El autobús del poder viaja sin conductor

Los señores del alto poder político y económico nacional se nos ponen campanudos y con gran solemnidad nos dicen que en el horizonte político español no aparece por ninguna parte la estabilidad política y que eso va a dañar la recuperación económica del país. Al día siguiente los próceres se llaman y se alarman los unos a los otros porque se acaban de enterar que Artur Mas regresa a las andadas de la independencia y el PSOE y el PP de Cataluña no saben ni tienen nada que hacer.

A algunos de estos señores poderosos se les atragantan los desayunos cuando conocen las últimas encuestas electorales que anuncian la victoria de Podemos como primer partido nacional, tras las elecciones generales del mes de noviembre. Motivo por el que los dueños del poder, político y económico nacional, prometen vía crucis y novenas a los santos patronos de España, para que alejen del país al diablo rojo de larga coleta Pablo Iglesias que, dicen, está poniendo en peligro la estabilidad de la política y al propio ‘establishment’.

En esa penitencia estaban los señores capellanes de La España poderosa mientras viajan juntos, alarmados y sin rumbo fijo en un dorado autobús de la cúpula nacional, en que solo se habla de Podemos (como ocurre de un tiempo a esta parte en almuerzos, cenas, bodas, bautizos y entierros), cuando de pronto algunos de los viajeros empiezan a gritar al descubrir que el vehículo donde viajan ¡no lleva conductor! Aunque al final y con mucho esfuerzo consiguen parar el bus en la Casa de las Américas en cuyo salón bunker se anuncia la presencia de un líder de la derecha: ¡Aznar!

Y, así entre asustados y presurosos, acuden a la llamada de don José María en la presentación de su ‘Instituto Atlántico de Gobierno’, donde muy gustosos dejarán su diezmo, pero con la sola intención o esperanza de ver o adivinar en la mirada del ex presidente del Gobierno la voz de mando y el anuncio de su regreso a la primera fila de la política nacional.

Luego, de regreso a sus hogares, otro sobresalto en el autobús porque en la radio nacional se anuncia que la dirección nacional del PSOE se acaba de encerrar a cal y canto en un rancho madrileño y amenazan con suicidarse todos a la vez, al tiempo que no cesan de gritarse y de darse garrotazos los unos a los otros, con Zapatero hecho una fiera en el centro de la melé. De pronto el locutor anuncia: señoras y señores, el PSOE se se acaba de suicidar, descanse en paz el bipartidismo nacional.

Y así con esa noticia pavorosa, los señores del poder llegan por fin a sus hogares, resoplan y encienden la televisión y, tras divertirse con las aventuras animadas de ese infeliz que es Pedro Sánchez Simpson, reciben con asombro la noticia de que en la calle Alcalá de Madrid hay colas de cientos de personas que pretenden entrar en el Circulo de Bellas Artes para asistir a la presentación del programa económico de Ciudadanos en el acto que va a presidir Albert Rivera.

‘Tiene buen aspecto y buenas maneras, ese muchacho’, se dicen los unos a otros ya en pijama y con batín, por SMS. Y algunos añaden: ‘¡ya lo quisiéramos para líder del PP en Cataluña, en lugar de esa espantosa Alicia en el país de los desastres!’.

Pero cuando en estas estaban, les suena a todos ellos el teléfono oficial de la Moncloa y desde la oficina de propaganda del Gobierno se les dice: ‘¡Mucho cuidado con Ciudadanos, porque nos asegura Arriola que Rivera quita muchos votos por el centro al Partido Popular y nos puede llevar a una gran debacle electoral’! O sea, piensan los poderosos para sus adentros: solo nos queda ¡Mariano y cierra España! el que por cierto se parece mucho a la imagen del santo patrón de la España eterna e imperial.

El autobús del poder descansa en el garaje de la Moncloa tras viajar sin ideas, sin rumbo, sin conductor, sin frenos y por la pendiente más pronunciada del precipicio nacional. Los peligros siguen ahí a pesar de que algunos servicios secretos, policías de confianza, fiscales y jueces controlados y ciertas oscuras maniobras se dedicaron al sabotaje y a manipular y desactivar a los 'enemigos de la Patria' en aras del presunto ‘estado de necesidad’. O, dicho de otra manera mas patriótica: el interés general’.

Se hizo lo que se pudo con la infanta Cristina, se forzó la abdicación del Rey, se taparon las comisiones de Corinna, se han descubierto las fortunas de los Pujol, las cuentas bolivarianas de Monedero, las pasiones de alcoba de Tania, la colección de vespas de Tomas Gómez y los enredos del pequeño Nicolas velando el sueño de Don Arturo en el sofá. Y todo ello con igual facilidad con la que se han perdido los sumarios sobre ordenadores de Bárcenas, o se estrechó el cerco sobre los medios y periodistas independientes y otras muchas cosas más. Pero el espectáculo y el desfile inagotable de escándalos de la corrupción nacional neutraliza todo esto y viste con un sudario al Régimen de la transición en la gran cabalgata del carnaval nacional.

No obstante, inasequibles al desaliento y para redondear el contra ataque de la Moncloa, se han lanzado nuevas consignas por doquier, con instrucciones precisas a medios amigos y a los tertulianos camorristas al servicio del PP. La última trastada fue la de ordenar que al partido Ciudadanos de Albert Rivera le llamen Ciutadans, para que parezca como independentista o, en todo caso, como catalán.

Son como niños, no tienen arreglo y viajan en el autobús dorado del poder sin conductor, sin ideas y sin liderazgo. Y se van a estrellar, mientras Pablo Iglesias triunfa en la TV de New York y Albert Rivera se monda de risa con lo de Ciutadans. Menos mal, piensan ellos, que en Andalucía, la tierra conquistada y último reducto del bipartidismo nacional, la felipona Susana Díaz promete salvar los muebles del PSOE y del PP. Ya veremos, Chaves y Griñán desde luego no la van a ayudar.