Wert se va de viaje de bodas a París

Como Rajoy es independiente hace lo que se sale de las narices y le importa un pimiento, o incluso dos, lo que digan los demás, que ya lo contaba Larra con su ‘ande yo caliente y ríase la gente’. El día 25 de mayo, después del descalabro en las elecciones del 24-N, Rajoy cantó victoria con el discurso de ‘la lista más votada’ y cuando descubrieron que habían perdido el poder y se le sublevaron, por un ratito, los barones del PP, don Mariano rectificó y prometió que haría cambios en el Gobierno y en el partido. Lo del partido se quedó en aupar a los tres sobrinos del Pato Donald, y lo del Gobierno se ha resumido en la crisis del ratón. O sea, en lo de la montaña parió un ratón, que podía ser Mickey o alguien similar.

Así y una vez que los barones del PP, deprimidos y muchos de ellos sin empleo ni sueldo, abandonaron la protesta confiando en las promesas de Rajoy, el jefe que es el amo de todo, se volvió a pasar a sus compañeros y a su partido por el forro del arco del triunfo y al final hizo la crisis con la que le arregla a José Ignacio Wert su viaje de bodas a París. Primero se colocó en la OCDE a su novia, la ex secretaria de Estado de Educación, y ahora se le coloca al ministro Wert de embajador ante la OCDE de París para que ella y él sean felices en los puentes de París donde acaban de quitar los candados del amor.

No tienen vergüenza. A estos políticos de la casta del PP y del PSOE les importa un rábano, o dos, el sufrimiento de la gente y se dedican a colocar en París o en Japón a ministros, secretarios de Estado, novios, amantes, mediopensionistas, o lo que se tercie mientras la gente hace colas en las oficinas del paro y los jóvenes emigran a buscarse la vida. Y luego sale Rajoy y habla de los ‘radicales’ de la izquierda, de los pactos de gobierno que se hacen en contra del PP, y anuncia que viene el lobo de Podemos o un Albert Rivera disfrazado de ángel exterminador.

El discurso del miedo no funciona, ni la mejora de la economía tampoco por más que crezca el PIB. Y Rajoy, se ponga como se ponga, no logrará mayoría absoluta en las elecciones generales de fin de año y si el PP resulta la lista más votada tampoco volverá a ser presidente del Gobierno porque no hay político en España, ni en toda Europa, América o Asia, que quiera renovar a Rajoy el mandato presidencial, salvo que sea un suicida de sí mismo y de su partido.

Vaya manera de Gobernar la de don Mariano. Los sobrinos de Donald en el PP y la salida de Wert en viaje de bodas. Menos mal que entra en el Gabinete aunque sea por poco tiempo Iñigo Méndez Vigo, que es un señor -generoso por aceptar dicho embolado- y persona de experiencia política y buenos modales. Aunque visto lo visto y lo que se viene encima no le arrendamos la ganancia del fin de legislatura porque va a ser de traca.

Naturalmente cuando la oposición le dé el cante de Wert en el Congreso, Mariano sacará de paseo a esa 'extraña pareja' -se llevan a matar entre ellos y fueron muy amigos- que son Chaves y Griñán, y así se empatará el partido de la desvergüenza nacional y en el PP no se moverá un gato y todos irán unidos a la gran Conferencia nacional de julio, que será una especie de aquelarre con el que se pretenderá echar del PP los malos espíritus camino de la próxima victoria electoral que tiene como la única y segura ventaja el que Rajoy no seguirá en la Moncloa, por eso el hombre no quiere adelantar las elecciones y prefiere esperar a mediados de diciembre.

Es decir, aquí, en España, no ha pasado nada y menos que va a pasar hasta que pronto o tarde se inicie la enésima campaña electoral del año. Creíamos que Artur Mas nos iba a dar la alegría de convocar unas elecciones plebiscitarias pero parece que al catalán se le están atragantando las encuestas y puede que no se atreva a tanto ni siquiera para defender la independencia de Cataluña.

Mientras tanto don Mariano a disfrutar de la vida. En cuanto a Wert y su novia pues que sean muy felices y que coman mucho y bien en París. La verdad es que así da gusto, y hay que reconocer que este Mariano es un romántico porque a fin de cuentas todo esto lo ha hecho por el amor en el tiempo de la cólera. Vamos, tenemos un presidente que es un Cupido, empeñado en la felicidad de sus ministros, lo que no está nada mal.