Carlotti, el rojo

Muy pronto le oiremos a Rajoy recordar que el Consejero Delegado de Antena 3 TV y vicepresidente de A3media, Maurizio Carlotti, colaboró en los años 90 con el PCI y el ‘compromiso histórico’ de Enrico Berlinguer. Y que, en consecuencia, continúa siendo un topo comunista ahora infiltrado en los grandes medios de comunicación de España. Y de ahí ‘el martilleo’ que el Presidente del Gobierno denuncia de las televisiones en contra de su persona, su gobierno y el PP, con una clara alusión a Carlotti, el rojo, y a La Sexta TV. No en vano fue en sus programas políticos donde saltaron a la fama Pablo Iglesias y Podemos, lo que en principio causó alborozó en las filas del PP porque dañaba al PSOE, pero al final les produce pavor porque la inagotable corrupción de ‘los populares’ también llega como torrente imparable a los espacios informativos de esa televisión (y de otras aunque en tono menor).

Decía Emilio Lledó, el nuevo Premio Princesa de Asturias, en el programa del Gran Wyoming de La Sexta TV, que en España hacía falta el regreso de ‘la decencia’. El filósofo lo explicó señalando que la corrupción es uno de los grandes problemas de España porque los políticos con responsabilidades en la corrupción no pueden ni deben tomar decisiones que afectan a la mayoría de los ciudadanos. Lledó estaba haciendo el retrato de Rajoy y en el palacio de la Moncloa se escuchaba el llanto y crujir de dientes de los condenados al fuego eterno de las derrotas electorales en cadena -europeas 2014, andaluzas marzo 2015, municipales y autonómicas 24-M 2015- del Partido Popular que se ampliarán a las catalanas del 27-S y generales de noviembre venidero.

Y ¿quién tiene la culpa de esta hecatombe electoral del PP? Pues todo el mundo menos Rajoy y el PP. Desde los votantes de extrema izquierda que vociferaban en las plazas y calles del 15-M -a los que el Gobierno les ha impuesto el correctivo de la ‘ley mordaza’ que multa a los manifestantes- a los periodistas que van, como los gitanos de García Lorca, por el monte solos del ciberespacio de internet. Y, por supuesto, los grandes canales de la televisión que hacen una información política escorada hacia la izquierda, como es el caso de La Sexta TV (a La Cuatro ya le ha puesto el bozal ese ‘gran demócrata y político ejemplar’ que es Silvio Berlusconi), una televisión que se crió a los pechos de Zapatero (y con la ayuda de Juan Abelló) y está bajo los auspicios del Grupo Planeta que, con tacto salomónico, colocó sus cadenas en dos frentes paralelos: Antena 3 TV en el conservador y La Sexta TV en el flanco progresista.

Pero Rajoy lo quiere todo, TVE 1, TVE 2, TVE 24H, Telecinco, La Cuatro, Antena 3 y La Sexta, más los gatos maulladores y catolicones que traicionan el discurso del Papa Francisco con disparates ultramontanos y convocatorias de manifestaciones en contra de la legalidad democrática y electoral. Pero la rebelión de La Sexta TV- donde también habitan los ‘maruhendas’ y portavoces del PP- desespera a Rajoy por el éxito de su audiencia y la calidad de sus programas de debate e información, en contraste con la banda tonta de los camorristas del PP que inundan RTVE. Así se vio en la noche electoral del 24-M y así lo sienten una mayoría de ciudadanos que se interesan por la política.

Ahora resulta que Carlotti, el rojo, es el malo de la película del PP. El peor enemigo a batir antes de las elecciones generales del mes de noviembre. Pero la caza de este empresario y editor mediático veneciano llega tarde porque en las altas esferas del poder de las empresas y las finanzas del país a Mariano Rajoy ya lo empiezan a ver como un enfermo terminal de la política, al que los médicos solo le dan seis meses de vida y alquiler del palacio de la Moncloa.

Rajoy es un cadáver político que deambula como zombi furioso por las pasarelas rotas del poder, y los ricos y poderosos lo saben mientras buscan en el horizonte las caras nuevas y jóvenes de los pronto futuros gobernantes, Rivera y Sánchez, con o sin pactos con el PP pero en todo caso sin pactos con Rajoy, porque como ha dicho el sabio Lledó quien tiene responsabilidades políticas en la corrupción de su partido -‘o de sus ‘amigantes’ o mangantes’- no ha de tener poder para decidir sobre aquello que afecta a los ciudadanos.

Ese es el caso de Rajoy, el que impuso la ley mordaza, el que pretende impedir en que los telediarios se vean imágenes de la detención de los corruptos –como pasó con Rato-, y el que desea que los medios no puedan publicar informaciones de los sumarios de la corrupción, como lo ha pretendido el ministro Catalá, otro ‘sorayo’ y enemigo de la libertad de expresión.

O sea, no manifestaciones, no imágenes de corruptos, no noticias de corrupción, y no Carlotti, el rojo, ni La Sexta TV, sino el gran apagón de la información nacional. A ver si en la oscuridad la nave del PP consigue deshacer el hechizo que la convirtió en ‘La Perla Negra’ de Piratas del Caribe, donde Rajoy interpreta el rol fantasmal del viejo Capitán Barbossa.

Estamos una vez más ante el antiguo empeño de la Santa Inquisición, y el todavía reciente de matar a los mensajeros que traen malas noticias al poder para que, de esa manera, nadie sepa lo que pasa y ello facilite la huida de la realidad. Pero ya es tarde para imponer la ley del silencio.

Además el Gobierno ni editores que le acompañan en su última travesía pueden controlar el tsunami imparable de la información que avanza por el mar abierto de Internet. Un territorio liberado que Carlotti, el rojo, no debería de despreciar, por más que ahora le halaguen los infundios que en su contra le lanzan los esbirros del poder al toque de la corneta monclovita que le manda ‘silencio’ a la tripulación, mientras Mariano Barbossa pasea su macabra figura por el puente de mando de La Perla Negra que espera impasible el cañonazo certero que la hará desaparecer.