Alfonso Alonso, un político en el Gobierno

Es de lo mejor que hay en el PP y tanto Rajoy como Soraya lo tienen en alta estima, como parlamentario y buen orador y por su labor al frente del Grupo Parlamentario Popular del Congreso, desde donde le ha sacado no pocas castañas del fuego al Gobierno. Y de manera muy especial al propio Rajoy, y en los debates más espinosos como los de la corrupción. Así se vio en los pasados días cuando Rajoy intentaba un pacto con la oposición -que no logró- para aprobar una serie de reformas legislativas con las que combatir esta lacra de la corrupción.

En esa ocasión Rajoy se esforzaba en ofrecer un discurso conciliador pero, tras las agrias y agresivas respuestas de los distintos jefes de la oposición (Sánchez, Lara y Díez) llegó el turno de Alonso, quien sí entró en el cuerpo a cuerpo, y repartió con precisión estopa a cada uno de sus adversarios, lo que le valió un encendido aplauso de la bancada del PP y un abrazo de Rajoy.

Un abrazo premonitorio el de Rajoy a Alonso el mismo día en el que Ana Mato acababa de dimitir en el Ministerio de Sanidad, tras ser aludida por el juez Ruz en el auto del caso Gürtel, donde se señalaba a la exministra como beneficiaria de parte del dinero de las comisiones ilegales logradas por su exmarido Jesús Sepúlveda, el que fuera alcalde de Pozuelo, y amigo y cómplice de Francisco Correa en la citada trama Gürtel.

Alfonso Alonso tiene tras de sí una larga trayectoria política en la que se incluyen ochos años al frente del Ayuntamiento de Vitoria, y tres como jefe del Grupo Parlamentario del PP en el Congreso de los Diputados. Lo que ha facilitado un conocimiento global de la política del Gobierno y dotado de una larga experiencia de gestión y capacidad negociadora con el resto de Grupos de la Cámara, por más que los acuerdos hayan sido escasos en lo que va de la legislatura.

Por todo ello se puede decir que Alonso es una de las personas con más experiencia política del Gobierno, y con facilidad de palabra y diálogo con los medios de comunicación, con los que tiene muy buenas relaciones. De ahí que, más que un ministro de Sanidad, sector que no conoce ni por su profesión -abogado y filólogo- ni por trayectoria política, Alonso hubiera sido un excelente ministro de la Presidencia y Portavoz del Gobierno si el presidente Rajoy decidiera poner en marcha una nueva y eficaz política de comunicación, que buena falta le hace.

Pero ahora, y tras la reciente crisis del ébola, que parece acaba en España, Alonso se ha de enfrentar a un Ministerio con serios problemas en Sanidad, lucha contra la violencia de género y también contra la pobreza y los casos más lacerantes de marginación social, lo que debería ser la prioridad de sus iniciativas de aquí al final de la legislatura.

No en vano estas cuestiones que afectan a varios millones de familias de toda España, con mayor o menor intensidad, están hoy en el centro del debate de los partidos de la izquierda, especialmente en Podemos, y puede haber sido una de las carencias más notorias del Ejecutivo de Rajoy.

De un Gabinete que ya ha sufrido tres relevos -Cañete, Gallardón y Mato- y que está necesitado de alta política en este tiempo pre electoral. Y en eso de la política Alfonso Alonso constituye una notoria aportación que habrá que seguir con especial interés, porque a buen seguro que tendrá un futuro notable y ascendente tanto en el Gobierno como en el PP. Sin descartar ni un solo escalón del escalafón de los populares y ahí incluido el más alto, si es que algún día llega en ese partido la esperada renovación.

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