Pablo Iglesias triunfa en la ambigüedad

Al grito de ‘¡a por ellos, oeee!’ el Partido Popular dice que se ha puesto en marcha para recuperar a su electorado reforzando su estrategia y portavoces a ver su consiguen recuperar el 50 % de su electorado que los abandonó. Y que en su gran mayoría son próximos al centro político de este país, de ahí que sorprenda el nombramiento de Rafael Hernando como portavoz cuando este personaje se dedica a espantar a los votantes moderados. En relación al coche empotrado en la sede del PP de Génova 13 se atrevió a decir que era culpa de los periodistas que critican a su partido, y ayer desde el profundo pozo de la corrupción donde habita el PP, Hernando habló de ‘la suciedad y la caca’ de Podemos.

Es decir, Mariano Rajoy espera recuperar el electorado con agresividad y, de paso, apagando la luz en los juzgados y la fiscalía para que los casos de la corrupción de su partido queden aplazados hasta que termine este año electoral de 2015. Pero con Podemos se equivocan porque la agresividad del PP se convertirá en el mejor trampolín para Pablo Iglesias, quien se ha colocado por encima de la melé cabalgando el tropel de la indignación, y al margen de la confusión o la ambigüedad en las que nadan sus discursos y sus programas, todos ellos en permanente revisión y rectificación política e ideológica.

El domingo Pablo Iglesias triunfó en Cataluña y transmitió el mensaje de la ‘unidad de España’ diciendo que quiere que Cataluña no se vaya. Pero a la vez declaró su apoyo al derecho de la autodeterminación, pero sin explicar si está de acuerdo con la Consulta del 9N de Artur Mas, al que dice que él nunca ‘abrazará’ (ni a Rajoy), para distanciarse de la CUP. Luego Iglesias habla de un misterioso periodo constituyente para reformar la Carta Magna de 1978 y de un confuso modelo territorial, y menciona la soberanía, pero no explica si es patrimonio de todos los españoles, o si se la puede trocear.

En suma, Pablo Iglesias no explica su posición entre otras cosas porque no la tiene. Y se dedica a despistar al personal con medias tintas y metiendo en todos los debates de fondo, para despistar y no tener que mojarse, toda clase de ‘morcillas’ o comentarios sobre la desigualdad, los desahucios, las preferentes, las tarjetas negras, las corrupción, la casta, la ley de seguridad ciudadana, los ajustes de la crisis, ayudas a los discapacitados, las familias sin calefacción, los niños sin comedores, las cajas de ahorro arruinadas, los ajustes en la Sanidad y la Educación, etcétera.
Y todo lo que dice con sus denuncias es verdad y les deja en evidencia al PSOE y al PP. Y ahora, como Felipe González en 1982, se quiere apropiar del lema del ‘Cambio’, tilda de odiosos a sus adversarios y asegura que su respuesta es la sonrisa o la alegría, como las que piensan exhibir en Madrid en su gran manifestación anunciada para finales de enero.

Pero, eso sí, su programa económico está en permanente transformación y el político e institucional aún por poner en un borrador. ¿Qué hacer con las autonomías?, se le puede preguntar a Pablo Iglesias y él responderá algo así: ‘lo que hay que hacer es impedir que sus gobernantes se corrompan como ha ocurrido en Cataluña, Madrid, Valencia, Galicia y Andalucía, y que los ladrones de bancos no se sienten en los Consejos de las Cajas de Ahorro, como ha ocurrido con estafa a los ahorradores o quitando sus casas a quienes no puede pagar sus hipotecas porque perdieron el trabajo por la crisis que inventó la derecha’. Más o menos así, suelen ser sus respuestas a cualquier cuestión.

Y digan lo que digan, o hagan lo que hagan (lo de Errejón, por pequeño que sea su caso no está bien y aún es peor cuando lo intenta justificar) a su gente y seguidores les da igual por varias razones: primero, porque llevan años a la espera de un ‘caballero blanco’ que los saque de la desesperación; y, después, porque miran al PSOE y al PP y no necesitan más explicación. Y para colmo la renovación de IU, que siguen anclados en el PCE, llega tarde y pillada en pactos con el PSOE y PP en Andalucía y Extremadura y a remolque de Podemos. Y Rosa Díez está dinamitando UPyD con su mal genio y malos modales para con todos y en su organización.

Es Albert Rivera quien tiene razón cuando declara que Podemos quiere la ‘venganza’, o la revancha, y que Ciudadanos quiere ‘Justicia’. De hecho el propio Pablo Iglesias ya declaró una vez que Rivera es el único político al que respeta y con el que, en un debate, no pudo con él. Pero Rivera acaba de llegar a la política nacional -en los comicios europeos logró un par de eurodiputados- y tiene pocos medios y mucho terreno donde avanzar. Pero si el PSOE entra en caída libre entonces Ciudadanos sí que podría ocupar el centro político y social. Ese lugar decisivo en todas las elecciones al que Podemos tampoco quiere renunciar.