Esperanza, lleva una boa como estola

Ella, Esperanza Aguirre, la condesa de Bombay, se pone el mundo por montera y en menos que canta un gallo es capaz de hacerle un desplante a Rajoy y despreciar olímpicamente a sus compañeros de partido, Cospedal, Arenas, Cobo y Gallardón. E incluso a su compañera de cartel y candidata para la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, con la que Esperanza Aguirre se lleva a matar -por muchos besitos de judas que se den- sin saber que si Cristina Cifuentes pierde las elecciones a la Comunidad la izquierda triunfadora levantará las alfombras de la Puerta del Sol y hará una auditoria de los mandatos de Aguirre y el Chino I. González de la coleta blanca. Lo que puede resultar, como se dice en el tenis, ‘mortal de necesidad’ para la flamenca lideresa del PP.

La que no ha bajado -ni se lo han pedido- a las elecciones andaluzas para no empeorar la situación del ‘soldado Bonilla, y a la que le acaba de salir otro escándalo en sus inmediaciones con la imputación de su jefa de la campaña electoral, Isabel Gallego, la eterna directora de comunicación de la Comunidad de Madrid de los últimos años del PP. La que ahora como imputada está siendo investigada por la Guardia Civil, sobre un gasto que se dice ‘superfluo’ de propaganda del Chino Glez., que solo es el chocolate del loro en comparación con lo que se ha hecho en esa dirección general en los últimos años, y de manera reciente incluso contra Cifuentes, al parecer utilizando fondos del Canal de Isabel II, gran tapadera de usos y posibles abusos que tarde o temprano aparecerán.

Bastaría con que la Guardia Civil y el juez del caso investigaran todos los gastos de comunicación de los últimos años, y la distribución de fondos de la publicidad, ayudas, subvenciones, avales, patrocinios, etcétera, para ver que hay ahí no vaya a ser que estemos ante un caso flagrante de presuntos delitos de prevaricación y malversación de los fondos públicos en el solo beneficio de medios, empresas y periodistas del entorno de la condesa y su mayordomo el Chino de la coleta blanca, al que Rajoy le ha dado pasaporte porque no se fía, ni un pelo, de él.

Esperanza no sabe nada de las andanzas de la Gallego, y actúa tal y como si nada hubiera pasado o pudiera pasar. Tampoco sabía nada de las Púnicas de Ganados, ni del espionaje a Cobo y Gallardón, ni de su consejero López Viejo y la inagotable lista de imputados e implicados en la corrupción del PP y la Comunidad de Madrid, ni del ático de su chino Glez. en Marbella, ni de las andanzas de su prima hermana Gil de Biedma, ni del los abusos de Telemadrid, ni nada de nada. Ella, como se suele decir en estos casos, se entera por la prensa de lo que ocurre a su alrededor.

Pero no se entera del riesgo que para ella -y para el Chino Glez.- tendría el que la Comunidad de Madrid cayera en manos de la izquierda porque eso sí que podría suponer el principio del fin de su carrera política, por mas que el Chino de la coleta blanca en su despedida de la Puerta del Sol esté pasando la aspiradora con denuedo y borrando los ordenadores como cabe imaginar, por lo que pudiera pasar.

Esperanza creerá que lleva enredada en su cuello una estola de visón para acudir a una boda y un día de estos cuando se despierte de su ensoñación se puede encontrar con que esa estola que se mueve es una simbólica boa de la corrupción que, en cualquier momento y, políticamente hablando, la podría estrangular. Pero eso, de momento, a Esperanza importa un bledo, un pimiento morrón. Menuda es la condesa de Bombay para echar balones fuera o mentir con un descaro nunca visto en la política nacional.

Pero no hay bien -ni mal- que cien años dure y el crimen perfecto o la gran corrupción perfecta e indescifrable no existe. Y nunca se sabe lo que puede pasar. Se empieza tirando de un hilo fino y enrevesado sobre un asunto que parece de menor cuantía -1.500 €, por ejemplo- y el hilo te lleva a la lana y la lana al ovillo y a partir de ahí todo se puede complicar. De manera que cuidado con las pequeñas historias que se pueden enredar. Ahí está el ático del Chino Glez. que parecía un asunto zanjado y que acabó convertido en la zanja donde acabó la chinesca carrera política del Chino Glez., el que a ver ahora donde se coloca, porque si aparece en ciertas empresas privadas las va a señalar.