La verde y blanca

Allá van las elecciones andaluzas convertidas en banco de pruebas del bipartidismo nacional y en preámbulo de un tiempo nuevo para la política española si se confirma la entrada en el parlamento andaluz de dos nuevos partidos como Podemos y Ciudadanos, lo que sabremos este domingo día 22. Unos comicios donde las fuerzas dominantes PSOE y PP mantendrán posiciones hegemónicas pero sufriendo las novedades que llegarán a la Cámara sevillana por causa del deterioro en la gestión y corrupción de los dos grandes partidos nacionales.

Y de especial manera por los problemas del paro que en Andalucía son especialmente graves, y también los de la corrupción de los casos de los ERE y cursos de formación de la Junta de Andalucía, lo que para colmo y, asombrosamente, no impedirá que el gobierno de Susana Díaz consiga mantenerse como partido más votado del Sur. Por supuesto con la ayuda del clientelismo y del nepotismo político de la Junta, y de su aparato de propaganda -y de chufla y pandereta- de Canal Sur. Lo que impide el castigo electoral que este gobierno socialista -que lleva 33 años en el poder- sin duda merece en las urnas en pos de un cambio radical de la situación.

Como el que reclama el Partido Popular, que a punto estuvo de lograrlo en 2011, pero que tampoco esta vez lo va a conseguir sino mas bien cayendo del pedestal de votos que logró en 2011, por causa de la propia corrupción del PP en la España donde gobierna, y por sus políticas de austeridad no discriminada que ha llevado a millones de ciudadanos a la desesperación.

De manera que el cambio andaluz deberá esperar, pero puede que esta vez comience a notarse porque Susana Díaz deberá pactar y esta vez no lo va a tener tan fácil como en 2011 tras su abrupta ruptura con IU y la llegada por la izquierda de Podemos y de Ciudadanos por el centro. Motivos sobrados para entender que la presidenta andaluza no tendrá todo el poder en sus manos y que su populismo verbal, acusando a la derecha de todos sus males, no le servirá porque, a partir del día 22, también tendrá que abordar las críticas de la izquierda y del centro y compartir su gigantesco aparato de propaganda. Ese Canal Sur, convertido en televisión lamentable de fiestas, toros, cante, romerías, ferias y procesiones en vez de ser un instrumento al servicio verdadero de la información, la cultura y de la formación de los andaluces en pos del empleo.

Es lamentable que a pesar del AVE, la Expo del 92, ingentes inversiones y magníficas infraestructuras, Andalucía en 33 años de gobiernos del PSOE no haya conseguido entrar en la modernidad con un modelo económico sostenible e industrializado, y siga a la cabeza del paro en la UE. Lejos, eso sí, de aquella ‘Andalucía tercer mundo´ que en las vísperas de la transición describió magistralmente Antonio Burgos, pero sin lograr un avance en lo fundamental de su economía y deterioro social.

Manipulando los actuales gobernantes a su favor las señas de identidad que recuperaron los modernos padres del andalucismo y Partido Andalucista, Alejandro Rojas Marcos, Luís Urruñuela, José Aumente, Diego de los Santos y Miguel Ángel Arredonda. Unos políticos ejemplares y honrados que se enfrentaron a la dictadura franquista y con los que estuvo durante muchos años el cantautor Carlos Cano.

El autor de ‘La verde y blanca’ –‘De Ronda vengo/, lo mío buscando/, la flor de mayo/, la flor del campo/ verde blanca y verde…’-, la canción que debió haberse convertido en el moderno himno andaluz. Un Carlos Cano ‘inmortal’ en Andalucía y resto de España que, en su famosa ‘Murga de los currelantes’ ´-que curiosamente ahora cantan los de Podemos- describió a finales de los años setenta un panorama andaluz que, lamentablemente y a estas alturas del siglo XXI, todavía permanece vigente con sus problemas del paro, sanidad, educación, agricultura, emigración y corrupción.

Las encuestas anuncian que, en estas elecciones, no habrá por el momento un cambio radical de gobierno y situación, pero si el principio del cambio político en el beneficio de una nueva Andalucía que tanto lo necesita y que, a medio plazo, llegará.