Hologramas en la política

A los leones de Las Cortes se les erizó la melena cuando comenzaron a pasar ante sus ojos y al anochecer cientos de fantasmas que se proyectaban contra la fachada del Congreso de los Diputados al grito de “no somos delincuentes”. En protesta por la ‘ley mordaza’ aprobada por el Gobierno de Rajoy que castiga con multas demenciales a quienes ejerzan el derecho constitucional de manifestación de manera espontánea.

La creativa iniciativa de la plataforma ‘No Somos Delito’ ha tenido mas repercusión fuera de España que en nuestro país -los españoles somos así- y a buen seguro que pronto tendrá imitadores en el ámbito de la política y en otros campos. Y puede incluso que dentro del propio Congreso de los Diputados para de esa manera rellenar, con el holograma de los diputados ausentes, los escaños vacíos en muchos debates parlamentarios como ya ocurrió en el último sobre el ‘estado de la nación’.

A lo mejor, si los partidos se pusieran de acuerdo, se podrían suplantar con hologramas de sus más entusiastas militantes la concurrencia a los mítines electorales de esta primavera de manera que los discursos y los programas fueran distribuidos por Internet, con gran ahorro de gastos lo que sin duda rebajaría los casos de la corrupción. Además, así evitaríamos el ruido de la campaña electoral de la que ya estamos cansados antes de que empiece. Y, en todo caso, esa técnica les permitiría a los líderes estar en campaña y con el mismo discurso en distintos lugares y a la misma hora.

E incluso un holograma proyectado podría interrumpir a un orador en plena campaña electoral, ofreciendo la imagen del reverso o del lado oscuro de su pretendida inocencia. Por ejemplo, Zapatero diciendo que “no hay crisis” en un acto de Pedro Sánchez; o Aznar afirmando que “en Irak hay armas de destrucción masiva”, durante un mitin de Rajoy.

Pero los hologramas también pueden proyectar, como ocurrió días atrás en el Congreso, las demandas de los desamparados ante los más altos centros del poder nacionales e internacionales, de igual manera que van a permitir la presencia transoceánica y en directo de presentaciones y debates tanto en el campo político como el ideológico, social y cultural. Y ganas tenemos de que en el Teatro Español se nos aparezca El Comendador durante la cena de Don Juan.

En realidad quien habría hecho uso de esta tecnología en los pasados años de su presidencia habría sido Rajoy, siempre tan propicio a no aparecer, por más que ahora en estos tiempos de tribulaciones electorales el presidente no para de personarse por tierra, mar y aire. Empeñado como está que las siglas del PP no se oculten y que nadie reniegue de su presencia como da la impresión que lo hacen algunos de sus dirigentes regionales en línea con la ‘doctrina Monago’.

Es verdad que las videoconferencias han permitido en muchos casos hacer acto de presencia en reuniones y debates a larga distancia, pero no es igual que esa imagen tridimensional, fantasmal y evanescente de los hologramas que tiene desconcertado a Fernández Díaz, el ministro de Interior. El amo y señor de la Ley Mordaza, quien a buen seguro que está estudiando el modo y manera de impedir esta nueva fórmula de manifestación. Puede incluso que contratando a los ‘cazafantasmas’, lo que podría ser una solución, pero a la vez un riesgo porque son más los fantasmas de carne y hueso que hoy deambulan por el escenario político español.