Halloween en Madrid

No se entiende el empeño de Esperanza Aguirre de continuar al frente del PP de Madrid y de ser candidata a la alcaldía de la capital española, después de todo lo ocurrido en la Comunidad madrileña (Gürtel, Púnica y Caja Madrid) bajo su plena responsabilidad política, y de lo que aún está por salir que es más de lo que ella se espera.

Aguirre, en plena excitación política, mediática y judicial (aún está pendiente de su posible juicio por pretendida desobediencia a los agentes de movilidad de Madrid) y a la que Rajoy le ha mandado su apoyo envenenado para que resista y se estrelle, no es capaz de ver lo que ocurre a su alrededor. Y por ello, y en vez de dimitir en el PP de Madrid y de dar un paso atrás, se empeña en avanzar sin entender dos cosas que a la vista están: que el PP perderá en los comicios de la próxima primavera en el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad, aunque ella y su compinche González sean los candidatos; y que nadie de UPyD, Ciudadanos o el PSOE querrá pactar con Aguirre y González si ninguno logra la mayoría absoluta, lo que es impensable.

Entonces ¿por qué Aguirre y su chino González no dan un paso atrás y se van ahora y cuando antes de la primera línea de la política, antes de que caiga sobre ellos, que van por Madrid como zombis de Halloween, la pérfida maldición de Rajoy que ya le ha costado tan cara a otros como a Rato y Gallardón?

Pues porque Aguirre, que dice que ni ella y su familia (¿se refiere a su prima Gil de Biedma?) se han enriquecido en la Comunidad de Madrid está ciega de ambición y de poder y no solo piensa que este es su momento para alcanzar la candidatura a la alcaldía sino que no descarta ser la sustituta de Rajoy en la presidencia del PP.

En realidad, la más astuta de las madrileñas del PP ha resultado ser Ana Botellla que decidió a tiempo no presentarse y que deja las cuentas de Madrid saneadas y con bajada de impuestos a los madrileños, a pesar de la tremenda deuda y herencia recibida del despilfarrador Gallardón.  Otro listo que se ha lucido en el Gobierno de Rajoy y que ha dilapidado su historial político de mala manera y en tiempo récord tras apurar el cáliz envenenado que le sirvió Rajoy, que en esta fiesta de Halloween bien podría disfrazarse de Jack el Destripador.

En cuanto al chino González de la coleta blanca poco mas tenemos que decir salvo que ha empezado la cuenta atrás de sus desvelos mientras dice que él no quiere ser la ‘cabeza de turco’ de los escándalos de su compadre Granados. Lo que no deja de sorprender porque en su famoso ático marbellí tiene un baño turco, algo extraño   para quien desde el entorno más íntimo de Cristina Cifuentes le llamaban el ‘chino mandarín’. De ahí la pasión chinesca de la delegada del Gobierno en Madrid -otra que le encanta disfrazarse- por los kimonos y ropa china, que no sabemos bien si la compraba en las tiendas de Gao Ping, o si se las ha traído Rajoy de su reciente viaje a Pekín.

Desde luego si alguien pregunta en la Moncloa o en el Consejo de Ministros lo de: ¿quién quiere ser candidato a la Alcaldía y al Comunidad de Madrid? el silencio se convierte atronador, mientras todos tiemblan solo de pesar que sobre su cabeza acabará señalando el ‘dedo mágico’ de Rajoy. Ni Soraya, ni Margallo, ni Pastor, y ni siquiera Pío García Escudero, presidente del Senado, están por la labor que todavía se disputan con fiereza inusitada Aguirre y Cifuentes, ciegas de fama y ambición.

Pero no se inquieten porque de aquí a las elecciones de la primavera todavía van a pasar muchas cosas en el campo de la política madrileña y en el particular pantano de corrupción. Y no digamos en los tribunales o las cárceles próximas a la capital porque si el tal Granados, al que Aguirre ha llamado ‘golfo’, se va de la lengua y tira de la manta a la condesa de Bombay y al chino de la coleta blanca el tal Granados o ‘Granizados’ los puede destrozar e incluso se los puede llevar a su infierno, en esta extraña noche de ‘los muertos vivientes’ de la política que acaba de comenzar.