Discurso del Rey Felipe VI

Menudo papelón tiene hoy el Rey de España don Felipe VI con su primer discurso de la Nochebuena. El pais, en crisis económica, social e institucional, el bipartidismo de capa caída, los republicanos de Podemos convertidos en la estrella de moda en la política nacional, el desafío secesionista catalán meditando las elecciones plebiscitarias de primeros de año, la corrupción inundando el debate nacional y su hermana, la infanta Cristina, camino del banquillo de los acusados de Palma de Mallorca donde se sentará en compañía de su esposo, el aún Duque de Palma, Iñaki Urdangarin, y de otros quince acusados más.

¿Qué dirá el Rey sobre todo esto? Pues para empezar el monarca debería anuncuar que les retira el ducado de Palma de Malloca a su hermana Cristina y a Urdangarín. Y para seguir el Rey debería explicar que le ha pedido a la infanta Cristina que renuncie a sus derechos dinásticos. Porque eso de decir que 'todos los españoles son iguales ante la ley', ya lo dijo su padre el Rey Juan Carlos en otra Navidad, y además la practica demuestra que no es así, empezando por la propia figura del monarca que es inviolable. Y siguiendo por el cúmulo de las presiones y obscenas maniobras ocurridas en la fase de instrucción del proceso de Nóos a manos de un fiscal y de un abogado del Estado que abandonaron la acusación para pasarse al bando de la defensa de la infanta. De manera que mucho cuidado con las frases redondas y bonitas que, a veces, las carga el diablo. Sobre todo porque en este año 2015, electoral y muy convulso, que se acerca, hay mucho en juego y la monarquía también.

Y no por culpa de unas presuntas hordas republicanas que están al acecho del Rey, lo que no es verdad, si no porque si la monarquía se acaba la culpa sólo será suya. Es decir, de los miembros de la familia real, de sus desafueros, bodorrios espantosos, abusos y disparates. Y en este caso de la Infanta Cristina que nos ocupa por sus delitos y el intento inútil -en el que todos han estado implicados- de burlar a la Justicia. Lo que todavía lo volverán a intentar al inicio del juicio oral, si para entonces el tribunal de la Audiencia de Palma que les toque a los Duques de Palma es de 'la cuerda' amiga del poder establecido y de pronto alguien se saca de la toga otra doctrina Botín, o la misma retocada para la ocasión y doña Cristina se fuga del banquillo, y en ese caso mientras miles de madrileños se arremolinan en la Puerta de Sol para declarar la III República y tomar el Palacio de Oriente por las bravas.

Cuidado, mucho cuidado con intentar burlar la sentencia del juez Castro que es impecable y ha sido respetada por todos los grandes juristas del país y aplaudida por la inmensa mayoría de los españoles. Y que, vistos los hechos probados -y los que subyacen en el sumario donde queda claro que se uso la marca Real, con el consentimiento y conocimiento de la infanta- para estafar dinero público- exigen justicia para quienes no sólo nunca debieron pasar la linea prohibida de la ley sino que ademas debían ser modelos de ejemplaridad.

Menudo personaje este Urdangarin, estafador y trincón a la sombra de la Corona, que tuvo la desvergüenza y desfachatez de acercarse a los periodistas del juzgado de Palma, en la que fue su primera declaración ante el juez, para decir engolado y campanudo: "Vengo a defender mi inocencia y mi honor". ¡Ahí queda eso! Y ni siquiera y ante el cúmulo de evidencias de delitos que lo llevarán a la cárcel, el señor Duque de Palma ni siquiera se ha dignado a confesar la autoría de ocurrido, aunque sólo fuera para proteger a su esposa, la infanta Cristina. Otra que se agarra a su condición de familia del Rey -sin renunciar a sus derechos dinásticos-, para gozar de la máxima protección posible, lo que a estas alturas parece improbable, pero no imposible.

Y cuidado con el Duque de Palma, no vaya a ser que durante el juicio, y de perdido al río, decida contar todas las ayudas directas e indirectas que recibió en sus negocios de la Casa Real y de sus primeros protagonistas, empezando por el Rey Juan Carlos y siguiendo por todos los demás. No vaya a ser que a alguien se le ocurra utilizar el peregrino argumento de que el paraguas de la inviolabilidad del Rey cubría a toda la familia si el monarca participaba de alguna manera en los hechos que se van a juzgar. Alguien, y no decimos quién, ha especulado con semejante trama y posibilidad, aunque convencido de que tan rocambolesca argucia no iba a prosperar.

Ahora bien, si el nombre del Rey Juan Carlos aparece mezclado en el proceso -¿quién llamaba a Rita, Camps, Matas, etc y a los grandes empresarios que contrataron a Nóos y que se han quitado de en medio a pesar de haber sido estafados?-, entonces la imagen y marca de la Corona se volverán a empañar a pesar de la reciente abdicación real. De manera que mucho cuidado con el juicio en ciernes porque el espectáculo no hizo nada más que comenzar.

Y hoy todos muy atentos ante el esperado discurso navideño y real. El que sin duda mañana al anochecer vamos a comentar.