El Papa Francisco, del rojo al verde

Ya lo dijo él antes de sentarse en la silla de Pedro a la que le quitó el aspecto de trono: "no soy de derechas". Eso le valió al Papa Francisco algún titular mediático que lo presentaba como ‘El Papa rojo’. Y, a decir verdad, sus primeros pasos y sus primeros discursos demostraron su preocupación social y lejanía de los oropeles del poder, así como su pasión por la limpieza vaticana tras expulsar a ‘los cuervos’ de las intrigas, reorganizar las finanzas y perseguir a los pederastas a los que les acaba de crear un tribunal especial.

Ahora el Papa Francisco y rojo se ha vestido de verde ecológico para denunciar la destrucción del Planeta por los poderes de la política y las finanzas, vinculando los daños del cambio climático con la pobreza y la explotación social y a buen seguro que no le falta razón. Así se dice, y lo ha escrito Francisco I en su encíclica ‘Laudatio si’, un texto intenso y apasionado, como es el Pontífice, y que sigue los pasos y las enseñanzas de su santo preferido Francisco de Asís y su hermano lobo, para poner el dedo en la llaga de este planeta azul que pierde lo colores y sus glaciares por vía y causa de la contaminación que genera el crecimiento incontrolado y la excesiva explotación de los recursos naturales.

No hace falta remontarse al Génesis ni al tiempo del Paraiso Terrenal para adivinar que el deterioro del Planeta Tierra y del cambio climático que tantos poderosos han negado -incluido Aznar y un primo de Rajoy- es una lamentable realidad, empezando por el agua y siguiendo por la desforestación y el final de los glaciares de los polos por el sobrecalentamiento de ’nuestra casa’, que es como le llama Francisco, el ahora ‘Papa verde’, ecológico y social, a la estrella más hermosa del sistema solar.

Y preguntamos ¿a cuál de los círculos del infierno de Dante irán a parar todos esos poderosos de la política y el dinero que están intoxicando y destruyendo el clima en el que nos ha tocado vivir, y va a empeorar y dañar el tiempo que les toque a las generaciones venideras? No lo sabemos, pero los poderosos siempre piensan que una confesión a tiempo, unas indulgencias plegarias de las que se vendían a precio de oro en los tiempos de Lutero, o unas donaciones de patrimonio y riquezas a la Iglesias, o a sus distintas órdenes religiosas, lo arregla todo. Como si el cielo con el que sueñan estuviera en venta.

Se ha cuidado y mucho el Papa Francisco de recordar al inicio de su encíclica a sus predecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI, entresacando frases de ambos en favor y en defensa del clima y del medio ambiente. E imaginamos para que no lo tilden de rojo, verde y revolucionario, aquéllos que ven en las palabras del Pontífice una cierta amenaza contra sus negocios. Ahí está ya bramando contra el Papa el ahora candidato republicano a la presidencia de los EE.UU., Jeb Bush III, hijo y nieto de ex presidentes muy guerreros que iniciaron la destrucción de Iraq con sus guerras de las armas de destrucción masiva que nunca existieron y que, tras arrasar aquellos lares, han dejado ese país abandonado de Dios y de Alá sumido en la destrucción, la guerra civil y bajo la amenaza del fundamentalismo islámico.

Los Bush, inmersos como están en los negocios del petróleo, fueron a Iraq a por eso, a por petróleo para ellos o para sus socios, amigos y aliados. Y ahora ya lo ven, las tropas del Califato han tomado la hermosa y romana ciudad de Palmira, en la ruta de la seda y precisamente cercana a las orillas de los ríos Eúfrates y Tigris, que es el lugar donde algunos habían situado el Paraíso Terrenal.

Hace bien en cuidarse las espaldas el Papa Francisco porque el Demonio del poder del dinero es capaz de cualquier cosa con tal de prosperar, y este Pontífice les está haciendo mella y un día de estos nos podríamos encontrar con algún episodio de los de misterio irresoluble como el que rodeó la muerte repentina de Juan Pablo I.

Tenemos, pues, un Papa multicolor, blanco, rojo y verde que pone de los nervios a los más altos capitostes del poder mundial. Y dice el Papa Francisco en su encíclica ‘Alabado seas’ que la política no puede someterse a la economía, e incluso llega a decir -como si adivinara lo que ocurre en España- que: ‘la salvación de los bancos a toda costa, haciendo pagar el precio a la población, sin la firme decisión de revisar y reformar el entero sistema, reafirma un dominio absoluto de las finanzas que no tiene futuro y que solo podrá generar nuevas crisis después de una larga, costosa y aparente curación’. Ahí queda eso, don Mariano.

Leído el texto papal ya no sabemos cuál es el color preferido del Papa, si el rojo de la lucha contra postración social o el verde de la defensa del Planeta. Puede que los dos. Y un último apunte, existe una curiosa coincidencia temporal en la primera Encíclica de Francisco porque fue firmada por él -Franciscus- en Roma el día 24 de mayo de 2015. Una obra culta, meditada y apasionante, que incluye mano de acero en guante de seda. Dedicada al cambio climático en el mismo día que en España se comenzaba el cambio político que, con sus luces y sus sombras, empieza a caminar. Cuídese mucho el Pontífice porque ha entrado en un terreno escabroso donde los depredadores del Planeta suelen ser implacables y no se lo van a perdonar.