Susana Díaz quiere dinamitar el PSOE

Confesamos humildemente que esta dicharachera Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía y gobernanta del PSOE por ciencia infusa, en un primer momento nos llamó la atención por su ímpetu patriótico y aparente desparpajo político. Pero, a medida que pasa el tiempo y que va enseñando sus cartas y sus ambiciones, la tal Susana viene a ser más de lo mismo, una funcionaria partitocrática que habla de España y del interés general y solo va a lo suyo.

Es decir: Susana Díaz quiere salir huyendo de Andalucía donde ha sido incapaz de mejorar la crisis del paro (la mayor de Europa) y la corrupción de los ERE de su partido y su Gobierno, sobre todo ahora que IU amenaza con pedir investigaciones y romper la coalición del Gobierno andaluz y que Podemos acaba de desembarcar con inusitada fuerza en el Sur.

Susana Díaz quiere salir huyendo de Sevilla para instalarse en Madrid al frente de la candidatura del PSOE a la presidencia del Gobierno de España, tras disputarle en junio las primarias a Pedro Sánchez al que quiere hundir para ponerse ella -montando una bicefalia en el PSOE, entre el secretario general y la candidata a la presidencia-, lo que significaría hundir al PSOE, porque no hay partido que aguante tres líderes distintos en solo un año.

Lo ha dicho Díaz bien claro en la Moncloa tras reunirse con Rajoy: que ella le da a Pedro Sánchez un plazo de seis meses para ver si sale bien parado en las elecciones municipales y autonómicas de la primavera. Y, claro, se entiende que si no sale bien parado ya verá entonces ella si en junio es la candidata a las primarias o a quien apoya.

Lo que sin lugar a dudas es una desautorización absoluta del secretario general del PSOE porque nada le costaba ahora a Susana Díaz darle pleno apoyo a Pedro Sánchez para las municipales y las generales y más adelante esperar a ver los acontecimientos. Pero ella ha querido marcar el territorio del PSOE, con el argumento y la suficiencia impostada de la importancia de la federación andaluza del partido que veremos en lo que queda cuando por allí aparezca Podemos, tal y como ya se lo teme la huidiza Susana.

Además casi todo lo que dice sobre la actualidad política no es verdad. Habla de Cataluña y oculta la contradicción de su partido al apoyar a un PSC que defiende la autodeterminación. Le preguntan sobre la noticia de que la Infanta Cristina se sentará en el banquillo, y sale con el latiguillo del respeto a los tribunales y, sin venir a cuento de nada la tal Susana Díaz se presentase como la más monárquica (sic) de España, elogiando la nueva transparencia de la Casa Real y diciendo que lo importante es no dañar la imagen de España. Y ¿eso qué quiere decir? Los que dañan la imagen de España son los miembros de la Familia Real -o del Rey padre o hijo- que han robado los fondos públicos de España, como en Andalucía otros han robado los fondos del paro. O ¿no es así?

Y de Podemos mejor que no hable porque se los puede encontrar un día de estos en la calle Sierpes de Sevilla o por toda Andalucía, porque el PSOE lleva casi 40 años gobernando en esa comunidad y la situación económica y social andaluza es lamentable y va de mal en peor. Y el clientelismo y el nepotismo y la televisión de chufla y pandera de Canal Sur se van a acabar. Como puede que pronto se acaben los cuentos chinos sobres sus mentores y en capilla del Tribunal Supremo, los Cháves y Griñán.

Es verdad que Pedro Sánchez ha cometido errores en su despegue, y se ha rodeado de un equipo un tanto ‘infantil’, pero apenas lleva cinco meses al frente del PSOE y además soportando la embestida nacional de Podemos y las traiciones internas de Susana, Chacón, Madina y alguno más que no lo dejan vivir y le obligan, una y otra vez, a dar explicaciones sobre lo que le pasa en el PSOE en vez de debatir sobre la vida nacional. Y no digamos lo que soporta Sánchez sobre los ERES de Andalucía que le impiden hacer un discurso coherente contra la corrupción.

Al final, si esto sigue así la base social del PSOE se la van a repartir entre Podemos y Ciudadanos, porque el partido socialista se puede desfondar. Máxime si desde su cuartel de invierno andaluz la ambiciosa Susana Díaz se dedica a dinamitar a su secretario general.