Pedro J. también a palos con Aznar

Existía, en medios periodísticos, cierta curiosidad por ver si este domingo Pedro J. Ramírez, el arponero solitario, se atrevería a disparar algunas de sus lanzas contra los armadores, o los propietarios, del diario El Mundo, los italianos de RCS Media Group, e incluso en contra de su actual director Casimiro (‘pero no te veo’) García Abadillo y el presidente de Unedisa, Antonio Fernández Galiano. Y todo ello porque su persona y su esposa Agatha habían sido postergados en la celebración del 25 cumpleaños del periódico que Pedro J. fundó, para que ni los Reyes, ni la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, ni los jefes del Ibex, todos esos a los que Pedro J. culpó de su cese sin citar a los italianos que fueron los que de verdad le ‘mataron’, se vieran inmersos en medio de un incidente en semejante efemérides si Pedro J. hubiera repetido ante todos ellos su discurso de despedida de la redacción.

Su marginación en la fiesta de las ‘bodas de plata’ la había denunciado en Twitter el ex director de El Mundo proclamando su furia y malestar por lo que él consideraba, además, la ruptura por parte de Unedisa de los pactos de mutua lealtad que ambos firmaron para el cese de Pedro J. y que incluyen una importante indemnización económica, muy superior a la que le corresponde por la vía laboral. Una tentación ésta en la que cayó Pedro J., vendiendo su alma de periodista, y que lo tiene preso hasta 2016 -hasta después de las elecciones generales- sumido en la desesperación. Porque Pedro J. no puede y no sabe vivir sin tener en su mano la dirección de un diario y hacer él la portada aguerrida de cada día. Lo de tertuliano y columnista no le va. El quiere mandar, intrigar y estar muy presente en el debate nacional, máxime en los tiempos convulsos y cambiantes que vivimos y que se está perdiendo.

Pero hete aquí que Pedro J. no se atrevió a denunciar en su artículo dominical de El Mundo su marginación en el 25 aniversario, pero a cambio se lió a palos contra todo el PP incluyendo a su ex amigo íntimo José María Aznar, a quien le pide responsabilidades políticas y la dimisión de su presidencia honorífica del PP ante el espectáculo de la cadena inagotable de imputados y de los datos -doble contabilidad de Bárcenas incluida- de la oscura financiación del PP. Palos a Aznar, palos a Rato, a Cospedal, palos a Acebes, palos a Rajoy, palos a los grandes del IBEX, como el Santander, Telefónica, etc, en suma palos y más palos por doquier para alejarse él del pantano de la corrupción del PP.

Y especialmente del Estado Mayor del Partido Popular en el que Pedro J. siempre ha figurado durante los ocho años de Gobierno de Aznar, presumiendo de haber sido él, y nadie más, el autor de la derrota de Felipe González en 1996. Una posición la suya que le hacía cómplice de todos ellos y le permitía conocer los abusos y andanzas de más de uno, como las de sus íntimos, Matas (hoy preso) y el escurridizo Zaplana (tocado por el yerno), sin que él moviera un dedo como nunca le tocó un pelo a su amigo y delincuente Mario Conde, que tanto le ayudó.

Y está bien que Pedro J., tarde y mal, se salga del activismo político para entrar en el periodismo de verdad, sin pedir el voto para nadie o querer imponer su criterio a los gobernantes y dirigentes, pero él es corresponsable del aznarismo -hasta imponer la censura en El Mundo contra quien osara criticar a Aznar-, y odia a Rajoy porque no se dejó influenciar por él, como odia a Alierta porque no le ‘regaló’, desde el entonces multimedia de Telefónica, Onda Cero Radio como él pretendió. Mismo motivo por el que arrasó a Juan Villalonga, con quien compartía su avión privado en la boda de la infanta Cristina (y que le hizo millonario a Pedro J. con una operación triangular de Pearson, Unedisa y Recoletos), y una vez que Aznar levantó la veda contra su amigo de pupitre. Tal y como ahora la levanta contra Blesa y Rato, pero temeroso Aznar de que uno de los dos cante contra el presidente de honor del PP y lo arrastre por el fango. Por eso Pedro J. reniega ahora de Aznar.

De quien no habla Pedro J. es de los italianos dueños de Unedisa que fueron los que le echaron del diario y los que le arrinconaron en la fiesta del 25 aniversario, porque, dicho está, ha vendido su alma de periodista por una buena indemnización que él creía que incluía primera línea de la foto de la fiesta del diario -a la que nunca debió asistir-, y en la que no figuró. Y está muy bien que ahora Pedro J. rompa con Aznar y con Rato, pero ya es demasiado tarde para saltar por la barandilla del balcón del molino que Rato tenía en Carabaña, donde Pedro J. Aznar y Rato posaron juntos exhibiendo su poder un mes después de la victoria de Aznar en las elecciones de 1996 que el trío del balcón estaba festejando en plena Semana Santa y de pasión. Pero Pedro J. también tiene que asumir su responsabilidad política y de periodista como corresponsable de ese clan y miembro destacado del trío que él formaba con Rato y con Aznar. Lo que le llevó, dicho sea de paso, al disparate de la conspiración del 11-M, otro baldón en su última etapa en la dirección de El Mundo, desde donde ahora dispara contra todos los jefes del PP como si fueran unos extraños para él, mientras calla sobre sus amos italianos y mantiene en secreto la verdad sobre su cese que el diario El Mundo no se atreve a publicar.