mas declara la independencia de Cataluña tras las elecciones plebiscitarias del 27-M.

Pues está muy claro: apoyar la independencia de Cataluña –de hecho ya declaró que buscaría fórmulas jurídicas para ello-, pero no lo quiere decir para continuar engañando a los votantes de toda España y ahí incluidos a los más jóvenes del centro que, en una primera instancia, encandiló con la música del cambio, como el flautista de Hamelin.

Izquierda Unida es otra cosa. Es la izquierda de verdad, el PCE que no hizo todas estas idioteces con los bustos, retratos y las banderas de la nueva democracia española. El Partido Comunista de España que fue el único que desde la oposición y la clandestinidad se enfrentó al régimen dictatorial del general Franco y sufrió sus torturas, cárcel y represión. Y claro, es verdad, que el PCE e IU no han sabido renovarse ni conectar con el vuelco del 15-M, pero eso no quita que frente a Podemos sean la verdadera izquierda y no un grupo folklórico que se quiere colocar en las altas instancias del poder porque se aburrían en la Universidad.

O sea, que Pablo Iglesias hace cabriolas ante el Rey Felipe VI durante aquella visita del monarca al Parlamento Europeo donde le regaló la colección de películas de ‘Juego de Tronos’ y ahora consiente que sus compañeros del ayuntamiento de Barcelona insulten a la bandera de España -¿por qué no levantan la republicana que escondieron el 30 de enero en la Puerta del Sol de Madrid?- y montan espectáculos obscenos para retirar el busto del Rey Juan Carlos, como si con ello pretendieran hacer crear a otros que son de izquierdas y que eso es el gran cambio.

El cambio, si siguen así, será el papeleta que llevarán a cabo quienes votaron a Podemos en pasado 24-M y nunca más lo volverán a hacer.