Rosa Díez lo sabía, y atacó a Ciudadanos

Cuando en la campaña de las elecciones andaluzas Rosa Díez escribió en El País un duro e innecesario artículo contra Ciudadanos ella ya sabía que UPyD fracasaría de manera estrepitosa en esos comicios. Pero en vez de aprovechar la tribuna para tender puentes hacia Albert Rivera y prevenir las inevitables consecuencias del desastre en UPyD, utilizó el periódico para quemar las naves del diálogo e impedir el acercamiento de los dos partidos, lo que desde hace tiempo habían reclamado algunos dirigentes, militantes y votantes de ambas formaciones.

¿Por qué actuó así Rosa Díez? Pues todo apunta que para seguir al mando de lo que va quedando de UPyD con el apoyo de su ‘guardia pretoriana’, y al estilo de la vieja política y del leninismo felipista que ella aprendió en el PSOE. Y todo ello con la excusa reiterada de sus ‘principios y valores’, que no serán tan buenos como ella cree cuando no los votan mayoritariamente los ciudadanos. Y que, por lo que se ve, son parte de un fracaso anunciado.

El que se inició con el acoso y el linchamiento de Francisco Sosa Wagner porque fue el primero en advertir, tras las elecciones europeas de 2014, que UPyD había tocado techo y necesitaba ampliar su base electoral una vez que no lograba ser una alternativa sólida para recoger los votos que huían del fin del bipartidismo, mientras Podemos y Ciudadanos irrumpían con fuerza en la política nacional. De ahí la duras críticas de Sosa Wagner a la ceguera y autoritarismo de Rosa Díez y la petición de negociaciones y de un pacto electoral con Ciudadanos.

Pero Rosa Díez, celosa del joven liderazgo de Albert Rivera, liquidó por las bravas el proceso de unidad electoral de UPyD con Ciudadanos, perdiendo ella y su partido una oportunidad de oro que habría convertido en realidad sus sueños de ser alternativa de Gobierno en España. Pero sus modales y ambición personal la llevaron a cerrar a cal y canto las puertas de UPyD con el argumento de su pretenciosa ‘perfección democrática’, a la que ella parecía haberse convertido tras su paso entusiasta por el felipismo del GAL y la gran corrupción de su tiempo en el PSOE, lo que ella nunca denunció.

La travesía del desierto de Rosa Díez hacia la fundación de UPyD y su posterior labor de oposición en Europa y España fueron buenos ejemplos de hacer política y propuestas, y les permitió cosechar éxitos electorales limitados hasta lograr en 2011 un grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados. Mientras en Madrid, Ayuntamiento y la Comunidad, Luis de Velasco lideraba con éxito los escaños de UPyD y Sosa Wagner lo hacía en el parlamento de la UE.

Pero la cuestión esencial era la de ¿cómo salir de la minoría de UPyD hacia una gran fuerza política nacional, rompiendo el corsé de la ley electoral? Un corsé convertido en la excusa permanente de Díez para justificar los débiles resultados de su partido, que luego Podemos y Ciudadanos lo han roto con ímpetu, juventud y capacidad de provocar entusiasmo hacia una nueva política y unos nuevos políticos -y Rosa no lo es- que garantizaban un cambio notable y verdadero.

En enero Pablo Iglesias convocó mas de 100.000 personas en la Puerta del Sol. Albert Rivera reunió a mas de dos mil en el Círculo de Bellas Artes de Madrid para presentar su programa económico, y Rosa Díez convocó una manifestación para pedir la dimisión de Rajoy y los presentes no llegaban a doscientas personas. Y en lugar de dimitir y dar paso a otros dirigentes o de pactar con Ciudadanos, ella se enroca en sí misma y dice que lo importante es ‘su política’ y no los votos y o la actuación de los ciudadanos, lo que es el colmo de la soberbia. Porque ¿cómo se puede hacer política sin votantes en una democracia?

Y así cuando a principios del presente año las encuestas comenzaron a dar a Ciudadanos expectativas importantes de voto, Díez, negando la realidad -como una madrastra ante el espejo mágico del CIS- se enfadó y decretó por su cuenta que esos datos serían pasajeros. Incluso pensó que el adelanto de las elecciones en Andalucía le permitiría demostrar que UPyD estaba fuerte y lograría varios escaños en el sur -‘uno como poco en Málaga’, dijeron-, mientras Ciudadanos quedaría fuera del parlamento andaluz. Pues ha sido al revés y Rivera sumó nueve escaños andaluces.

Y cuando Díez se percató de su error, viendo el éxito de los mítines de Ciudadanos en Andalucía mientras ellos jugaban con sus toallitas, fue cuando lanzó en El País su artículo/obús en contra de Ciudadanos para dinamitar los puentes e impedir los pactos. Y que los suyos, quemadas las naves, no pudieran sentarse a negociar con un Rivera al que ella acabada de denostar y que en contra de lo que piensa Rosa Díez siempre estará a favor del diálogo porque su talante es democrático de verdad.

Así conocido el resultado andaluz Rosa Díez convocó una rueda de prensa sin reconocer errores ni la posibilidad de dimitir. Y la crisis de UPyD -que es la de Rosa Díez- se abrió de nuevo y de par en par con dimisiones de dirigentes y diputados, anunciando la fuga masiva de votantes de UPyD hacia Ciudadanos con vistas a los comicios municipales y autonómicos del 24 de mayo.

¿Hay alternativa en UPyD a esta situación? Creemos que sí y que personas como Irene Lozano -a la que el loco de Gorriarán llamó ‘irresponsable’, como antes había llamado ‘corrupto’ a Sosa Wagner- la podrían liderar en favor de un pacto con Ciudadanos para consolidar una gran fuerza política de centro, que incluso podría llegar a gobernar. Sobre todo ahora que en la muralla del bipartidismo se ha abierto una brecha importante como lo anunció meses atrás Francisco Sosa Wagner, quien observando estará la dramática situación de UPyD con una justificada sonrisa y también con perplejidad porque ve cómo sus antiguos compañeros de partido caminan, como si de una secta se tratara, hacia un suicidio político colectivo del que no podrán escapar.