Aguirre le canta villancicos a Rajoy

Veo a Esperanza Aguirre en la noche fría de Nochebuena tocando la zambomba a las puertas del Palacio de la Moncloa y acompañada del Chino Glez., el de la coleta blanca, que aporrea con furia la pandereta. Ambos cantan: ‘De quién son estos palacios,/ con ventanas y balcones/ serán del señor Rajoy/ que tiene muchos millones./ ¡Haznos candidatos!, carita de rosa,/ que no tienes cara de ser tan roñoso./ La campana gorda de la catedral/ se te caiga encima si no nos lo das./ Ande, ande y ande, la marimorena,/ arre, arre, arre que ya es Nochebuena’.

Un cabo de la Benemérita que monta guardia bajo los luceros informa a la secretaría del Palacio de la presencia de esta rondalla para dos, y alguien le informa al Presidente del Gobierno que en ese momento está viendo un vídeo de la etapa reina del último Tour de Francia en su despacho. Y dice Rajoy: ‘que les den unos polvorones y una copa de vino dulce, y les digan que estoy en bata y no puedo salir, y que nos vemos a finales de enero en la Convención´.

La serenata de la extraña pareja se interrumpe, ambos dos se zampan los polvorones, se beben el vino del tirón y se alejan de Palacio canturreando: ‘hacia Belén va una burra/ ring, ring...’ Al llegar a la altura de la Ciudad Universitaria aparece una enorme pintada en la que se dice: ‘¡Sí se puede!’. Y Esperanza le dice al Chino: ‘el tío de la coleta nos va a vengar, acabará con Mariano, yo lo voy a votar, el de Pontevedra es peor que Franco’. El Chino asiente, ‘yo también’, y susurra compungido: ‘nos trata a patadas, hemos hecho el ridículo’.

Por enésima vez Aguirre recula. Tuvo a Mariano entre las cuerdas el día que se cayeron en el helicóptero pero no aprovechó la ocasión. Tampoco tras la derrota electoral de 2008, donde tenía preparado el golpe de mano, pero Javier Arenas, conspiró con los barones de provincias y lo desactivó.

Y ella, la condesa de Bombay y marquesa de mis entretelas, se achantó por enésima vez y no se atrevió a dar el salto de la tigresa sobre las espaldas de Rajoy. Años antes tuvo un desmayo y dimitió de la Comunidad y ahora que quiere volver para ocupar el sillón de Botella -a la que le hizo la vida más que imposible-, Rajoy se pone de mármol y de perfil a sabiendas que a la lideresa se le pasa el arroz -‘No es país para viejos’- entre tantos chavales que llegan a la política -los Rivera, Iglesias, Garzón, Sánchez, Tania, etc.- y, desesperada, acude al espejo mágico que le dice con desdén: ‘más mona es la Cifuentes’.

Señor ¡qué injusticia!, piensa la lideresa convencida que ella esa la única capaz de meter en cintura y llevar a juicio a Artur Mas, de enfrentarse a los de Podemos, de aprobar la Ley del Aborto, de bajar de verdad los impuestos, en suma de defender, como Dios manda, ‘¡los principios y los valores!’ de la derecha sin complejos y ultra liberal, del patriotismo constitucional, del Santiago y cierra España.

Ella, Esperanza Aguirre, se siente la heredera natural de José María Aznar, quien sigue dándose golpes en la espalda con el ‘gato de las siete colas’ en penitencia por haber elegido a Rajoy como su sucesor. Cuentan que la cena de Navidad en FAES fue una especie de aquelarre en el que solo faltó el ‘pequeño Nicolás’. Y en la que Aznar no habló porque de un tiempo a esta parte solo emite ruidos. Si alguien le dice ‘José María como ves lo de Artur Mas’, Aznar responde: ‘Burrr’. Y si le mencionan a Podemos, sube el tono y la intensidad de su desaprobación gutural: ‘burrúm, burrúm´. Ahora bien si alguien osa mencionar, en su presencia, el nombre de Rajoy, entonces el ronroneo del expresidente parece el motor de arranque de una Harley Davison.

Eso es, ‘los principios y los valores’ de Aguirre se los ha ventilado Rajoy en la Nochebuena con un puñado de polvorones y dos copas de Pedro Jiménez al anochecer. Mientras tanto, en la lontananza vemos meditando sobre el incierto futuro de España, y como si fuera ‘el pensador de Rodin’, a Gallardón. El exministro de Justicia, la penúltima víctima de Rajoy, que aún no ha dicho su última palabra aunque ahora tendrá que hilar muy fino.

Gallardón sonríe viendo las volteretas que Aguirre da a las puertas de la Moncloa y como la inmensa mayoría de los españoles no sabe lo que ocurrirá en el año 2015. Vio el discurso del rey Felipe VI y, como a muchos en un principio, nos pereció acertado. Pero luego algunos tuvimos otra sensación: el joven rey Felipe está asustado, se teme lo peor y por eso cuando describió el panorama nacional estuvo más cerca de Pablo Iglesias que de Mariano Rajoy. Solo le faltó al rey don Felipe despedirse con las palabras mágicas de: ‘¡Sí se puede!’. Las que vieron Aguirre y el Chino en la Ciudad Universitaria de Madrid cuando regresaban de su fallida serenata a Rajoy. ‘Menuda nochecita’, murmuró el Chino, y Esperanza le consoló: ‘no te quejes, Ignacio, y piensa en Paco Granados’, eso sí que es peor. Y los dos cantan: ‘yo me remendaba, yo remendé/, yo me hice un remiendo, yo me lo quité...´