El que insulte perderá las elecciones

Rosa-Díez

Los españoles están muy indignados por la crisis económica y por la gran corrupción y no se tragan las bonitas promesas a futuro y menos aún las que provienen de los dos partidos que los han llevados a su postración y problemas actuales, como son el PSOE de Zapatero y el PP de Rajoy. Y lo que es muy claro: quieren el cambio político y han acogido para ello a los dos nuevos partidos nacionales Podemos y Ciudadanos. Por eso si desde ‘la casta’ PP-PSOE se insulta o descalifica a los nuevos partidos y sus líderes para que los votantes les han abandonado y regresen al bipartidismo, se van equivocar porque los que siguen a Pablo Iglesias y Albert Rivera recibirán los ataques como si fueran contra ellos mismos.

Lo ha entendido muy bien Pedro Sánchez cuando pidió a sus candidatos que insulten ni descalifiquen a sus adversarios. Y lleva tiempo haciéndolo Albert Rivera, evitando polémicas y ofreciendo una imagen de respeto y ajena a cualquier agresividad a pesar de los muchos ataques recibidos y de manera especial de Rosa Díez –y así le va ella- y últimamente del PP e incluso de Podemos, partido este que no se corta un pelo en su denuncia de ‘la casta’, aunque parce haber moderado su discurso porque creen que van a conseguir también votos del centro.

Sin embargo los del PP está en la estrategia del ‘a por ellos, oeee...’ y no dejan títeres con cabeza. A los de Podemos los ponen a escurrir y les han dicho de todo: amigos de ETA, bolivarianos populistas, comunistas, etc. A Pedro Sánchez Rajoy lo tildó de ‘patético’, a Albert Rivera y a título de un insulto le han llamado catalán, ciutadan, y Naranjito entre otras lindeces. Y de manera general Rajoy, Cospedal, Aguirre, Pons, Floriano y algunos otros dirigentes del PP suelen llamar a sus adversarios de la oposición un poco de todo: populistas, demagogos, zascandiles y adanes, cuando no se mofan de ellos y les dicen que buscan candidatos por los bares, crecen de experiencia, etcétera.

A nivel personal y desde que se inició la legislatura Rosa Díez ha sido la reina de la descalificación contra todo y contra todos y especialmente y de un tiempo a esta parte contra Rivera y, finalmente, contra sus compañeros de partido a los que ha llevado a la ruina, y para colmo les acusa de haberla engañado a ella. Da la impresión que Rosa Díez lo único que pretende es quedarse a solas con las siglas de UPyD, convencida que todos los demás fracasarán y que, al final, el pueblo español al completo peregrinará a las puertas de su casa a pedir su regreso a la política nacional.

Pero de momento Rosa sigue con su natural agresividad expulsando sin parar, de un partido que ya no existe, a sus compañeros y dirigentes con cargos o sin ellos, y ofreciendo un espectáculo lamentable, que debió de comenzar con su dimisión y la convocatoria del congreso de UPyD a los pocos días de su derrota en Andalucía. Pero ella es así.

Y ahora, desaparecida UPyD de la escena nacional, son los del PP los que se llevan la palma de los insultos y las agresiones, aunque da la impresión de que por la cuenta que les trae ahora evitan atacar a Ciudadanos, a ver si se camelan al ‘naranjito catalán’ y consiguen que les apoyen en Valencia y en Madrid.

Lo malo de la agresividad del PP, que tan malos resultados les da como se vio en Andalucía, es que la han contagiados a sus tertulianos camorristas y cada vez que aparecen por radio y televisión difunden un ruido atroz que espanta a los votantes del centro e incluso de la derecha. Y sobre todo a la gente joven, las nuevas generaciones, ‘los milenios’ les llaman en USA, que suelen ser muchos más abiertos y dialogantes que sus padres, abuelos y entorno social conservador.

El que más grita, se suele decir, es el que menos razón tiene. Y eso le ha pasado a Rosa Díez y le está pasando al PP. Allá ellos con su estrategia y el tiempo -dentro de cuarenta días- ya dirá de qué les sirvió la agresividad.

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