Han matado a Charlie Brown

Nos habían avisado de que el año 2015 iba a ser tremendo y ya se ve. Apenas se fueron los Reyes Magos de España y el terrorismo feroz islámico se ha dado un baño de sangre en París arrasando a sangre y fuego la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo, que se había atrevido a publicar unas caricaturas de Mahoma, en línea con su desobediente línea editorial.

En ese brutal ataque han muerto diez personas de la redacción y otros dos policías, y entre ellos su director y tres notorios dibujantes del semanario Charlie Hebdo. Con sus muertes los terroristas han asesinado la sonrisa irónica de la libertad de expresión y han dejado a Francia, Europa y a todo el planeta Tierra sumidos en el espanto y sin encontrar una explicación.

Es como si los terroristas hubieran asesinado a sangre fría al encantador Charlie Brown, el bueno de Carlitos, el amigo de Snoopy, la criatura mas dulce de Schultz, simplemente por haber hecho una pintada simpática en una pared.

¿Qué buscan los asesinos? Imponer su ley criminal de silencio y el final de la libertad de expresión. Que le pregunten a Salman Rushdie, que lleva decenas de años escondido, y a no perder de vista al niño loco y presidente de Corea del Norte Kim Jon Un, el mismo que pretendió con sus amenazas prohibir la proyección de la película ‘La entrevista’ -lo que no ha logrado, afortunadamente ,aunque estuvo a punto de lograrlo- en la que se emite una parodia del ridículo y sanguinario dictador coreano.

¿Qué se puede hacer? Nadie lo sabe, porque el terrorismo es un arma letal tan cobarde como imprevisible y si está en manos de unos locos suicidas como los del 11-S, o los que se inmolaron en Leganés tras el 11-M de la capital española, pues todavía más difícil de parar. Pero la respuesta a esta locura de nuestro tiempo tiene que venir siempre bajo las banderas de la democracia y de la libertad, y por supuesto de la mano poderosa de los que están dejando pasar el tiempo ante el nacimiento del enloquecido califato al que nadie sabe cómo frenar.

Sí, hoy día todos somos Charlie y lo vamos a seguir siendo en este tiempo tan difícil para la libertad de expresión, con periodistas degollados a manos de esos islamistas feroces y enloquecidos que exhiben su violencia como si de un juego de videoconsola -donde hay demasiada violencia- se tratara, pensando estos enloquecidos que asesinando a personas acabarán también con la libertad, y eso es imposible y no lo van a lograr.