El imperio (El Régimen) contraataca

Parodiando a la saga cinematográfica de la Guerra de las Galaxias, que ahora prepara su próximo y nuevo episodio, ‘La Fuerza se despierta’, podemos decir que el Régimen imperante en España, un conglomerado de poderosos señores y señoras que ocupan altas responsabilidades en las distintas instancias del poder español, se ha colocado en formación de combate y actúa de manera coordinada e implacable contra todo aquel, o aquellos, que amenacen su existencia. La que hoy está muy deteriorada por la crisis económica, el paro, la corrupción y el desgaste de los metales sobre los que se levantó el edificio de la Transición del que salió, como llegado del cielo, este Régimen español, hoy en entredicho y en peligro de extinción sobre todo por causa de su propia soberbia -se creyeron invulnerables- y de sus propios errores.

El Régimen, o El Imperio, contraataca y pretende reconducir su difícil situación y para ello no se ha de parar en barras ni en obstáculos por altos que eran y relucían. Si había que sacrificar al Rey Juan Carlos I, víctima de sus abusos, amores tardíos y posibles responsabilidades -por más que fueran ‘inviolables’ ante la ley- El Régimen o, dicho de otra manera, la misteriosa cúpula del poder, forzaba con guante de seda la abdicación del monarca en favor de su hijo el Rey Felipe VI.

Y si había que decapitar a Pedro J. por lanzar ‘fuego amigo’ desde el interior de la fortaleza del Régimen contra los pilares fundamentales del ‘establishment’, en el momento procesal previo a la abdicación del Rey y en plena crisis de los SMS del presidente del Gobierno Mariano Rajoy, el hacha del verdugo caía implacable sobre el cogote del informador. Más aún, si se consideraba necesario refundar el PSOE para intentar salvar la nave de la doble quilla del viejo bipartidismo español, se le pedía al bueno de Rubalcaba que diera un paso atrás y regresara a la Universidad tras dejarlo, previamente, en la mayor soledad como ha reconocido ya ex líder del PSOE.

El viejo lema de las casas cuartel de la Guardia Civil, ‘Todo por la Patria’ se grabó a sangre y fuego en el morro de la nave capitana del Imperio, en cuyo puente de mando aún se escucha la entrecortada respiración del comandante adjunto Darth Vader, que dirige la caza de los Jedais de La Fuerza que intentan sobrevivir. Ayer, se dictó sentencia contra el juez Ruz, que investiga los casos más notorios de la corrupción del PP, los de Gurtel y Luis Bárcenas (a quien los amos del Imperio metieron en una mazmorra hace ya dos años) y el joven magistrado deberá comenzar a hacer sus maletas y abandonar la Audiencia Nacional camino de su destierro en Móstoles.

Nadie está a salvo. A los Pujol, promotores de los planes de secesión que capitanea Artur Más en Cataluña, los pillaron con las manos en la masa del dinero y el llamado honorable fue obligado a confesar. Y a la espera estamos de la pronta caída de Mas quien, de momento, sufre un ataque de locura y ansiedad y a punto está de ser ‘estrangulado’ por ese androide con mal de ojo que se llama Oriol Junqueras, y que sólo es un instrumento al servicio del máximo poder como pronto se sabrá.

‘Uno nunca sabe para quien trabaja’, reza el dicho popular que con tanta habilidad aprovechan los dueños del ‘lado oscuro’ de la galaxia. Y si no que se lo pregunten a ese muñeco al que llaman el Pequeño Nicolás, que el día menos pensado puede acabar mal y donde menos se lo espera por jugar con el fuego sagrado del Imperio.

¿Y los de Podemos, cómo los han dejado llegar tan lejos? He aquí un problema nuevo al que se enfrenta el Imperio por un error de cálculo. A estos chicos de la coleta, ‘merodeadores del desierto de la Universidad’, se les dejó crecer y jugar para, en un momento dado, desestabilizar al PSOE, IU y a UPyD, en defensa del partido conservador, el PP. El pilar fundamental de las esencias del Régimen, sus principios, pompas y valores liberales, cristianos y tradicionales, todo eso que José María Aznar guarda en la caja de Pandora que tiene oculta en la sede central de FAES.

Pero hete aquí que estos merodeadores de Podemos, han recibido cursos de formación y de artes marciales del pequeño Yoda, y en un santiamén se han colocado al frente de las encuestas de la intención de voto nacional ante el asombro de propios y extraños, que no entienden lo que ocurre y se temen lo peor en este año electoral de 2015 y del Señor de las Galaxias, donde todo puede pasar.

¿A quién se le escapó Podemos? Mientras se busca al culpable, a quien la mano dura y asfixiante de Darth Vader liquidará, el Imperio ya ha puesto en marcha la caza de la orquesta Podemos de Pablo Iglesias, a quien pretenden cortar la coleta. En ello ya están los servicios de inteligencia de Map, la más pequeña y ahora la más malvada de las hadas, que se disfraza de Soraya, con sus guantes de cabritilla y su echarpe azul de visón rasé, y a la que tiene de los nervios el Pequeño Nicolás con sus idas y venidas por el campo mediático nacional.

Podemos, a los que los poderosos dieron alas de cera convencidos de que se fundirían a medida que se acercaran al astro rey, se les han escapado de momento de sus garras y veremos cómo y cuándo los van a parar, y si no es demasiado tarde vista la proximidad del calendario electoral.

Es cierto que el poder del Imperio, o del ‘Régimen’ sigue siendo muy grande pero no tanto como en los años pasados cuando en Roma reinaba un Papa integrista y conservador, y en la Casa Blanca habitaba un Bush, o cuando los grandes medios de comunicación -hoy en quiebra- tenían en sus manos el control de la información que hoy se escapa por Internet. Eran los días dorados de González y Aznar, en el PSOE y en el PP, y de los grandes pelotazos del IBEX. Era tiempo del más alto brillo de la Corona que coronaba el manto de armiño del desaparecido Rey Juan Carlos.

Un tiempo pasado que nunca volverá, aunque los restos de su naufragio se quieren refundar y en ello está el Imperio con su contraataque infernal, por tierra, mar y aire. Convencidos que volverán a triunfar y a controlar por donde solían. ¿Lo lograrán? Son muy poderosos y desde luego no van a parar.

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