Rato en su ratonera

Si es cierto todo lo que se está publicando de Rodrigo Rato en relación con su decisión de acogerse a la amnistía fiscal el 2012 y los ejercicios fiscales de 2013 y 2014, así como al verdadero alcance de su patrimonio y presunta trama empresarial de casi 40 sociedades. Si todo esto es verdad y se prueba que Rato mintió a Hacienda al acogerse a la amnistía -lo que la anularía- y que en los años posteriores fue autor de fraude fiscal, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes (para eludir fianzas en el caso Bankia). Si todo esto es así y se le añade a los presuntos delitos cometidos por Rato en Bankia, se podrá decir que a Rodrigo Rato ha sido cazado en su propia ratonera.

Si todo esto es así (aunque las cifras no sean del todo exactas y los datos societarios estén por confirmar porque Rato niega algunos de ellos), al exvicepresidente del Gobierno de Aznar, exdirector del FMI y también expresidente de Bankia, le espera un duro y largo proceso judicial, probables condenas de cárcel, e importantes sufrimientos personales y familiares. Al margen de las consecuencias que ello ya tiene para el PP, y tendrá para la historia reciente de este partido, y para los gobiernos de Aznar y Rajoy que quedarán marcados por semejante escándalo dada la notoriedad de Rato y el alcance y gravedad de sus presuntos delitos.

Un caso de los que se dicen ‘de libro’, porque en Rato se ejemplarizan la soberbia personal y la creencia en la impunidad de los poderosos. Los que siempre piensan y pensaban que estaban a resguardo de cualquier riesgo de investigación penal, fiscal y periodística. Y no se han dado cuenta que el ‘Régimen’ de la impunidad y acumulación de poderes de la transición se ha acabado con la explosión de la crisis económica y la corrupción.

Como se acabaron los tiempos del bipartidismo en los que, tanto con el PSOE y como con el PP se pusieron a salvo, de la Justicia, Hacienda y los Grandes Grupos de Comunicación, muchos poderosos de la política y los poderes económicos y financieros del país, gracias a la protección del Gobierno de turno y a la vista gorda y el control de la fiscalía, Agencia Tributaria, la policía y los medios de comunicación en manos o afines al gobierno de turno.

El gran terremoto de la crisis económica y del paro ha provocado una gran rebelión o revolución social, marcada por la indignación ciudadana y por los primeros grandes casos de la corrupción del fin de Régimen, que ahora no pueden controlar los Grandes Grupos de Comunicación porque todo eso se escapa y se filtra por Internet a gran velocidad y con la colaboración de ‘interna’ de funcionarios, administradores, espías y policías. Véanse como ejemplos de todo ello las revelaciones de Snowden, Falciani, Wikileaks, o las que ahora emanan en España de la Agencia Tributaria y otros centros de poder como los juzgados, la fiscalía y el ministerio de Interior e incluso de los servicios secretos de información.

Pero Rato seguía viviendo como en los tiempos de Aznar -donde también hizo ‘mangas y capirotes’ con un más que sospecho entramado societario-, incluso cuando era el vicepresidente de Economía del Gobierno. Y creyó, que estando de nuevo el PP en el poder bajo la presidencia de Rajoy él aún estaba en la lista VIP de los intocables y mantuvo su opaco entramado de sociedades, negocios sin declarar, fraude fiscal, tarjetas black, etcétera.

Y Rato volvió a hacer ‘mangas y capirotes’ en Bankia, arrasando a los inversores y los depositarios y llevando él -que era el genio ‘del milagro español’ de finales de los años 90-, a ese nuevo banco a la quiebra y al rescate de la UE por valor de ¡23.000 millones de euros! Y todo ello tras haber abandonado, sin explicación, el FMI y tras dejar luego tres cargos importantes en los bancos Santander, Lazard y La Caixa, que le parecían poca cosa para un personaje de su altura, que escondía en el sótano de su despacho madrileño la entrada secreta a la ratonera donde, finalmente, lo acaban de cazar.

El día que Rato se acogió a la amnistía fiscal de 2012 -amnistías que él había rechazado y denunciado como ministro- reconociendo que él era un defraudador, ese día se abrió la veda y comenzó la caza de Rato, porque tarde o temprano alguien lo iba a delatar como así ocurrió. Y ahí comenzó el drama y el castigo ejemplar de Rato convertido con otros, como Puyol, Bárcenas, Matas, Fabra, Granados, Urdangarin, Camps, o como Chaves y Griñán en la gestión pública (aunque no se enriquecieran personalmente), en protagonista de un fin de Régimen donde millones de familias españolas han perdido su empleos, casas y patrimonios, como resultado de la crisis financiera de 2008 y del duro ajuste fiscal por la vía social.

Una crisis de 2008 que Rato -como aún se lo reprochan en el FMI- no supo adivinar. Si no veía lo que se cernía sobre su propia cabeza, como se iba a imaginar lo que pasaría con Bankia o con la crisis financiera internacional. Ahora empezará a darse cuenta de todo, demasiado tarde para reflexionar.