IU sigue los pasos de UPyD

La ceguera se ha convertido en epidemia en la clase política española. El país ha cambiado su modelo bipartidista PP-PSOE, que incluía a dos pequeñas minorías como IU y a UPyD, por un modelo cuatripartito mucho más equilibrado, donde ya no queda sitio para nadie más al menos a nivel nacional.

Se ha visto con claridad el pasado 24-M y el nuevo modelo se volverá a reeditar en las próximas elecciones generales de noviembre donde a la definitiva desaparición de UPyD se le añadirá la de IU. Porque está claro que en la izquierda nacional no hay lugar para tres y que los dos lugares que en la transición han ocupado el PSOE e IU (y anteriormente el PCE) ahora lo ocupan el PSOE y Podemos en una apretada carrera por el liderazgo del flanco zurdo de la política española.

Después de la grave crisis de IU en Madrid, donde el líder de la coalición Alberto Garzón acabó pidiendo el voto para Manuela Carmena contra la candidatura de su partido en los comicios del 24-M, ahora este Garzón propone que IU se integre -y por lo tanto se desintegre- en candidaturas de ‘unidad popular’ como las de Colau en Barcelona y Manuela Carmena en Madrid, con la infantil pretensión de que los seguidores de Pablo Iglesias renuncien a las siglas de Podemos para participar en ese confuso festival.

Olvida Garzón, y ello es lo más importante, que Podemos no quiso presentarse a las elecciones municipales y sí a las autonómicas. Y que ya ha decidido asistir con sus siglas a las elecciones generales de noviembre con lo que la propuesta de IU está muerta antes de ponerse en marcha. Y al final no tendrán más opciones que las de disolverse y entrar en Podemos o las de presentarse solos o en compañía de unas minorías que al día de hoy no existen en el plano institucional.

Por distintas vías IU está cayendo en los mismos errores que han llevado a UPyD a su autodestrucción. Con la diferencia, más grave para el partido de Rosa Díez, de que si ella hubiera liderado el pacto con Ciudadanos ahora UPyD sería el tercer partido político del país y no un fantasma en vías de desaparición.

A IU le pasará algo parecido aunque de distinta manera, porque no supieron ni quisieron liderar los movimientos sociales del 15-M, porque permanecen anclados en el viejo PCE, porque sus problemas internos -Tania, Llamazares, Garzón, Cayo Lara, Pérez, etc- no han cesado de crecer, y porque Pablo Iglesias ya les ha dicho que ellos no van a ser los salvavidas de nadie. Por lo que el mensaje de Podemos es claro y tajante: el que quiera competir electoralmente desde la izquierda solo tiene dos alternativas, Podemos y el PSOE.

Máxime cuando todo ello no depende de los militantes sino de los votantes que ya el 24-M se fueron desde IU a Podemos -en las autonomías- como se fueron desde UPyD a Ciudadanos en toda España. Y como se irán la gran mayoría de votantes de IU a Podemos en las elecciones generales, sobre todo si los sondeos electorales le dan a Pablo Iglesias la oportunidad de lograr un espectacular resultado electoral tal y como ellos pretenden.

Sobre todo ahora que Podemos, en las autonomías, con sus listas y en municipios con sus alianzas, ya ha puesto un pie firme en las administraciones regionales y locales del país (además de en el Parlamento Europeo), y tendrá acceso oficial a los grandes medios de comunicación y financiación institucional, cosa que ya no tiene IU, tras su desplome en los comicios del pasado 24 de mayo.

Con todos estos datos, que están encima de la mesa y a la vista de todos, resulta algo patética y políticamente inviable la propuesta de Garzón, Lara y Llamazares en pos de unas candidaturas de ‘unidad popular’ o del mantenimiento de sus siglas. Lo más seguro es que ni siquiera lleguen a participar en esas elecciones porque antes de que les abandonen sus votantes habrá muchos de sus dirigentes que los van a abandonar. Sobre todo si no quieren vivir una experiencia como la de UPyD, que en vez de caminar hacia un congreso van camino de un funeral.