El enemigo de Esperanza se llama Aguirre

No le deis más vueltas al misterio porque no es tal y en todo caso es mucho más sencillo de lo que parece: el enemigo político de Esperanza es Aguirre. Es decir, ella misma, que como una furiosa Penélope hace y deshace de una manera constante, y sin esperar al anochecer, el imaginario telar con el que cree que gana tiempo cuando en realidad lo que hace es perderlo sin cesar con su espectáculo de una de arena y otra de cal, que trae de los nervios a la Moncloa y a todo el PP.

Por allí va la condesa de Bombay Esperanza Aguirre, tan locuaz ella, con su lamentable comentario sobre los ciudadanos sin techo que duermen en las calles de Madrid, a los que la condesa marquesada les podría ofrecer un techo, plato de sopa y una cama en su casoplón de Malasaña. O, incluso, unos barracones, limpitos, calentitos y bien acondicionados y con buena cocina en cualquiera de las fincas que su familia tiene en los alrededores de Madrid. Pero de eso nada de nada y dice la doña, sin pensárselo dos veces, que los sin techo, sin casa y sin trabajo dan mala imagen al turismo que se pasea por las calles de Madrid.

He aquí el discurso de ‘los principios y los valores’ de Aguirre, que pronto será llamada a declarar porque un juzgado de Madrid admitió a trámite la demanda que le puso Podemos por decir la condesa que los seguidores de Pablo Iglesias estaban con ETA y los financiaba Venezuela. Otro lío para la reina de los líos que trae de cabeza al PP con sus desplantes a periodistas y sus ocurrencias que solo prueban los nervios que tiene Esperanza por el riesgo que corre la condesa de no lograr la alcaldía de Madrid, donde la tendencia de moda en el centro de la política es votar a Ciudadanos.

Desde luego si sigue así Aguirre se va a estrellar aunque saque más votos que otros porque no encontrará quien le dé una mano en Ciudadanos, el PSOE o Podemos, con los que la doña no tiene mucho que hacer. Es más prudente Cristina Cifuentes que anda tras Aguirre de bombero para apagar los incendios que provoca su compañera de viaje, matizando los disparates de Esperanza y con otros modales que sin duda la acercan más al centro político de la Comunidad de Madrid. Donde la competencia del PP que le viene de la izquierda es más dura que la que soporta Aguirre en la capital.

Además, para que quede claro que ella es del flanco más oscuro del PP, Aguirre ha fichado de telonero de sus mítines al mismísimo José María Aznar, el duro e implacable presidente de honor del PP. Al que Aguirre lleva a sus mítines sobre todo para darle en los morros a Rajoy. Amén de para sacar al PP de toda España del centro político porque la campaña de Aguirre, con sus líos y disparates, acabará por marcar toda la campaña electoral del PP a nivel nacional. En realidad a Aguirre solo le falta invitar a Rouco Varela para que dé una charla sobre el aborto y el pecado, ahora que sus sucesores al frente de la Conferencia Episcopal piden perdón por no haberse ocupado, como debieran, de los pobres y desamparados que Aguirre quiera sacar del centro de la ciudad, por aquello de ‘lo que no se ve no existe’.

Sí es verdad que Rajoy, harto de coles y de intrigas, nominó candidata a Aguirre en Madrid para que se estrellara de una vez. Le ofreció un Ferrari sin frenos y ella se subió encantada por si tenía que salir huyendo de los policías madrileños de movilidad. Pero mire usted por dónde, Podemos la ha cazado por presunta difamación calumniosa y lenguaraz. Y ¿qué dice la condesa? Pues: ‘de eso no hablo’, ‘otra pregunta’, ‘esto no es una rueda de prensa’, ‘se acabó la entrevista’.

Lo de ir a los platós, a ser posible en todas las televisiones controladas por el PP, le encanta a Aguirre, pero eso de los reporteros que la siguen por la calle con los micrófonos en ristre a la espera de que suelte el disparate de cada día la incomodan. Y cuando ya no puede más, Aguirre los manda a hacer puñetas y entonces todos se van tan contentos con ese titular.

Además un día dice una cosa y al siguiente la contraria y le da igual. Le ha pasado con Rodrigo Rato, su amigo del alma, del que primero renegó, luego disimuló y finalmente ya no sabe que decir mientras se acoge a las nuevas consignas del PP de que fue una mano negra la que le dio el cogotazo para meterlo en el coche policial. ¿En qué quedamos? Pico y pala, pico y pala, de Esperanza frente al tic, tac, tic, tac de Iglesias, que ahora la espera en los tribunales, aunque ella confía que no la llamarán a declarar mientras dure la campaña electoral.

Esperanza es más simpática y Aguirre es más borde, y ha inundado ya tanto los medios de comunicación que cansa, produce hartazgo y hasta rechazo. Y es cierto que tienen sus fans, pero está hecha una pelmaza que no para de enredar y de colarse por aquí y por allá, y eso que aún no ha comenzado la campaña electoral. Ella es su peor enemiga, Aguirre contra Esperanza, ya lo verán.