Cospedal, fracasada, medita su retirada

¡Qué tendrá la política! para que María Dolores de Cospedal no se haya marchado a su cigarral de Toledo, o regresado al cuerpo de la Abogacía del Estado. Pues no, de momento ahí sigue, sin peineta ni mantilla, sin mando en la plaza del PP, sin la portavocía y sin la campaña electoral. Con Mariano al mando y Arenas dando morcilla, mientras la Cospedal, deprimida por su fracaso en La Mancha, se harta de comprar ropa y medita qué hacer, antes o después, de la Conferencia política del PP del mes de julio.

A Cospedal le han dado palos desde todos los frentes y de todos los colores, pero ella con tal de seguir, siguió y se tragó los desaires que ha sufrido y ha visto media España y una parte de la otra media. La cosa comenzó cuando pretendió poner orden en la Valencia de Paco Camps y Costa se le subió a las barbas. Luego, quiso nombrar al sucesor de Arenas en Andalucía y el sevillano se la jugó en el último minuto con Juanma Moreno -que es igualito que Javier hace años, otro ¡campeón!-, y otra vez la Cospedal tragando Quina Santa Catalina.

Después le dijo Mariano: ‘llama a Esperanza y dile que si quiere ser candidata en Madrid deberá dimitir de la presidencia del PP de Madrid’. Y la inocente Cospedal, muy ufana ella, llamó a la condesa de Bombay para transmitir las órdenes del capitán general y creó que las carcajadas de Esperanza, acompañadas de un ‘mira cómo tiemblo’, se escucharon en todo Génova 13, Moncloa y hasta en Pekín.

Y a no olvidar el lío de ‘los papeles de Bárcenas’ que ella confirmó a Pedro J. reconociendo los sobresueldos a los primeros dirigentes del partido -salvo a ella-, poco antes que dijera aquello de ‘que cada palo aguante su vela’ y una vez que creyó que Mariano, el de las siete vidas de gato, estaba políticamente muerto.

En castigo por su osadía, Cospedal tuvo que dar la cara con el discurso del finiquito en ‘diferido y en simulación’, que en los anales está del disparate nacional. Sin olvidar otros trabalenguas suyos y apariciones asombrosas que los espías de la Moncloa, que controlan Santamaría y Pico, dicen que son culpa del íncubo y esposo Ignacio López del Hierro, la mano larga que mecía la cuna política de Cospedal.

El pulso de Cospedal con la vice Soraya lo perdió la manchega desde el primer momento cuando una y la otra se tiraban los maridos a la cabeza y entraron en colisión por el control de TVE. Porque salir en televisión era su obsesión a pesar de que no sabía hablar.

Y luego llegaron las justas del 24-M, elecciones para las que María Dolores, sin el menor pudor, se había hecho un parlamento manchego a su medida con reducción del número de los escaños para asegurar la victoria. Y, mire usted por dónde, el tiro -también es cazadora- le salió por la culata cuando Podemos y Ciudadanos entraron en liza. Y, colorín colorado, Cospedal perdió la presidencia de la Comunidad de Castilla-La Mancha como Rasputin perdió a su abuela.

Menuda carita tenía doña María Dolores en la última procesión del Corpus de Toledo, sin la mantilla, la peineta, las perlas y el broche de las otras ocasiones triunfales, mientras el Page, con sus mofletes de conejo de la suerte, se lucía sonriente con vara y medallas como amo de la situación.

Y preguntamos ¿por qué María Dolores no se va al cigarral? No se sabe, puede que después de la Conferencia de julio camino de una puerta giratoria de las que conducen a los consejos de administración del Ibex 35, por eso de la cuota de mujer en las puertas giratorias. Y también para soltarle a Rajoy, en las vísperas de las elecciones generales, un ¡ahí te quedas Mariano! Huyendo Cospedal de su sexta derrota en la secretaria general, tras lo ocurrido en comicios europeos, andaluces, autonómicos, municipales y manchegos.

María Dolores no se va de palabra pero sí de pensamiento, y está a la espera de la mejor ocasión y lo entendemos. Se cuenta que Rajoy le ha ofrecido el sillón de Wert en el Gobierno, mientras Soraya se mondaba de risa y le perdonaba la vida con elogios malintencionados, pero ella declinó la invitación.

Otra señal la de rechazar el ministerio de que está en retirada. Aunque de momento no se va, le cuesta decir adiós, porque mordió el anzuelo de la política y ello le impide romper de sopetón. Pero si a ella o a su malvado esposo les quedan un ápice de olfato o de intuición sobre el cambio de Gobierno que se aproxima, ya debería tener llenas las cajas de sus enseres en Génova 13. Entonces, ¿a qué espera María Dolores para desfilar? Dicen que a la Conferencia de julio, pero le cuesta decir adiós, porque sabe que sale fracasada y que ya no lo puede arreglar.