Pablo Iglesias le hace la pelota al Rey

Iglesias rey

Habíamos adelantado en este diario que la serie Juego de Tronos aparecería en el primer encuentro entre el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el Rey Felipe VI, y así fue. El otrora político republicano radical se acercó al Rey en Bruselas, durante el encuentro del monarca con eurodiputados españoles y, rompiendo el protocolo, le regaló a don Felipe VI las cuatro primeras temporadas de la serie Juego de Tronos, lo que el monarca sonriente le agradeció.

Estamos en campaña electoral y la estrella rutilante de la izquierda radical se ha puesto sus mejores pieles de cordero -el vellocino de oro- para acudir a la audiencia del Rey y, como los griegos en Troya con su caballo de madera preñado de guerreros, ofrecerle un regalo de películas que hablan de reinos que hacen magia y guerrean por el control del poder, a ver si con ese gesto los españoles del centro político y la derecha le pierden el miedo a Podemos y se lanzan a votarlos en las elecciones del 24 de mayo.

Por su parte, la dirigente de Podemos encargada de cuestiones económicas Carolina Bescansa se ha reunido con inversores de Merrill Lynch para que los mercados le pierdan miedo al programa económico de Podemos y vean la parte positiva de su plan de recuperación social. O sea, que Iglesias ya es monárquico y Podemos no piensa nacionalizar nada, ni apretar las tuercas a los bancos o las eléctricas, porque están dispuestos a rectificar con tal de que ni el palacio de la Zarzuela ni los poderes fácticos económicos digan que son un peligro para la estabilidad económica y social de España.

En realidad solo le falta a Pablo Iglesias rectificar su discurso de Grecia para completar su bajada de pantalones electoral y su disfraz de ‘casta de medio pelo’, que empieza a causar preocupación y estragos en sus círculos estructurales, convertidos en meros convidados de piedra de las andanzas de este don Juan y embaucador de la política que parece dispuesto a todo con tal de medrar en la próxima jornada electoral.

Bueno la política, con casta o sin ella, en este país suele ser así. Ayer, por ejemplo, Pedro Sánchez se lanzó a degüello contra Rajoy y el PP con el argumento de Rodrigo Rato -una continua caja de sorpresas- y sus cuentas opacas en el extranjero que fueron regularizadas aprovechando la amnistía fiscal de su excompañero del gobierno de Aznar, Montoro, al que Sánchez le pidió la dimisión.

No le falta razón a Sánchez pero todo apunta a que con esta invectiva desde el PSOE buscan empatar con el PP el partido de la corrupción que ahora los socialistas iban perdiendo tras el paso por el Tribunal Supremo de Chaves y Griñán, dos encausados e imputados que además se llevan mal entre sí.

Podríamos decir que Rajoy y Sánchez se tiran sus respectivas corrupciones a la cabeza, mientras Albert Rivera sigue avanzando por el centro político y Pablo Iglesias le hace la pelota al Rey Felipe VI, al que dijo no hace mucho que ‘si quería ser Jefe del Estado debería presentarse a las elecciones’. Pero esa fiebre republicana ya se le pasó a Pablo Iglesias que admira a todos los Reyes de los siete reinos del Juego de Tronos con alguno de los cuales cabe imaginar que se identifica el líder de Podemos.

Quizás en ese pretendido juego Iglesias se presenta como el rey negro de un tablero de ajedrez y ve al Rey Felipe VI como al rey blanco, al que tras una larga partida piensa derrotar. Para ello Iglesias no ha dudado en hacer algunos sacrificios de sus piezas -gambitos de alfil y caballo- con la idea de ocupar el centro del tablero si consigue un buen resultado durante las elecciones del mes de mayo. Y luego, mas adelante pasará al ataque y tras quitarse la celada de su armadura, mostrará su rostro republicano radical.

Así creemos que interpreta Iglesias su particular Juego de Tronos. Pero el tiempo dirá. De momento ya ha hecho unas notorias concesiones para que los españoles lo vean como un corderito blanco y no como la oveja negra de la política nacional. Iglesias está en campaña electoral y sabe que el Rey le da votos y por eso lo ha saludado sonriente y obsequioso -más como súbdito que como ciudadano-, convencido de que su momento aún no ha llegado pero un día llegará. En una parodia que Pablo Iglesias hizo de los mensajes navideños del Rey anunció que sería el presidente de la tercera República Española. Y eso lo saben en la Zarzuela y no lo olvidarán.

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