Les importa un pimiento

Que a la vicepresidenta del Congreso de los Diputados Celia Villalobos la hayan pillado jugando con su iPad a comerse las chuches de Candy Crush tiene una importancia relativa, aunque demuestra una falta de respeto a la vida parlamentaria. Máxime cuando esto ocurre en el debate anual sobre el Estado de la nación donde sus señorías, al menos, deberían de aparentar un cierto interés y estar atentos a los discursos y réplicas de la que se supone que es la gran cita parlamentaria del curso político, y en este caso de final de la legislatura.

Pero no es así, empezando por el propio Líder de la Oposición, que es un cargo institucional y que Pedro Sánchez desprecia como se vio en el hecho asombroso de que, poco después de su intervención en la tarde del martes, se marchó del hemiciclo y ya no regreso más, dejando al resto de oradores sin líder de la oposición en los escaños. Lo que solo advirtió el portavoz del PP Rafael Hernando, que se lo echo en cara ante su escaño vacío, pero no los oradores de las minorías que debieron de aprovechar la ausencia para denunciar la actitud nada democrática de Pedro Sánchez.

Pero Sánchez se marchó, supuestamente a festejar la que considera que fue su victoria parlamentaria -lo que no es verdad- con el argumento de que Rajoy -que es un faltón habitual en la Cámara- lo descalificó ('no da la talla y es patético', le dijo Mariano), aunque él no se quedó corto porque llamó al presidente desvergonzado, corrupto y mentiroso, lo que tampoco estuvo nada mal.

Así, el tal Sánchez se dio el piro y abandonó el hemiciclo, cosa que también hicieron muchos diputados de todos los partidos, e incluidos los portavoces de los grupos catalán Duran i Lleida (que solo viene a Madrid a pedir algo y luego se va); y el recién estrenado portavoz de IU, Alberto Garzón. El que puede que hubiera quedado a escondidas con Tania y con Iglesias para tomar unas cañas y comentar su estreno en el debate que fue más bien flojo o tirando a regular. Estuvo mucho mejor Iglesias en un discurso de réplica a Rajoy en un teatro de la capital.

La que sí aguantó, con su disfraz de moderna incluido y con cara de pocos amigos, fue Rosa Díez, e hizo muy bien. Pero lo de los otros tres, Sánchez, Duran y Garzón, es inaceptable. Y luego se queja la clase política que los llamen ‘casta’, o que los ciudadanos los suspendan con suma facilidad en todas las encuestas.

Y llama la atención que el reglamento del Congreso no incluya ningún tipo de denuncia, sanción, advertencia, aviso, multa o incluso una expulsión temporal o incluso definitiva de la Cámara para quienes, cobrando del erario público, faltan de una manera tan explícita a su trabajo. Y además en los momentos solemnes y de alto interés político nacional, como debería ser el debate sobre el estado de la nación.

Bueno, así está el país y cabe esperar que los aparatos de los partidos que hacen las listas tomen buena nota de las ausencias para excluir a estos que se evaporan el hemiciclo con tanta facilidad. Listas que, por cierto, van a menguar porque la aparición de dos nuevos partidos como Ciudadanos y Podemos van a rebajar el número de escaños de los dos principales, PP y PSOE, motivo por el que ya se detecta una cierta inquietud en las filas de unos y otros. Aunque, por el momento, no demasiada a la vista del cúmulo de ausencias registradas en el gran debate nacional.