El ascensor

¡Vaya por Dios! Iglesias y Colau se han quedado encerrados media hora en un ascensor del Ayuntamiento de Barcelona. Y dirán algunos que les tienen ganas: ha sido llegar Colau al consistorio y no funcionan los ascensores. Y otros pensarán que una mano negra los ha dejado colgados y haciéndose fotos entre bromas.

Incluso los habrá quienes hayan visto en este encierro un simbólico castigo a la resistencia de Pablo Iglesias a unir, de cara a las elecciones generales del otoño, la fuerza electoral de Podemos con las de los movimientos sociales que triunfaron en Barcelona, Valencia, Madrid y La Coruña, como lo reclama Alberto Garzón desde IU o Pablo Echenique desde Podemos.

Lo que si está claro es que la nueva izquierda está subiendo, mientras el PSOE -muy tocado con la inculpación de Chaves y Griñán- e Izquierda Unida, en vías de auto destrucción, no cesan de perder votos y protagonismo en la escena nacional.

Lo que Pedro Sánchez, con su nueva imagen y equipo de asesores, está intentando  desactivar convencido que tiene una oportunidad ante la paralizada actitud de un Rajoy que se niega a provocar una auténtica renovación en el PP, con la esperanza de que Podemos y el PSOE se queden atrapados en otro simbólico ascensor y se enzarcen en una  agria disputa por el control de la izquierda.

Lo que, piensa Rajoy, facilitará al PP una victoria en las elecciones generales, para volver a ser la lista mas votada, pero puede que al igual que les ha ocurrido el 24M sin posibilidad de mantener en este caso el gobierno de la nación.

El caso de Esperanza Aguirre en Madrid es todo un ejemplo porque dejó muy claro que el discurso del miedo a Podemos del PP encumbra a los seguidores de Pablo Iglesias y empuja al PSOE hacia abismos que recuerdan a los griegos del PASOK. Pero si Rajoy insiste en ese camino, con la esperanza que Ciudadanos le renuevee él la presidencia del Gobierno, el líder de los ‘populares’ se va a equivocar.

Por varias razones. En primer lugar porque Albert Rivera no se meterá nunca en un ascensor -y menos aún en un helicóptero- con Rajoy porque eso sería dejar de lado su discurso del ‘cambio sensato’ y hacerse cómplice de las políticas y de las corrupciones de un PP que tampoco cuenta con niveles de calidad democrática -sin ‘primarias’, por ejemplo- que Ciudadanos ha exigido a otros para apoyar sus gobiernos autonómicos o locales.

De manera que pensar en un pacto entre Rajoy y Rivera resulta al día de hoy algo mas que improbable, sobre todo si Rajoy pretende seguir en la Moncloa. Además no está claro, ni mucho menos, que el PP y Ciudadanos puedan sumar la mayoría de Gobierno (176 escaños). Lo que si podría ocurrir es que PSOE y Ciudadanos si sumen juntos mas escaños que el PP y en este caso ambos partidos podrían ir -con la abstención del PP- en un mismo ascensor hacia el cambio que reclaman los dos, aunque también sin una mayoría absoluta.

Por lo que regresamos a la cuestión de fondo que nos revela que en el cuatripartito actual -PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos- no permite favorecer un gobierno con la necesaria estabilidad. Cabe, también, la opción de un pacto de Podemos y PSOE -al estilo griego- si Iglesias le ganara la partida a Sánchez, pero eso les condenaría a los socialistas al rincón del PASOK.

Entonces ¿quiénes entrarán en el ascensor de la gobernabilidad nacional? Aún es pronto para adivinar a los viajeros de esa aventura que, como les ha ocurrido a Colau e Iglesias, también se podría averiar a la primera oportunidad. Lo que si parece claro es que Rajoy tiene muy difícil, por no decir imposible, repetir cargo en la presidencia del Gobierno. De ahí que debería reflexionar de cara a la Conferencia de julio del PP dando paso a otro candidato –aunque sea de ´número dos’, a ver si ese segundo líder puede pactar con Ciudadanos-, porque está bastante claro que Mariano Rajoy no va a conseguir una mayoría absoluta ni tienen con quien pactar.