Veracruz

Así se llamaba la película que le abrió a Sara Montiel, presentada como Sarita Montiel, las puertas de Hollywood en una cinta del clásico Oeste americano y con la excelsa actuación de Gary Cooper y Burt Lancaster, los encargados de controlar el envío de un cargamento de oro para el emperador Maximiliano I, que le disputaban los revolucionarios de Zapata y Villa.

Y sí, Veracruz, el puerto mejicano donde desembarcaron por segunda vez los conquistadores españoles de México bajo el mando de Cortés, vuelve a la actualidad de la mano de la última Cumbre Iberoamericana, amparada por México y donde se acaba de estrenar el Rey Felipe VI con una buena acogida. Aunque escasa por la ausencia de grandes países como Argentina, Brasil, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba, y a pesar de los esfuerzos de la diplomacia española que hasta La Habana viajó para intentar sin éxito que Raúl Castro anunciara su presencia y levantara el veto de las naciones más radicales de la izquierda americana. Pero no fue posible, por más que Uruguay y Chile, con gobiernos socialistas, sí que participaron en la cita.

Las Cumbres Iberoamericanas, a partir de ahora bianuales, deben buscar y encontrar nuevos puntos de apoyo y alejarse de los debates ideológicos de buenos y malos. Sobre todo porque España ha de jugar ahí un papel de nación hermana y de amiga eficaz entre las dos orillas del Atlántico. Y si no está nada mal que la cumbre se vuelque en las políticas de Educación, tan necesarias en el continente americano, todo apunta a que ello no será suficiente para relanzar estas Cumbres, que corren el riesgo de desaparecer si el enfrentamiento ideológico y político se impone sobre todo lo demás.

La solución para una nueva etapa de las Cumbres Iberoamericanas debe pasar por la dimensión europea de España y Portugal, que no ha sido bien explorada y que es el territorio político donde los gobiernos de Lisboa y Madrid deben profundizar. ¿Cómo? Incorporando la UE a una parte o debate de las Cumbres, o llevando de su mano a los grandes de la Unión Europea: Francia, Italia, Alemania y Gran Bretaña, para buscar campos nuevos de encuentro.

Terrenos donde los que los europeos y americanos encuentren nuevas alternativas a los modelos de producción y los mercados orientales de China e India, lo que daría un impulso muy importante al conjunto de los países americanos, creando empleo y desarrollando una economía más moderna y expansiva.

Por ahí deben ir las cosas y las reflexiones. Sin olvidar, por otra parte, que los Estados Unidos, con cerca de 60 millones de hispanoparlantes y con una Historia donde la aportación española a su nacimiento e independencia es incontestable, también podrían estar en las Cumbres Iberoamericana, lo que debe conseguirse en un tiempo no lejano y con un renovado impulso político y diplomático que ha de liderar con firmeza la Secretaria General Iberoamericana, Rebeca Grynspan, que reúne las condiciones necesarias para culminar el ingente trabajo que le espera en los años venideros.

Veracruz ha sido un lugar de encuentro y de partida. Una encrucijada entre dos caminos donde hay que optar entre: la ruptura político-ideológica; o la innovación y la plena cohesión americana, con USA incluida, y con España y Portugal como miembros de esta Comunidad y adelantados embajadores de una Europa que, por su Historia y su Cultura, debería de encontrar en el continente americano una poderosa alternativa al nuevo poderío comercial de los gigantes asiáticos, en beneficio de los ciudadanos americanos y del comercio y relaciones empresariales trasatlánticas. Máxime, ahora que los EE.UU. y la UE están negociando una privilegiada zona de libre cambio comercial.

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