Albert Rivera y la Pimpinela Escarlata

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Lo buscan por aquí en el PP, lo cortejan por allá en el PSOE, ¿dónde demonios está Albert Rivera, convertido en la estrella emergente de la política española, al estilo de la misteriosa Pimpinela Escarlata? Pues Rivera y su partido, Ciudadanos, están pensando mucho y bien todo esto de los pactos de la gobernabilidad porque saben que un paso en falso podría ser mortal para ellos de cara a las elecciones generales de final de año.

Por ello puede que la decisión de Rivera sea lo que se dice salomónica o pretendidamente justa sin tener que partir el niño por la mitad. Es decir favorecer pactos de gobierno con el PP y el PSOE, según los casos, y de una manera equilibrada. Y, como ya han dicho desde Ciudadanos, sin hacer un frente contra nadie y ahí incluidos Podemos y los movimientos sociales que han tenido acceso a las instituciones tras los pasados comicios del 24-M.

Sabemos que Rivera ha almorzado con Rajoy en la Moncloa, después de tomar un café con Pedro Sánchez en Ferraz. Pero no sabemos qué le ha dicho Sánchez sobre su querida enemiga Susana Díaz y sobre los casos de Chaves y Griñán, pendientes de una decisión del Tribunal Supremo. Como no sabemos qué le ha comentado Rajoy al joven catalán a propósito de su pretensión de que los pactos se hagan con aquellos partidos que incluyan elecciones primarias en su organización, algo que para Rajoy es tabú.

Todo eso está, de momento, en el ámbito de lo secreto. Como secreta e incierta es la decisión de Rivera sobre la Comunidad de Madrid donde los últimos casos de corrupción en la trama Púnica -con la imputación de los consejeros del PP Figar y Victoria- puede dañar mucho las aspiraciones de Cristina Cifuentes que, aunque no tiene responsabilidad en las andanzas de Aguirre y del Chino Glez. de la coleta blanca, se ha visto pillada en otro escándalo del PP madrileño que está a punto de igualar los disparates del PP de Valencia, Comunidad que es el paradigma de la corrupción nacional.

Además de en Madrid, Rajoy necesita a Ciudadanos en La Rioja, Murcia y Castilla y León, amén de en numerosas alcaldías. Mientras que Sánchez le ha pedido apoyo para Madrid, donde el PSOE jugó muy fuerte con Gabilondo, y lo mismo espera de Ciudadanos en Valencia y Aragón, y también en otras alcaldías. Y sobre todo en Andalucía, donde Susana Díaz esta nerviosa y no ve el momento de ser investida presidenta.

Ahora bien, para quitarse de encima el mochuelo de las responsabilidades políticas e ideológicas de los pactos, Rajoy, Sánchez y Rivera acaban de poner en marcha la teoría de la separación de la investidura de lo que luego serán las responsabilidades de Gobierno de cada región o municipio. Lo que no es del todo así por más que ellos subrayen que lo importante ahora es evitar el bloqueo institucional.

Lo quieran o no la votación de investidura -por acción o abstención- es un paso decisivo que incluye una opción ideológica y política. Y la prueba de fuego de esa opción de momento está en Madrid. Y ahí no cabe la regla simple de la lista más votada porque en ese caso el PP se llevaría todas las de ganar y Ciudadanos acabaría de comparsa de Rajoy. Por ejemplo, está muy claro que en Valencia, aunque Fabra y Rita sean los más votados, hace falta un relevo político inmediato por una cuestión de limpieza y de coto a la corrupción.

De ahí que Rivera y su equipo directivo van a tener que meditar y mucho sus decisiones porque sin duda les van a marcar. Como le ocurrirá al PSOE con Podemos, o a Podemos con Bildu en Navarra y con el secesionismo en Cataluña.

No va a ser fácil para nadie, y puede que lo más difícil le toque a Sánchez en el PSOE porque el pacto con Podemos supone agarrarse a un clavo ardiendo con el que se pueden quemar. Y sorprende que Sánchez todavía no haya dejado claro a Iglesias que si hacen pactos han de ser como los cantes de ida y vuelta. Y no solo de ida en algunos sitios, mientras los de Podemos pretenden ir por su cuenta y riesgo en Valencia y Aragón.

Y a no descartar en todo esto un ‘menage a trois’, entre Rajoy, Sánchez y Rivera en algunos sitios y ésa podría ser la novedad si Podemos juega a imponer su ley, por aquí y por allá, que era por donde deambulaba en los años revolucionarios de Francia la Pimpinela Escarlata que tanto dio que hablar.

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