El cementerio azul

lampedusa

La primavera árabe se convirtió en un espejismo de incipiente democracia y libertad para las naciones islámicas del norte de África, pero salvo en la excepción de Túnez –que acaba de sufrir el ataque del terror yihadista- los nuevos regímenes han regresado por el camino de las dictaduras militares, con la excepción de Libia donde la guerra civil y el caos se ha convertido en el pasadizo de los desesperados y desheredados de Dios que huyen del los horrores y el hambre del centro africano en su busca de la libertad, el trabajo y la prosperidad europea. En busca de la vida misma.

Estas personas luchan por llegar a la orilla azul del Mediterráneo, pagan a las mafias del transporte marítimo, con sus esforzados ahorros, un pasaje hacia la libertad, suben apiñados en una embarcación nada fiable, ninguno de ellos sabe nadar y comienza un viaje hacia la vida o la muerte. Y, una vez que tienen a su alcance el barco de la salvación, la euforia desata el alboroto, todos se ponen en pie, se agolpan en la borda de babor, la lancha se inclina peligrosamente por el peso acumulado y finalmente vuelca y los 700 negritos que tenían el cielo al alcance de sus manos, caen al agua y se ahogan.

Italia, la orilla esperada se emociona, el Papa Francisco se indigna, Renzi pide un Consejo Europeo extraordinario, y parece que Europa se mueve ante el alcance de la tragedia. El cementerio azul se ha tragado de un solo golpe la vida de 700 personas, que se suman a miles y miles que ya están en el fondo del mar donde nació la democracia, el culto a las libertades y el crisol de las culturas mas ricas de la Tierra.

¿Qué hacer? Nadie lo sabe. Los gobiernos hablan de buscar apoyos en Libia para evitar el negocio de las mafias y el embarco de inmigrantes. Hablan de cuidar mejor los rescates de las lanchas y pateras para impedir que los inmigrantes caigan al agua. Buscan instalaciones para atender a los refugiados que llegan a las costas europeas, las españolas incluidas. Dan vueltas y mas vueltas al mismo problemas y aprueban planes de ayuda al desarrollo de las naciones centroafricanas, ayudas que se pierden entre las manos de la corrupción.

El problema está en África, en la miseria de esos países, el hambre, las enfermedades y las guerras o el terror como el de los comandos de ese gran asesino sanguinario llamado Boko Haram, al que nadie pone coto, ni un definitivo punto final, al igual que pasa con el Estado Islámico en Siria e Irak. ¿Dónde están los poderosos ejércitos de la libertad, de la OTAN, de los EE.UU., de las grandes naciones europeas, mientras se degüellan a miles de inocentes con una brutalidad nunca vista? Es verdad que algo se mueve a favor de la paz, en Irán, Palestina, Cuba y otras latitudes pero los grandes gobiernos no quieren saber nada del gran drama africano, donde sus multinacionales de las materias primas pasan de puntillas, mirando hacia otro lado.

En el cementerio azul del Mediterráneo están enterradas muchas personas inocentes, desesperadas que soñaron con el derecho a una vida digna, un trabajo y la libertad. Pero en realidad esos muertos del fondo del mar solo son una pequeña parte del gran cementerio del territorio de África. Y ese es el fondo de la verdad que se prolonga hasta el fondo del mar.

 

Sobre el autor de esta publicación