Esperanza Le Pen

Estas elecciones pueden suponer el principio del fin de la carrera política de Esperanza Aguirre. Con esa intención, y no la de ganar Madrid que el PP ya daba por perdido, la nombró Rajoy candidata a la Alcaldía. Cargo que no logrará -por el bien de los madrileños- e institución que abandonará a la primera oportunidad porque no se quedará de concejal. Saldrá huyendo del cargo como se escapó de Bombay dejando a sus compañeros de comitiva a la India metidos en la encerrona terrorista de su hotel. O como abandonó la presidencia de la Comunidad de Madrid, una vez que entendió que tendría que gobernar en la crisis y temió que los escándalos de la corrupción de su gobierno podrían aumentar, como se vio en el caso Púnica que tiene a su ex vicepresidente Granados en la cárcel.

‘Al que le pique que se rasque’ declaró ayer Esperanza Aguirre cuando se armó el revuelo al descubrirse su sueldazo de ‘cazadora de talentos’ en una empresa catalana que le pagaba más de 360.000 euros -‘no llego a final de mes’, decía años atrás-. ‘Rasca y pica’ se llaman los dibujos animados que adoran los hijos de los Simpson, y ese es su último mensaje electoral en este tiempo español de paro y las miserias familiares. ‘Al que le pique -su desmesurado sueldo- que se rasque’.

He aquí el discurso y lenguaje de esta enloquecida candidata del PP cuyos modales y chulería recuerdan el mal estilo de lo que en Francia representa Marine Le Pen. Su petición de expulsar a los indigentes de las calles de Madrid es prueba flagrante de todo esto y de su ideológica y pretendido liberalismo. Al que no ha tenido el menor empacho en añadir, en su bronca y sucia campaña electoral, toda clase de descalificaciones y vejaciones a sus adversarios políticos e incluso a sus propios compañeros de partido.

Como acusar a la candidata de Ahora Madrid, Manuela Carmena, de liberar terroristas -por aplicar la ley cuando ejerció de jueza- o el meterse con su marido. Descalificar por no tener estudios a la candidata de IU o mofarse del candidato de UPyD por la crisis de su partido. O decir con la mayor de las desvergüenzas que en el PP de Madrid no existe la corrupción sino que son casos aislados de personajes corruptos, cuando ya se han descubierto las tramas organizadas en Gürtel, Púnicas y espionajes a su propio partido que dan fe de la calaña política de esta Esperanza Le Pen.

La misma que ha contaminado desde Madrid toda la campaña del PP y la que nunca debió nombrar Rajoy candidata a una alcaldía que esperemos no consiga. Y que se cuide Ciudadanos de facilitarle el camino porque ello se convertiría en el principio del fin de la brillante carrera política de Albert Rivera, por pactar con la responsable política máxima de la corrupción en Madrid y con quien desprecia las más elementales normas democráticas y de las libertades públicas.

Aguirre es la ‘Cruella de Vil’ que sueña con hacerse un abierto de pieles con los 101 dálmatas que en este caso representan al pueblo de Madrid. En su partido no ha dejado títere con cabeza. A Rajoy no cesa de moverle la silla cada vez que le preguntan sobre si ella aspira a sucederle. A Botella he ha hecho la vida imposible en la alcaldía y le ha faltado el respeto y ello ha provocado que la alcaldesa, en un mitin en Madrid la atacara con dureza, a igual que lo hizo su esposo José María Aznar. A Gallardón -con quien ha mantenido toda clase de desencuentros- lo llamó despilfarrador. Como a Cospedal la mandó a tomar viento cuando la secretaria general le pidió que abandonara la presidencia del PP de Madrid. Y que pregunten a Cifuentes sobre el maltrato y marginación que ha sufrido en la campaña madrileña por parte de Aguirre.

Este país necesita un cambio político pero sobre todo de ciertos personajes de la vida pública que, camuflados bajo una máscara patriotera y castiza, se pasean en la escena nacional escondiendo lo peor del autoritarismo y de la corrupción. Algo que el pueblo de Madrid no debería aceptar sino más bien al contrario vetar y rechazar.