Merkel quiere la cabeza de Tsipras

Menuda es la canciller. A Mamá Merkel, la dueña y señora de la UE, le importa un pimiento el euro, la Unión Europea, Grecia, el Partenón y los dioses del Olimpo. Ella lo que quiere es la cabeza de Alexis Tsipras servida en una bandeja de plata, como Salomé quería la del Bautista.

Porque el griego se le ha subido a las barbas de la canciller y la doña no está acostumbrada a perrito que le ladre, visto que François Hollande -que parecía de izquierdas- es su caniche preferido y que a Matteo Renzi -otro que tal baila- se le ponen los pelos de punta antes de decirle 'no' a mamá Merkel porque Italia tampoco está para tirar cohetes en esto de las finanzas propias e internacionales.

Por eso y desde que Tsipras anunció el referéndum griego, Merkel se cerró en banda y bloqueó toda negociación con Grecia a ver si con ello y el miedo de los griegos a salir del euro provocaban el triunfo del ‘sí’ a la propuesta del Eurogrupo y forzaban la salida de líder de Tsyriza de la presidencia del Gobierno de Atenas, lo que es el verdadero objetivo de la cancillería de Berlín.

Y algo muy parecido a lo que ha pedido desde España Mariano Rajoy una vez que se ha metido en camisa de once varas griegas, a ver si con ello hace un doblete en España pillando, electoralmente hablando, en el mismo saco y en calzoncillos a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

El órdago del referéndum de Tsipras pone a la UE frente a un desafío democrático -como el de David Cameron con su referéndum en 2016 sobre la salida de Gran Bretaña de la UE- y de solidaridad. Y eso deja a Merkel en evidencia y al descubierto porque todo el mundo sabe que una buena parte del rescate griego se destina a pagar la deuda y los intereses que los bancos alemanes -y los franceses- tienen pillados en la financiación y los rescates de Grecia.

De ahí que Alemania les ha impuesto al resto de países del Eurogrupo que hablaban con Grecia su propio corralito teutón, bloqueando toda negociación antes del referéndum, convencida la señora de Berlín de que Tsipras se estrellará en la consulta del domingo y que Grecia se humillará y le entregará la cabeza del heleno en una bandeja de plata.

Es tal el autoritarismo de Merkel que, cada vez que se anunciaba una nueva reunión del Eurogrupo o una mediación de Juncker para ver si se podía lograr un acuerdo con Grecia antes del referéndum, Berlín sin esperar a los posibles resultados de ese diálogo les anunciaba su veto para que Tsipras no obtuviera el menor triunfo político.

Y ¿qué pasará si en Grecia sale el ‘no’ y Tsipras gana el referéndum? Pues que el euro se irá a hacer puñetas, se abrirá un foso plagado de incertidumbres, Washington se enfadará con Berlín, Moscú se frotará las manos, y ‘Zorba el griego’ se irá a bailar el sirtaki en la playa de una hermosa isla griega al atardecer para festejar el ruido de la catástrofe generalizada.

Y bajo los escombros de la teutona tozudez quedarán en evidencia los destrozos que, por tercera vez, habrá causado Alemania en Europa en su empeño por imponer al resto de europeos la hegemonía de Berlín. Y Francia, por tercera vez también, quedará humillada renunciando a su liderazgo moral y solidario en la Unión, porque François Hollande no ha sabido estar a la altura de la situación.

Pero Merkel confía en que Zeus sea derrotado por Odín para que ella, por fin, se siente en el trono de Europa aunque solo sea por unos años porque el rescate que el Eurogrupo le ofrece a Grecia fracasará y no les permitirá a los griegos la recuperación económica del país. Y entonces reaparecerán los viejos fantasmas de la hegemonía despiadada de una Alemania que solo cree en una Europa con capital en Berlín.