Campanas de Navidad suenan en la Moncloa

Se va acabando el año aciago de 2014, entre las burbujas de la corrupción del PP que no cesa y que Cospedal desea repartir entre todos los españoles como si fuera un macabro Papá Noel. Y en el palacio de la Moncloa, donde Soraya -recién llegada de la guerra de Afganistán- es la reina del mambo, suenan las campanas de Navidad. Pero no está claro si repican de alegría o doblan de tristeza, porque los inquilinos del Palacio no saben si esta será su última Navidad en el machito del poder dado que 2015, ‘el año bonito’, es electoral y nadie conoce lo que les depara el nuevo curso a punto de llegar.

Siempre lo hemos dicho, Rajoy gana mucho en las distancias cortas y ayer, en la recepción de Navidad a la prensa en la Moncloa, estuvo encantador. Pero ya sabemos que el Presidente, por encantamiento o por timidez, no le gusta dejarse ver ni salir de Palacio como si fuera la víctima de un extraño velo protector como el ‘Ángel Exterminador’ de Luis Buñuel. Y si una vez, armado de valor, se acerca al umbral de Moncloa para salir a pasear por Madrid, Mariano mira al cielo y musita ‘van a caer chuzos de punta’, y el Presidente recula y se vuelve a meter en la guarida del poder.

Nosotros le decimos: ¡sal Mariano, que no llueve! Pero es inútil, Rajoy es como es, y solo sale rodeado de los suyos y a veces desconfiado y con la mirada puesta en el infinito para que nadie le pida nada. Así ocurrió el lunes en la cena de Navidad del PP de Madrid a donde Rajoy acudió a su pesar para compartir mantel con los ansiosos y traidores pre candidatos del PP al Ayuntamiento y la Comunidad, y a sabiendas que en tan absurda situación se reeditó la deliciosa comedia de ‘La cena de los idiotas’, en la que el rol de los idiotas -de la política- correspondió a los anfitriones, la condesa de Bombay Esperanza Aguirre, y el chino de la coleta blanca, I. González.

Hay preguntas en Moncloa al Presidente sobre los candidatos de Madrid pero Rajoy no suelta prenda ni confirma que se están haciendo encuestas para tomar una decisión ‘Yo solo confío en mi olfato’, dice el Presidente con razón, porque algo huele a podrido en la presidencia de la Puerta del Sol. De manera que perded toda ‘esperanza chinesca’ porque si de olores y buen olfato se trata ya sabemos quienes van a perder.

 

En la Moncloa todo son sonrisas. Montoro hace un corro para explicar que la deuda de España está bajo control. Morenés monta guardia, Pastor de los nervios con la no salida a Bolsa de Aena -ahora en coplas de Gürtel-, salta la liebre del nombramiento de Antonio Hernando, un halcón, para el cargo de portavoz del PP en el Congreso y ni una palabra sobre el cúmulo de las imputaciones del PP valenciano que se suman al inmenso zurrón podrido de Cospedal.

El Presidente sonríe, saluda, está encantado con la Navidad. Y a Soraya le ha causado muy buena impresión la logística que despliega el Ejército de España en Afganistán, y da la impresión que cree que al pequeño Nicolás le falta un tornillo de la cabeza y que no hay nada más. Pero el rumor es otro que apunta a estafas y suplantaciones, pero también a sexo y cintas de vídeo, como pronto se sabrá y donde figuran nombres de cierta notoriedad.

Podemos, cómo no, también está en las charlas monclovitas, a donde llega el descaro del presidente de TVE José Antonio Sánchez quien dijo en el Congreso de los Diputados que la indecente entrevista de Sergio Martín a Pablo Iglesias en ’24 Horas’ de TVE 1 fue ‘impecable’. Naturalmente, el tal Sánchez -que primero negó haber visto la entrevista y luego dijo que sí- el que se le diera la enhorabuena a Pablo Iglesias por la salida de presos de ETA de la cárcel, es algo que le ha gustado mucho a él. Máxime cuando es conocida su amistad, con el terrorista del GAL, torturador y condenado por asesinatos, el infame ex general Galindo de la Guardia Civil.

La recepción se alarga en medio de un sin fin de trajes oscuros, como de luto, de los representantes de los medios de comunicación que desconocen lo elemental del protocolo oficial: por la mañana de gris y por la noche de negro, o azul marino, salvo las damas que pueden escoger color. Eso ocurre hasta en las bodas reales, por ejemplo en la de la Infanta doña Elena solo el príncipe Carlos de Gales y Camilo José Cela fueron con el chaqué de color gris, porque el enlace ocurrió por la mañana. Los demás se vistieron de negro pingüino, como en la recepción de ayer donde se habló y mucho de la imputación de Jordi Pujol y su familia y, como tales, llamados pronto a declarar. Eso sí, no estuvo Pedro Arriola quien nos podía haber ilustrado y mucho sobre el enredo, perdón ‘la algarabía’ del tinglado catalán. Otra vez será.

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