Albert Rivera en... ‘Buscando a Nemo’

Veo a Albert Rivera como si fuera el mismísimo Nemo, aquel pequeño pez rojo que muchos buscaban, su padre y amigos para salvarlo, y los más de sus enemigos para zampárselo en un santiamén. Y ahí incluido y con una especial fiereza el tiburón Iglesias que ha convertido a Ciudadanos en su nueva obsesión.

No se me va de la cabeza la imagen del pretendido nuevo líder de la izquierda y del cambio español Pablo Iglesias dando volteretas delante del Rey Felipe VI en el Parlamento Europeo (¡ay si el verdadero Pablo Iglesias levantara la cabeza!) antes de regalarle la colección de la serie ‘Juego de Tronos’. Si Pablo Iglesias renuncia a la izquierda para ganarse el centro se va a equivocar.

Todo ello en el día después del aniversario de la República del 14 de abril al que los de Podemos no asistieron, por orden de Iglesias, porque ahora resulta que ellos ya son un partido dinástico, como la casta PP-PSOE, más moderados que Ciudadanos –a los que ponen a bajar de un burro- y mucho mas listos que nadie porque acaban de estrenar su nuevo disfraz – enésimo- con su tercer o cuarto programa económico donde al parecer y por primera vez le salen la cuentas: dos y dos, son cuatro.

A Rivera/Nemo lo persiguen Iglesias, Aguirre y Susana, cada uno con su rollo especial y la lozana andaluza con una ansiedad inusitada, mientras intenta tapar a Chaves y a Griñán. Lo que tiene difícil porque estos dos de los ERE están a la vista de todo el mundo, y máxime en estos días de la Feria de Sevilla que ellos cuando eran presidente solían frecuentar como si fueran los virreyes de Andalucía.

A Manolo Chaves, siendo presidente de la Junta de Andalucía y cuando estaba a punto de entrar en La Maestranza de Sevilla para asistir a una corrida de toros de la Feria, un paisano que venía de las casetas del Real, harto de manzanilla y de bailar sevillanas con el arte de la vicepresidenta Soraya, se acercó a la bulla de la puerta de la plaza y viendo a Chaves le dijo: ‘adiós cabezón’.

Acto seguido una pareja de la Guardia Civil se llevó detenido, codo con codo y puede que con algún cogotazo como a Rato, al espontáneo como si fuera el mismísimo Antoñito el Camborio: ‘a las nueve de la noche/ lo llevan al calabozo/, mientras la noche reluce/ como la grupa de un potro’. Escribía nuestro inolvidable Federico García Lorca, del que ahora sabemos que sus asesinos del franquismo lo fusilaron por ‘homosexual y masón’.

Chaves, que todavía no ha reconocido la estafa de los ERES como su examigo Griñán, dice que se va de la política pero no del escaño, es decir que se queda porque Pedro Sánchez es un calzonazos incapaz de poner orden en el partido, mientras pide la cabeza de Trillo y Martínez Pujalte. Los dos ‘asesores in voce’ del PP que se lo llevaban calentito dando consejos a un constructor (el que podría ser la tapadera comisionista de las ‘eléctricas’) y puede que a la vez enviando recaditos al presidente de Castilla y León para que el constructor, que tanto admiraba, la sabiduría de Trillo y Pujalte, dos catolicones que al infierno irán, ganara los concursos públicos como por arte de magia o por su especial habilidad.

Así están las cosas al día de hoy en Sevilla y en Madrid, y no digamos en Valencia, donde ‘la mujer de rojo’ que es Rita Barbera está que se la llevan los diablos con la aparición de sus facturas de lujo total. Como aquellos bolsos que le regalaba 'El Bigotes' o los amigos de Correa, unos regalitos a los que ella no les daba importancia aunque fueran de Hermés o Vuitton y valieran un pastón.

Y toda esta pandilla de ‘presuntos implicados’ son los anclajes que los partidos de la casta, PP y PSOE, llevan a remolque mientras piden votos y apoyos políticos de todo orden, como los que Susana Díaz reclama a los de Ciudadanos, a ver si pican el anzuelo andaluz que la doña tiene puesto en el Guadalquivir, que no es menos peligroso que el que Esperanza Aguirre le ha puesto a Rivera en el Manzanares, o Rita en el Turia. Porque, de tiempo a esta parte, vemos a Albert Rivera en el papel del encantador y pequeño pez rojo, Nemo, al que todos sus malvados enemigos se querían comer. Pero Nemo era tan listo como escurridizo y, afortunadamente, el cuento acabó bien.