Ciudadanos es la estrella polar

El sábado Rajoy estaba de los nervios en Valencia. Arriola le había pasado las últimas encuestas de Andalucía con una nota ‘ad hoc’: ‘al soldado Bonilla no lo salva ni la legión’. Fue entonces cuando, y cabreado como una mona, Rajoy tronó en el mitin fallero del caloret y se lio a palos con tirios y troyanos, y llamó ‘adanes y zascandiles’ a sus adversarios del sur. Era demasiado tarde para irritarse, como cuando se enfadó en el debate de la nación llamando ‘patético’ a Pedro Sánchez que, a los puntos, lo derrotó.

Rajoy, en estos tiempos cervantinos, sabe que el culpable de la derrota es él con su triste figura, modales tensos y cara de pocos amigos y no el soldado Moreno Bonilla que el pobre hizo lo que pudo y le dijeron. Y que hasta se vistió con sus mejores galas deportivas para hacer footing en la jornada de reflexión a los pies de la Torre del Oro de Sevilla, el lugar en el que exhibió su última sonrisa.

Pero hete aquí que un tornado llamado Ciudadanos -‘Ciutadans’ o incluso ‘Naranjito’ para el PP- ha puesto patas arriba el centro de la política y abrió la caja de los truenos en el Partido Popular donde nadie, ni Rajoy, Arenas, Santamaría o Cospedal acompañaron a Juanma en la dramática noche de las elecciones andaluzas que anuncian el fin del bipartidismo y la salida del PP del centro político que ni Esperanza Aguirre ni José María Aznar, ambos muy a la derecha con sus ‘principios y valores’, están hoy en condiciones de recuperar.

Esto se veía venir pero se taparon los ojos y los oídos como un Ulises ciego y temeroso de los cantos de sirenas y la realidad y por ello no hicieron en enero el Congreso de la renovación del PP que debían de haber hecho. Se limitaron a la Convención del auto bombo del partido donde Aznar, convertido en oráculo de la situación avisó de la tormenta perfecta que se cernía sobre ellos: ‘¿dónde está el PP, de verdad quiere ganar las elecciones?’

Se acabó el tiempo de las cábalas, las encuestas y las predicciones de los analistas de ocasión. Ahora, estamos en el momento de los resultados y de los votos y el tiempo se agota y cabalga a gran velocidad. Por ello ya no valen medias tintas ni disimulos en el seno del PP porque las citas electorales que en cadena están previstas en Madrid, Valencia y Barcelona serán definitivas para el futuro del PP que no se arregla ni con el medio millón de empleos que Rajoy promete de aquí a final de año, porque esa no es la solución.

Hasta los poderes económicos se han dado cuenta del vuelco electoral y cortejan a Ciudadanos en el menoscabo de la gran coalición con la misma intención que en la sala de máquinas del PSOE -Prisa y felipismo- se está cortejando a Albert Rivera a ver si el catalán, el político de moda incluso a punto de alcanzar a Pablo Iglesias, acepta entrar en el juego de los pactos con el PSOE. Lo que para él y Ciudadanos podría resultar fatal si acepta tan comprometido baile antes de las elecciones generales de principios de 2016.

En el PSOE Pedro Sánchez está contento con la victoria ajustada de Díaz en Andalucía que la obliga a pactar, negociar y bracear en aguas revueltas y muy difíciles de nadar. Pero Sánchez sabe que el Podemos andaluz no es el mismo de Madrid y que en la capital de España, y en Valencia y Barcelona, tendrá su prueba de fuego antes de llegar a los comicios generales que los de Podemos querían ganar, y ahora los de Ciudadanos también.

El diseño de un mapa político entre cuatro partidos, PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, está cantado pero falta por conocer el orden de llegada de tan apretada carrera electoral, porque quedar primero y segundo será decisivo y fundamental. Y hay barcos que llevan el viento de popa por su novedad y otros que lo tienen de proa y van lastrados por la corrupción, asunto que en las campaña nacionales -aunque no lo fuera para Andalucía- será crucial.

La batalla electoral que se inició en el sur se librará en el centro político del tablero nacional. Siempre fue así y el que no lo entienda se equivocará. Y si el PP se va a la derecha y el PSOE a la izquierda para controlar el ascenso de Podemos al final será Ciudadanos quien ocupe el centro y se convertirá en partido decisivo de la política nacional. El punto de referencia y equilibrio de una nueva travesía que habrá de guiarse por la estrella polar.