Del Palacio de Oriente a la Puerta del Sol

Ha quedado claro que el Espíritu Santo y la Divina Providencia a los que tanto alude y cuya ayuda reclamó Esperanza Aguirre no están de su parte. Ni siquiera San Isidro por más que ella se fuera a la ermita del Santo a comer rosquillas y bailar el chotis, dejando plantada a Ana Botella en el festejo oficial porque la condesa presumía que nunca pisaría la sede del Ayuntamiento en la plaza de Cibeles que calificó de gran despilfarro de Gallardón.

Y daría un ojo de Pedro Arriola, o los dos de Ignacio González -el ‘chino de la coleta blanca’, que por fin se va- por ver como mueve y le brillan los ojos a Ana Botella -buena alcaldesa que ha sido-, como cuando presentó en los Buenos Aires, queridos, la candidatura olímpica de Madrid invitando a los atletas de todo el mundo a tomar una taza de café con leche en la Plaza Mayor de Madrid.

La paloma del Espíritu Santo voló a otra torre de la capital de España y se transformó en una paloma picassiana que se posó en el hombreo de Manuela Carmena, mientras la gaviota herida del PP de Madrid piaba sus penas en el balcón cerrado de Génova 13. La ciudadela oscura de Mariano Rajoy en la que como alma en pena deambula Cospedal, seguida en la procesión de las peinetas por otras damas del PP abatidas en la contienda electoral, Rita, Teófila, Esperanza y Barberá está última tirando petardos para acallar el recuento de billetes de Rus, ‘mil, dos mil, tres mil…’.

Otras damas de otros lares viven momentos de inquietud y desolación. En Sevilla, Susana Díaz echa al vuelo las campanas de la Giralda la conquista la ciudad y otras capitales del Sur, como Cádiz y Córdoba. Mientras tanto y en el recuerdo del poeta de ‘estos Fabio’ en la Itálica famosa, en el seno de UPyD todo es ‘desolación y mustio collado’. Rosa Díez se va derrotada y entristecida porque al ver que llevó a los suyos a una derrota anunciada y que ella pudo haber sido la reina absoluta del 24-M si hubiera pactado con Albert Rivera un proceso de unidad. Como mustia pero dispuesta a subirse al carro de Podemos está Tania, la musa que fue de Pablo Iglesias y que se marchó de IU donde también impera la desolación.

El mapa de España ha cambiado y el cambio empezó en Madrid en aquel 15-M de 2011 de los perro flautas y los abuelos, en la valiente cabalgada catalana de Ciudadanos y en la manifestación de Podemos del 30 de enero en la emblemática Puerta del Sol. Y también con la epidemia de ceguera que nubló la miradas de los señores del poder bipartidista que nunca y a corto plazo volverán y menos con estos líderes y estas reglas del juego de la política que brillan como puñales de bocamanga en la larga ‘noche de tahúres’ -Raúl del Pozo ¿estás ahí?- que ahora se extingue y se deslumbra con los primeros rayos de luz de la soleada mañana del 25-M. En la que todo parece novedoso pero que va a necesitar de pactos, mucho talento y grandes dosis de generosidad.

El kilómetro cero de España empieza en la Puerta del Sol, el lugar donde Cristina Cifuentes espera instalarse si llega a un pacto político con Albert Rivera. La estrella rutilante de este momento político y musical que, amén de reformas democráticas, deberá exigir en la Comunidad de Madrid una auditoría y una investigación de los casos de corrupción que han circulado por allí. Y los que aún están bajo las alfombras persas de la Condesa de Bombay y del Chino Glez. de la coleta blanca, que habrá que airear como las sábanas nupciales de los gitanos en el balcón republicano de la Puerta del Sol. Exactamente en el lugar, un poco más arriba, tic, tac, tic, tac, donde habita el reloj mágico del año y del tiempo nuevo que acaba de comenzar.

Adivina, adivinanza, ¿dónde está Casiopea en el firmamento español? No se sabe. Ni siquiera se adivina la estrella polar que marca el norte de esta andadura ciudadana que empieza a recuperar la esperanza a pesar de los pesares pero conscientes los españoles de lo mucho que hay que arreglar y que pactar.

La caída de la Condesa de Bombay en la tumba que ella misma cavó -‘pico y pala, pico y pala’- ha sido la señal, el Grándola Vila Morena madrileña de aquellos claveles portugueses que ahora florecen en España y anuncian que esto va a cambiar. El primero que lo vio venir fue el rey Juan Carlos I con su abdicación ahora hace un año cuando desde el primer balcón del Palacio de Oriente divisó la acampada primaveral y escuchó los ‘gritos de silencio’ de la Puerta del Sol.