Pablo Iglesias se lanza 'en plancha'

Hace tiempo que Podemos perdió la inocencia de sus comienzos en los que anunciaban el impago de la deuda de España, la banca pública y el fin de los desahucios. Como sus primarias abiertas a todo el mundo, o su negativa a pactar con 'la casta', con la que se acaban de meter en la cama -vía PSOE- en numerosos gobiernos autonómicos y locales.

Pero, ¿es ello motivo de escándalo o de decepción? Para algunos de sus militantes y dirigentes parece ser que sí, y a ello se agarró Monedero para dejar la dirección de Podemos, cuando en realidad lo invitaron a salir vistas su discrepancias permanentes que en realidad respondían a una lucha de poder en la cúpula de Podemos, donde le ganó la partida Errejón.

Pablo Iglesias ha tomado el mando 'manu militari' y hace bien porque ya estamos a pocos meses de la gran campaña electoral -puede que incluso para septiembre porque se ve a Rajoy muy crecidito- y sabe que hay mucho en juego y sobre todo el liderazgo de la izquierda que Podemos le está disputando al PSOE de Pedro Sánchez.

Por ello Pablo Iglesias y su guardia pretoriana en Podemos han dado un puñetazo sobre la mesa de las primarias para la confección de las listas electorales y han impuesto -como ya lo hicieron antes de los comicios del 24-M- el modelo de las 'listas en plancha'. El que, muy al estilo mayoritario, aunque permita cambios enrevesados de nombres, le garantizan a Iglesias su candidatura al palacio de la Moncloa y a sus dirigentes afines la cabecera de las listas que Podemos presentará al Congreso de los diputados en las distintas provincias.

Al final en Podemos se ha instalado el 'centralismo democrático' o partitocrático que impera en la mayoría de partidos españoles, y que tiene larga tradición en la izquierda comunista de la que reclamaba Iglesias en un reciente artículo en el país, donde reconocía que ahora ha girado hacia la derecha para abanderar no solo la izquierda sino al conjunto de ciudadanos que viven en la frustración y la indignación.

O sea que Pablo Iglesias aplaza la revolución y esconde la bandera republicana hasta que alcance altas cotas de poder. O por lo menos un importante grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados donde aplicará, si hace falta, la norma guerrista de 'el que se mueve no sale en la foto'. De ahí las 'listas en plancha' para evitar luego que cada diputado de Podemos vaya por su cuenta y a su aire.

Naturalmente, tanto pragmatismo leninista no gusta en el flanco más anarquista de Podemos, y por ello las protestas de Echenique o Teresa Rodríguez contra las listas en plancha de Iglesias y frente al deseo de los nuevos barones regionales y provinciales que pretenden el control de sus propias listas.

A lo que se añade, por otro flanco, la discusión aún en caliente de si Podemos debe acudir a las elecciones con sus solas siglas, como exige Iglesias, o en un frente de 'unidad popular' como lo propone Garzón desde IU. Y lo apoya Monedero poniendo los ejemplos de Carmena o Colau como modelos de integración de todos los votos de la izquierda. Una propuesta que ya ha rechazado Iglesias, adelantado alumno del Juego de Tronos, porque considera que ésta es la hora de la unidad y la eficacia en la batalla política y no de la dispersión.

La revolución queda, pues, para más adelante, para cuando se asalte el palacio de invierno o el cielo protector. En realidad el héroe actual de Iglesias es Tsipras, que lo está pasando bastante mal y que, de rebote, le podría contagiar el sofocón.